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Gustavo Tovar Arroyo: El desafío o la ruina

Gustavo Tovar Arroyo 01

Chávez y Hitler.

Como Hugo Chávez, Adolfo Hitler dio un golpe de Estado antes de llegar al poder, fue en 1923. También, igual que Chávez, Hitler fue encarcelado por su traición y posteriormente liberado por unos irresponsables. Ambas liberaciones significaron la muerte de cientos de millares de personas (en el caso de Hitler millones), la ruina de sus naciones, el horror y el luto.

Por falta de temperamento y pusilanimidad de los líderes opositores, por la pasividad del pueblo, pero sobre todo por la sumisión ante la tiranía de la sociedad civil, parte de Alemania (la del Este) permaneció esclavizada y arrasada por los comunistas hasta 1990 (cuando cayó el Muro de Berlín), es decir, casi setenta años de desolación y carestía por aceptar las condiciones que la opresión les imponía. Básicamente, por no luchar.

¿Queremos el mismo destino para Venezuela?

El canibalismo corrupto.

Ya en 2014, la falta de temperamento y el apocamiento de algunos de nuestros líderes permitieron la consumación de un bochornoso fraude electoral que admitió el ascenso de como Nicolás Maduro al poder.

Consentir que el amado “guardaespaldas” del sátrapa Hugo Chávez Frías rigiese la nación, desconociendo la soberana voluntad del pueblo de Venezuela, facilitó que la peor calaña criminal del chavismo asumiese el poder con codicia y voracidad, el botín era inmenso y había que apurarse en robarlo completo. No tenían otro remedio, sabían que el pueblo los aborrecía y tenían que arrasar rápida y descaradamente con todo. Lo hicieron.

Su canibalismo corrupto llevó a Venezuela a la crisis humanitaria.

Futuro hecho añicos.

Toda la perfidia nacional reunida está amalgamada en la administración pública y en una rebatinga colosal, sin precedentes en la historia de Venezuela o del mundo, se han robado hasta el papel de baño (usado) para revenderlo.

Es inconcebible el estado ruinoso al que hemos llegado. Inconcebible.

La oposición ha intentado por todas las vías democráticas interrumpir el acelerado deterioro nacional, pero le ha sido imposible. Protestas, marchas, votaciones ganadas e irrespetadas por el régimen, y, por último, el intento de activación del derecho constitucional a un proceso electoral revocatorio, han sido manifestaciones civilizadas del pueblo venezolano por repudiar una revolución que destroza no solo el pasado y el presente de la patria, sino que amenaza con hacer añicos nuestro futuro.

¿Lo permitiremos?

¿Condescendiente o desafiante?

Al momento de publicado este artículo la oposición venezolana, reunida en el seno de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), está discutiendo sobre el cómo afrontar esta nueva y definitiva crisis institucional.

Se debaten dos posturas esencialmente: volver a aceptar las condiciones criminales del régimen, la violación de la Constitución y la usurpación de poder hasta que un milagro llegue del cielo y el tiempo perfecto de Dios se haga; o salir masiva y organizadamente a las calles, ejerciendo el supremo derecho a la rebelión como establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la misma Constitución Nacional, para ocupar los poderes públicos y restituir así el hilo constitucional usurpado.

Una posición es condescendiente y mística, la otra es desafiante y humana. La primera podría llevar a Venezuela a una experiencia semejante a la alemana del siglo pasado (setenta años de suplicio y esclavitud); la segunda podría forzar un evento electoral como el revocatorio o fomentar una salida de los criminales del poder y adelantar así una anhelada transición hacia la democracia.

¿Con cuál de las dos posturas te identificas tú?

Las pantuflas de Rómulo Betancourt

El más eminente demócrata venezolano de todos los tiempos nunca fue pusilánime, mucho menos un tipo de poco temperamento, estoy convencido de que, si hubiese vivido los tiempos de Hugo Chávez, Betancourt habría estado en el exilio, preso o muerto. Jamás de los jamases habría convivido con la manada de criminales que, con el chavismo, ocupan el poder.

Rómulo Betancourt, a quien se le reconoce –nada más y nada menos– la paternidad de la democracia venezolana, luchó desde muy temprano como estudiante (semejante a Yon Goicoechea o Daniel Ceballos, hoy presos) contra la dictadura. Fue riguroso, tenaz, nunca claudicó ni se engañó a sí mismo, no fue autocomplaciente ni melindroso. Luchó sin falacias electoreras ni pánicos sediciosos. Fue un líder. Por serlo cabalmente se exilió en tres oportunidades hasta su definitivo regreso a Venezuela una vez caída la dictadura de Pérez Jiménez.

Pese a que en el exilio usaba pantuflas, era un tipo de sutiles maneras hogareñas, su objetivo fuera del país estaba muy claro: “Dar a conocer a América lo acontecido en Venezuela y laborar intensamente por la liberación de nuestro pueblo”. Y lo logró, y a su regreso fue presidente de la república de Venezuela. Imagino que, pese a las pantuflas, tenía temperamento y fortaleza de criterio. Eso fue lo que prevaleció en su lucha, no sus chancletas de terciopelo o sus calzados de goma.

¿Será que a los líderes de hoy les falta un poco más de pantufla, es decir, más análisis estratégico y visión, menos Twitter, Periscope o Facebook para lograr liberar a nuestro pueblo?

Lo hora de la verdad.

No sé si alguien tiene un reloj divino para determinar si ha llegado la hora perfecta de Dios, lo que sé es que, si los venezolanos no nos organizamos, movilizamos y ocupamos el poder público nacional de manera unánime y masiva, probablemente la ruina no solo se alargará, sino ocurrirá algo peor, se institucionalizará.

La hora de la verdad ha llegado. Es improbable que el revocatorio se efectúe este año. Se ha bregado y luchado porque ocurra, pero la dictadura se ha burlado de todos y de todo. Ya no tienen ningún estupor ni cuidan ninguna forma, son unos criminales dispuestos a permanecer en el poder como sea. Lo importante es que son minoría.

¿Será que la mayoría permitirá que unos pocos malandros los esclavicen durante un siglo como ocurrió en la Alemania socialista?

Eso no depende ni de los pusilánimes ni de los místicos, eso depende de ti.

Sí, de ti. La libertad es tuya.

¿La ejercerás?

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