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Yasmín Núñez: Venezuela esta preparada para una tercera vía

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Debido a las variadas reacciones que generó mi artículo de la semana pasada relativo a la tercera vía, hoy abordaré el mismo tema, pero no como una interrogante, sino con el propósito de plantear respuestas, aclarar dudas y sobre todo para despejar el miedo que el tema de una alternativa distinta al bipartidismo provoca en muchos venezolanos.

Hay quienes piensan que esta alternativa democrática llamada tercera vía quebraría la sacrosanta “unidad opositora”. Otros creen que sería algo así como formar ese partido soñado al que aspira Henri Falcón para lanzar una red y pescar en río revuelto con la esperanza de capturar el mayor número de los llamados “Ni-Ni”, los cuales le catapultarían a la silla de Miraflores, mucho más codiciada que la devaluada corona del Miss Venezuela; o un espacio paradisíaco para los aficionados al salto de talanqueras, que en Venezuela tiene muchos adeptos, incluso dentro de las propias filas del lado opositor.

Mientras que unos cuantos siguen atrapados en el refugio de quienes no solo tienen miedo, sino además carencias de ideas para discutir basados en argumentos y no en descalificaciones. Reaccionar a un planteamiento como el que hice de la tercera vía con frases como estas: “Pareces infiltrada o mandada a escribir”, “todo el que sale con el culebrón de la tercera vía es chavista”, nos da una idea de lo profunda que es la crisis que tenemos en Venezuela, lo cual me lleva a pensar que este modelo perverso llamado socialismo del siglo XXI, no solo ha tocado el bolsillo y el estómago del venezolano, sino también ha golpeado muy duro el pensamiento crítico, reflexivo. En Venezuela hay escasez de todo, incluso de ideas.

Ante tales argumentos no puedo hacer nada más que manifestar mi gratitud; gracias a ellos hoy reafirmo mi voluntad de pensar distinto al esquema bipartidista, pues mi espíritu libertario es altamente alérgico a la idea del pensamiento único, a las lealtades a ciegas, al fanatismo que niega el derecho de disentir. Si para estar en el lado opositor hay que comportarse como un militante del chavismo: ciego, sordo y mudo, entonces Venezuela no solo está preparada para una tercera vía, sino que es URGENTE abrir ese espacio plural que permita la participación ciudadana en la vida política.

Ahora bien, ¿qué es, a mi entender, una tercera vía?

Es un espacio abierto a quienes queremos participar en la política, pero de una forma distinta, donde la prioridad sea rescatar a esta gran nación de la ruina económica y moral que nos afecta, y no para disputarse una banda presidencial por mera ambición personal.

Una tercera vía es salir del estrecho marco del bipartidismo, donde no hay espacios para la crítica, para el aporte de ideas, y donde el ciudadano solo representa un voto.

Una verdadera tercera vía no sería un partido más para pensar en los puestos que hay para repartir, o para elaborar una larga lista de precandidatos para elegir el menos malo, sino, más bien, un espacio en donde la gente se pregunte ¿qué puedo hacer yo desde mis posibilidades para ayudar a reconstruir nuestro hermoso país?

En una tercera vía no existiría el falso dilema de: “Si no estás con nosotros, entonces estás con ellos”.

Una tercera vía es la posibilidad de poder hacer una elección distinta a tener que escoger entre lo peor, o lo mejor de lo peor.

Una tercera vía es atreverse a soltar el miedo de ejercer el derecho de formar parte del cambio político, en vez de delegar su porción de soberanía en manos de quienes piensan más en cómo colocarse sobre el pecho la banda presidencial que en evitar se sumen más venezolanos a la búsqueda de comida en los basureros.

Quienes piensan que una tercera vía es dividir, tienen derecho de pensar así, pero a lo que no tienen derecho es a negarnos, a quienes no nos sentimos representados por el corsé del bipartidismo actual, la oportunidad de buscar un camino nuevo para salir de esta crisis.

Los políticos tienen mucho miedo a que surjan nuevos espacios donde el ciudadano pueda ser un agente activo de cambios sociales y políticos y no un mero espectador o un receptor de promesas que luego son incumplidas y reemplazadas por unas nuevas que terminan siempre en una frustración colectiva, generando la sensación de que en Venezuela ya no hay oportunidades y lo mejor es montar un nuevo proyecto de vida en otro país.

Si tenemos la posibilidad de abrir un espacio fértil para la participación ciudadana, por qué seguir atrapados en un espacio tan estéril para el pensamiento crítico como lo es el bipartidismo, si entre una orilla y la otra hay un inmenso río donde fluye la libertad de pensar y de actuar sin estrecheces, sin esos personalismos que conducen al caudillismo, causa de todos nuestros males republicanos.

Hago un llamado a la oposición para que no trunquen, como lo hicieron con los estudiantes, la posibilidad de abrir nuevos espacios políticos, ya que en la lucha por la democracia cabemos todos. Finalmente ofrezco a los dirigentes de la oposición el sabio consejo que me dio un día mi ilustre profesora de Derecho Constitucional, la doctora Seneira de Leal: “No le tengan miedo a la competencia, sino a la incompetencia”.

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