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Sara Mesa: “La fantasía se expande para ocupar los huecos”; por Edmundo Paz Soldán

Sara Mesa La fantasía se expande para ocupar los huecos por Edmundo Paz Soldan 640

Sara Mesa fotografiada por Jonathan Polanco.

Los lugares en los que vivimos terminan conectados íntimamente a las personas que viven ahí; al final, puede que esas personas sean ese lugar. El año pasado viví en Sevilla y una de esas personas que son para mí Sevilla es Sara Mesa.

Cicatriz (2015) es una de las mejores novelas españolas de la narrativa reciente. Es una novela con una atmosfera asfixiante, sobre la relación obsesiva que se establece por internet entre Sonia y Knut. Se la puede entender como una novela sobre la escritura, en más de un nivel: Knut quiere educar literariamente a Sonia, ayudarla a convertirse en escritura, y no deja de regalarle libros; ella a ratos rechaza ese interés enfermizo, pero reconoce que Knut tiene el perfil de hombres que le atraen: “los anormales, excéntricos y marginales… los que tienen algo que ocultar”. Pero también la escritura es lo que media en su relación, pues ellos no se conocen en persona. En esa distancia que separa a los personajes, se cuela la fantasía: no hay relación interpersonal en la que no se cuele, eso lo sabíamos, pero Sara Mesa sugiere que, con los nuevos dispositivos de comunicación, una relación es cada vez más una irrealidad, una fantasía.

Pese al despliegue de las nuevas tecnologías, Cicatriz no oculta su anclaje a la vieja tradición de la novela epistolar y a sus escarceos con los sentimientos y las perversiones: Sara Mesa sabe dialogar con Las relaciones peligrosas. Es, así, clásica y contemporánea a la vez, con un gran manejo de los tiempos: después de la primera escena -que insinuará la explicación simbólica del título–, la narración se retrotrae a incidentes ocurridos siete años atrás, y luego a dos años antes y a cuatro meses después… nada, sin embargo, es arbitrario, como lo descubriremos de a poco.

Escuché a Sara en la presentación de su libro de cuentos Mala letra (2016) —hay ahí varios cuentos excelentes, entre ellos “Mustélidos”, de inevitable aparición en futuras antologías de narrativa en español— y descubrí que su palabra más odiada era feminazi y que un escritor que no le interesaba era Javier Cercas; en una clase a la que la invité me enteré de que trabajaba en una institución estatal que se encarga de responder a las quejas de los oyentes al contenido de un programa radial, y me pregunté cuándo aparecería ese escenario tan sugerente en una de sus novelas; contó también que su nueva novela es sobre la relación entre una adolescente y un hombre mayor. Supe que nació en Madrid en 1976, y también de su llegada temprana a Sevilla y su conexión intensa a esa ciudad, pese a que no vive exactamente en ella (reside en Tomares, un pueblo en las afueras) ni está interesada en narrarla: su narrativa se aleja intencionalmente de espacios narrativos específicos; sus ciudades son borrosas, están desprovistas de detalles reconocibles, tienen algo tan genérico como fantasmal. A cierta distancia del centro, Sara Mesa está desarrollando algunos de los análisis narrativos más penetrantes de la condición contemporánea, esa en la que “la fantasía se expande para ocupar los huecos”.

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