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Los trasplantes de riñón tienen un año paralizados en Venezuela

Desde octubre del año pasado los centros de salud públicos venezolanos no hacen trasplantes. Están totalmente paralizados. Así lo aseguró Reymer Villamizar, director de Amigos del Paciente Trasplantado, quien manifestó que los pacientes solo tienen una alternativa que se escapa de sus bolsillos: operarse en clínicas.

“No es fácil estar atado a una máquina tres veces por semana, durante cuatro horas. Tengo muchas complicaciones como retención de líquido en las piernas. Esta enfermedad me limita. Cuando tenga un nuevo riñón, volveré a ser una persona normal. Eso sería la gloria”.

Con la piel oscurecida, la mirada cansada y encorvado, William Suárez, de 57 años, relató el camino de espinas que ha atravesado en los casi 7 años en tratamiento de hemodiálisis por su insuficiencia renal crónica.

Suárez es uno de los 3.500 pacientes que reciben diálisis en la región zuliana, y aspira a formar parte de los 1.500 que esperan por el trasplante, según datos aportados por el presidente de la Fundación Amigos del Riñón en el Zulia, Jorge Prieto.

Sin embargo, desde octubre del año pasado los centros de salud públicos venezolanos no hacen trasplantes. Están totalmente paralizados. Así lo aseguró a PANORAMA Reymer Villamizar, director de Amigos del Paciente Trasplantado, quien manifestó que los pacientes solo tienen una alternativa que se escapa de sus bolsillos: operarse en clínicas.

“Todos los trasplantes de donantes cadavéricos tienen un año paralizados en el país porque no hay reactivos para almacenar los órganos, los quirófanos no se encuentran en óptimas condiciones. Existen trasplantes de vivo a vivo pero solo en centros privados y su costo puede ascender a 10 millones”, explica.

La esperanza del trasplante se le disipa al paciente zuliano William Suárez, quien se dializa en el Centro de Diálisis de Occidente (CDO), de Maracaibo.

Aún no ha ingresado en el Programa de Trasplante de Riñón del Servicio Autónomo Hospital Universitario de Maracaibo (Sahum), pues primero debe operarse de una hernia umbilical y de la vesícula; además, tiene que practicarse exámenes sanguíneos, gastroenterológicos, cardíacos, respiratorios y urológicos.

Reclamó que los hospitales presentan fallas graves en los servicios que le impiden completar el protocolo. La falta de reactivos es una de ellas. En los centros de salud privados, el costo total de un trasplante de riñón podría superar los 2 millones de bolívares y Suárez no cuenta con los recursos. También, el factor tiempo le juega en contra: los exámenes se vencen en tres meses.

“Muchos pacientes hemos decidido no hacernos los exámenes por temor a perder el dinero que invirtamos, nos dijeron que no se están haciendo trasplantes”, lamentó.

Jorge Altuve, coordinador educativo de la Organización Nacional de Trasplante de Venezuela (Ontv), apuntó que otro de los factores que disminuye la posibilidad es la carencia de personal médico calificado para el proceso.

Sostuvo que debería haber un coordinador hospitalario de trasplante por cada millón de habitantes. De esta forma, en Venezuela, 31 personas deberían ocupar este cargo que consiste en supervisar y velar porque se cumpla el protocolo de una donación. No obstante, la cifra ideal no se cumple.

Este diario intentó comunicarse con la Fundación Venezolana de Donación y Trasplante de Órganos Tejidos y Células (Fundavene) para conocer la situación actual de los trasplantes, pero fue imposible el contacto.

No solo los pacientes renales están afectados. La calidad de vida de los trasplantados se ve perjudicada por la falta de medicamentos supresores, que disminuyen el riesgo de rechazo del órgano.

Alfredo Cásseres, un guariqueño residenciado en Valencia, recibió un riñón de su mamá. Sin embargo, hoy, a los 47 años, su felicidad se ve amenazada: lleva cinco meses sin recibir el medicamento Tracolimus. El Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (Ivss) es el único ente encargado de suministrar el fármaco mensualmente y actualmente no lo tiene.

“Comprarlo afuera (en otro país) es un dineral muy grande. Hace tres meses recibí dos cajas de un paciente que murió y una de otro que rechazó el riñón por no tener el tratamiento completo. Es un calvario”, denunció.

Cásseres agregó que quienes reciben el medicamento se enfrentan a un “racionamiento”. “Los médicos les recetan cuatro pastillas y el Seguro les dice que se tomen dos”, reveló.

Otro problema que reportó el paciente es que, desde hace dos semanas, el seguro social entrega medicamentos con fecha de vencimiento de octubre de 2016.

Esta información fue confirmada por el director de Amigos del Paciente Trasplantado, Reymer Villamizar, quien explicó: “Está el caso del Cercican, un fármaco de laboratorio indú que expira este mes. Esperamos que se frene el suministro de este medicamento”.

Fuente: Panorama

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