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José Toro Hardy: “No tengáis miedo”

 

El 1 de septiembre fuimos testigos de una marcha apoteósica, no solo por su concurrencia -1.100.000 personas según la MUD- sino por su significado. Su característica principal es que fue una manifestación pacífica lo cual le dio la mayor contundencia.

Cuando los ciudadanos se enfrentan con violencia a las dictaduras llevan las de perder, porque los Estados Policiales no dudan en hacer uso de la fuerza. Pero aun los más atroces y sanguinarios regímenes no pueden enfrentar a los pueblos que luchan por vías pacíficas. Eso lo enseñó Ghandi.

El “Otoño de las Naciones” de 1989
Fue una ola de revoluciones que recorrió a Europa Oriental y Central provocando el derrocamiento en pocos meses de todos los gobiernos comunistas de la Órbita Soviética. Se trataba de feroces dictaduras que habían sido instauradas por Stalin desde la II Guerra Mundial.

Lo característico de estas revoluciones es que fueron desencadenadas por grandes manifestaciones pacíficas -cargadas de autoridad moral- donde centenares de miles de ciudadanos reclamaban libertad y protestaban por la escasez.

Esos regímenes comunistas, pertenecientes al Pacto de Varsovia, acudieron a la URSS a pedir el mismo auxilio que en el pasado habían recibido de Stalin, Krushev y Brezhnev. Pero Mijaíl Gorbachov se los negó. Y es que la propia URSS -profundamente dependiente del petróleo- había caído desde 1984 en una severa crisis a raíz del desmoronamiento de los precios petroleros.

Incapaces de apartarse de la ortodoxia comunista, los gobernantes de Polonia, Alemania Oriental, Hungría, Checoslovaquia y Bulgaria se aferraron sin embargo a sus estados policiales creyendo que por la vía de la represión iban a contener la situación.

Pero aquellos regímenes bárbaros lucían inermes frente a las inmensas manifestaciones de ciudadanos que reclamaban pacíficamente. Recurrieron a la estrategia de enviar a prisión a muchos líderes opositores como ocurrió con Lech Walesa en Polonia, con Havel Václav en Checoslovaquia y muchos otros líderes opuestos al comunismo. Pero lo único que lograron fue aumentar su popularidad al victimizarlos. A la vez los mandos de aquellos ejércitos sabían que no podían ordenar a sus hombres que dispararan contra ciudadanos que marchaban en paz pues corrían el riesgo de que se insubordinaran.

El Muro de Berlín
En pocos meses todos estos gobiernos comunistas se derrumbaron. Ese fue el caso del gobierno de Erich Hoenecker en Alemania del Este. En noviembre de 1989, sin un tiro, cae el siniestro Muro de Berlín -símbolo de la brutalidad comunista- erigido por órdenes de Krushev para impedir que los alemanes orientales se fugasen hacia Occidente. Las dos Alemanias se volvieron a unir y hoy en día conforman la más importante potencia de Europa.

Solidaridad
En Polonia fenomenales manifestaciones pacíficas de ciudadanos marcharon en respaldo a los obreros del Sindicato Solidaridad de los Astilleros Gdansk dando al traste con el gobierno comunista del General Jaruzelski. Su líder, Lech Walesa, se hizo acreedor al Premio Nobel de la Paz y fue electo presidente de Polonia.

La Revolución de Terciopelo
Fue un asombroso movimiento pacífico por el cual el Partido Comunista de Checoslovaquia, impotente, perdió el monopolio del poder político en 1989. Se instaló entonces un gobierno parlamentario en el contexto de un Estado de derecho y un sistema económico favorable al capitalismo. Havel Václav fue electo presidente.

Hungría
Aupado por enormes marchas pacíficas, en octubre de 1989 el Parlamento eliminó el nombre de “República Popular de Hungría” y adoptó el de “República de Hungría”, acogiéndose a la democracia, garantizando DDHH y civiles y dejando en el pasado al régimen comunista que en 1956 había arremetido a sangre y fuego contra la disidencia húngara con el apoyo de los tanques del ejército rojo de la URSS enviados por Nikita Krushev.

El fin de la URSS
En 1991 le tocó el turno a la propia URSS. El ejército ruso, radicalmente comunista, se opone al Glassnot y la Perestroika de Gorbachov, le dan un golpe de estado y lo apresan junto con su esposa Raisa. Estalla entonces una enorme manifestación pacífica encabezada por Yeltsin, líder de la oposición y alcalde de Moscú. El ejército rojo, con todo su poderío, no se atreve a disolver aquellas protestas y dejan en libertad a Gorbachov. Vienen elecciones en las cuales el propio Yeltsin es electo presidente. Allí muere el comunismo y se disuelve la URSS.

Ceausesco
El único país de la Órbita Soviética donde el gobierno ordenó disparar contra las manifestaciones fue Rumania y el resultado fue que el dictador Nicolás Ceausesco y su esposa Elena fueron apresados, sumariamente enjuiciados en televisión -donde era tan adicto a intervenir- y fusilados en diciembre de 1989.

Juan Pablo II
Las manifestaciones pacíficas marcaron, sin que se dispara un tiro, no solo el fin del comunismo sino de la segunda nación más poderosa del mundo: la URSS. Vale aquí la pena recordar las palabras del Papa Juan Pablo II al dirigirse a los manifestantes que marchaban en aquel “Otoño de las Naciones” de 1989: “No tengáis miedo”

petoha@gmail.com
@josetorohardy

 

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