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Rodolfo Izaguirre: ¡Vuelan!

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Aseguran algunos haber visto brujas en las inmediaciones del Consejo Nacional Electoral. ¡Nunca las he visto encaramadas sobre sus escobas, pero siempre he sabido que vuelan! En cualquier caso, no me agradaría verlas porque terminan adheridas a una sombra detestable que ya no puede separarse jamás de sus retorcidos espíritus.

A diferencia de los magos, las brujas son deliberadamente perversas, hacen pactos con el Diablo, preparan en renegridos calderos pócimas, brebajes y licores para encender y avivar los odios; venenos y filtros de amor. Pero también elaboran recetas para anular la memoria y la voluntad de sus víctimas. Hay brujas negras y brujas blancas. Las negras son las perversas; las blancas trabajan para la comunidad preparando, pongamos por caso, medicinas para combatir la difteria y otras enfermedades que creíamos derrotadas hace años pero que han vuelto para agravar aún más la catástrofe que nos está sepultando en la mayor ignominia sufrida por el país en toda su desventurada historia.

El mago, por su parte, se apoya también en espíritus benévolos. Se le considera como el equivalente masculino de la bruja pero no es cierto porque quienes se emparejan con las brujas negras son los brujos, los hechiceros, los nigromantes. Nosotros llamamos “curiosos” a quienes se ejercitan en presagios y adivinaciones, fuman tabacos, soban huesos fracturados y convocan espíritus de gente muerta. Tomás Henríquez, el negro Bocu de La balandra Isabel llegó esta tarde, es el brujo por antonomasia de nuestro cine y de nuestra televisión. Un mago como el de Oz y la propia Dorothy Gale, la niña huérfana de Kansas, se relacionan más con el Hada del Este que con la bruja del Oeste, pero los niños desconfían de todas las hadas porque intuyen que son asexuadas y no saben hacer otra cosa que agitar una varita que desprende estrellitas doradas mientras dicen banalidades. Unas brujas negras que se respeten jamás utilizarán las varitas del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, donde estudia Harry Potter y cuyo lema advierte que draco dormiens nunquam titillandus (nunca hagas cosquillas a un dragón dormido), porque las consideran adminículos escuálidos y sifrinos. Prefieren lanzar escupitajos, hacer trampas y proferir vulgaridades.

La Edad Media atormentó y quemó en las hogueras de la ignorancia, de la superstición y de la herejía a mujeres de mirada estrábica culpables de echar mal de ojo a sus vecinos, o las supliciaban porque creían que estaban poseídas por el demonio cada vez que sufrían convulsiones epilépticas. El caballero medieval Antonius Block, en El séptimo sello de Ingmar Bergman, se asoma a los ojos despavoridos de la mujer que va a ser quemada viva y solo atisba a ver la Oscuridad en aquella mirada atrapada por la Muerte. En sus Caprichos, Goya se ocupó particularmente de las brujas. Hoy son brujas las comadres de lengua corrosiva, las esposas airadas que roen en los rincones del alma sus desengaños maritales o hacen trampas en la política. Se dice que pueden encontrarse dispuestas a prolongar referendos, dando declaraciones a los medios o convertidas en patriotas cooperantes. Antes, se las ataba a la pira, pero a los venezolanos les gusta más tocar cacerolas para ahuyentarlas aunque secretamente desearían apedrearles las viviendas. Cuando los deseos, temores y otras tendencias de nuestra psiquis no son compatibles con nuestros egos, surgen los amargos frutos de una represión interior que nos devora y atormenta, y dice Jung, el psiquiatra suizo citado por los simbolistas franceses Chevalier y Cheerbront que cuando se proyecta el ánima del varón, que es la mujer primitiva que subsiste en el inconsciente del hombre, aparecen las brujas, y reitera que las brujas, a pesar suyo, adquieren una deplorable apariencia física al mismo tiempo que acumulan un formidable poder mágico.

Para volar con mayor velocidad sobre sus escobas usan ungüentos aunque la escoba parece hoy un vehículo ridículo y obsoleto, ya que la bruja moderna, vestida o disfrazada de burócrata, maneja su propio auto o prefiere desplazarse en Metro. Las europeas siguen utilizando sangre de murciélago, grasa de niño, cicuta y mandrágora y con esta pasta embadurnan el palo de la escoba. Otras, al agregar belladona y mandrágora las hacen mucho más veloces. También parece ser de enorme eficacia la grasa de un chivo expiatorio. ¡En la actual política venezolana no resulta fácil encontrar mandrágora o cicuta pero, de hecho, hay muchos chivos expiatorios!

Michael Page y Robert Ingpen son los autores de la fascinante Enciclopedia de las cosas que nunca ocurrieron y sostienen que las brujas tradicionales pueden volar sobre cualquier objeto pero prefieren las escobas por sus cualidades aerodinámicas y porque las ramas de retama, de sauce o sorgo proporcionan un buen asiento de copiloto al gato o a cualquier otro espíritu familiar. El pacto con el Diablo no las exime de trabajar para ganarse la vida y su modo de hacerlo es vendiendo hechizos, pociones, amuletos y talismanes. Por lo general, las brujas son autodidactas, pero las que se mencionan en nuestros mentideros políticos estudian y se preparan con esmero para llevar a buen término sus presuntas trampas electorales.

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