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Pedro Palma: La OPEP y los recortes de producción

 

El 28 de septiembre pasado la OPEP anunció un acuerdo para reducir su producción de petróleo con el fin de apuntalar los precios, y será en su reunión del 30 de noviembre de 2016 cuando se establecerán los nuevos límites de extracción de crudos de sus miembros. Ulteriormente, el 10 de octubre, el presidente ruso, Vladimir Putin, anunció en el Congreso Mundial de Energía celebrado en Turquía que Rusia apoya la decisión de la OPEP. Esos anuncios tuvieron unos efectos iniciales en la dirección esperada, y generaron un acentuado aumento de los precios y una ulterior estabilización en niveles que no se veían desde comienzos de junio de este año. En efecto, en los diez días que siguieron al anuncio de la OPEP los precios de los crudos marcadores WTI y Brent aumentaron alrededor de 13%, al superar los 50 dólares por barril, nivel en el que se han mantenido durante las últimas 2 semanas. De hecho, algunas personas piensan que los precios pudieran subir hasta los 60 dólares y mantenerse allí durante el próximo año. No obstante, algunos factores pudieran obstaculizar la materialización de ese escenario optimista.

Por una parte, varios miembros de la OPEP están reacios a disminuir su producción; se incluyen en ese grupo Irán, Iraq, Nigeria y Libia, países que desean recuperar sus participaciones de mercado y aumentar sus ingresos. Por otra parte, de estabilizarse los precios en ese nivel, la producción de shale oil probablemente se incrementaría sólidamente, ya que sus productores en Estados Unidos y otras áreas, que se han visto afectados por los bajos precios de los últimos meses, percibirían que 60 dólares es un precio atractivo para ese tipo de crudo, y reactivarían sus actividades de extracción. De hecho, los anuncios de la OPEP han creado expectativas positivas entre los productores de shale oil, y ellos están muy atentos a las decisiones que se pudieran tomar en la próxima reunión del 30 de noviembre. Por lo tanto, no sería de extrañar que, al igual que en el pasado, de producirse recortes de producción entre los miembros de la OPEP, los mismos sean compensados por una mayor extracción de crudos por parte de otros productores. Adicionalmente, el presidente de Rosneft, la principal compañía petrolera rusa, declaró que Rusia no se sumaría a acuerdos de reducción de producción con el fin de apuntalar los precios, contradiciendo lo que tan solo horas antes había anunciado Putin en Turquía.

Pero ¿qué implicaciones tendría todo esto para Venezuela? Creo que escasas, aun en el mejor de los casos. Si suponemos que se materializa el escenario de estabilización de los precios a 60 dólares durante 2017, las ventajas serían limitadas, ya que el mayor precio, que se ubicaría alrededor de los 50 dólares para la cesta venezolana, vendría acompañado de un recorte convenido de los volúmenes de producción y exportación, que se sumaría a la acelerada declinación de los últimos meses. Sin embargo, el aumento de 15 dólares con respecto al precio promedio de 2016 implicaría un incremento en el ingreso de divisas que permitiría aumentar las importaciones, particularmente las de alimentos, medicinas y otros productos básicos, mitigando la crónica escasez que se padece de estos productos esenciales. Sin duda, ello sería un alivio, pero no más que eso, un alivio, no una solución a los gravísimos problemas que tenemos. Se seguiría padeciendo una altísima inflación, que continuaría minando la capacidad de compra del ingreso de la población e incrementando la pobreza; seguirían allí los graves desequilibrios fiscal, monetario, cambiario y real; y la economía continuaría en recesión, agravando el desempleo.

Como se ve, las decisiones que pudieran tomar los miembros de la OPEP en su próxima reunión podrían generarle a Venezuela, del lado optimista, unas ventajas marginales, pudiendo estas compararse a un calmante, mas no a la cura de la grave enfermedad que nos aqueja.

 

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