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El fraude de la reconversión monetaria solo ahorró unos ceros a Venezuela

Jesús Hurtado
Con una inflación que coloca a Venezuela con la variación de precios más alta del mundo, es evidente que la política monetaria instrumentada por el régimen chavista ha sido un rotundo fracaso. El mejor ejemplo está en la reconversión de la moneda, una estrategia que ocho años después solo ha servido para ratificar que se trató de un cambio inocuo que no resolvió los problemas del país.

“Le quitaremos tres ceros al bolívar, vamos cambiar la escala. Con este cambio el país tendrá beneficios y volverá el real y la locha… Tendremos un bolívar fuerte y una economía fuerte”, dijo en marzo de 2007 el presidente Hugo Chávez al anunciar el cambio del signo monetario, una afirmación que se desplomó ante la aplicación de erradas estrategias en materia económica.

Cuando el 30 de diciembre de 2007 el directorio del Banco Central de Venezuela anunció que dos días después comenzaría una nueva era para el país con la entrada en circulación del llamado “bolívar fuerte”, la opinión generalizada fue que la reconversión solo era un mero cambio cosmético, que en nada corregiría los primeros visos de una crisis que ocho años después mantiene a 76% de los venezolanos en situación de pobreza de ingresos.

Presentada como la panacea contra la inflación y método infalible para apuntalar el crecimiento económico, entre los varios fundamentos teóricos para la eliminación de tres ceros al bolívar estaba simplificar los costos transaccionales, único razonamiento que logró sobrevivir unos años, pero que sucumbió ante los embates de una inflación que el año pasado alcanzó 180,9% según cifras oficiales, pero que de acuerdo con estadísticas privadas rondó el 300%.

“De no haberse dado la reconversión estaríamos en un sistema donde los números serían más grandes, pero eso en nada ayudó a resolver la crisis en aquel momento más allá de tener cifras más manejables”, afirma Efraín Velásquez, presidente del Consejo de Economía Nacional, para quien el problema mayor en 2007 no estaba en un signo monetario con tres ceros de sobra sino en el desorden en las cuentas fiscales de la nación.

De hecho, la principal promesa de la reconversión –frenar la inflación- no se cumplió: ese año los precios escalaron 31,9%, más de ocho puntos porcentuales por encima del 22,5% registrado en 2007, y la mayor tasa hasta entonces desde que Hugo Chávez asumiera como presidente de la República en 1999.

Rafael Huizi, profesor de economía de la Universidad de Los Andes (ULA), coincide con Velásquez al señalar que la reconversión fue un simple problema denominativo. “El quitar los ceros era una simplificación numérica que en nada ayudó a la economía”, dice el académico, quien no obstante reconoce que mantener el viejo cono monetario sería en la situación actual un problema de envergadura mayor por las inmensas cifras que tuvieran que manejarse.

En esta misma línea se pronuncia Luis Zambrano Sequín, quien afirma que quitarle tres ceros a la moneda no modificó en modo alguno los resultados macroeconómicos. “Fue un cambio nominativo cuyas implicaciones reales no fueron trascendentales”, acota el doctor en economía y experto en finanzas públicas.

– La culpa no es de la vaca –

Si bien han transcurrido ocho años desde la aparición del nuevo cono monetario y tres desde que el signo monetario dejó de lado el apelativo ‘fuerte’, los “millones viejos” siguen aflorando en el tema de conversación.

“Mucha gente sigue hablado de millones porque la gente no compró el bolívar fuerte, que dejó de serlo hace tiempo”, afirma Víctor Maldonado, director ejecutivo de la Cámara de Comercio de Caracas, para quien la nueva moneda solo fue un ajuste de “apariencia que le evitó a la gente usar cifras más irracionales de las que tenemos ahora”.

“La gente estuviera hablando ahora de que un dólar oficial cuesta 200.000 bolívares y no 200, pero eso solo reflejaría el deterioro en que está sumida la economía venezolana”, señala Carlos Larrazábal, segundo vicepresidente de Fedecámaras y máxima cabeza de Conindustria durante la transición monetaria. Cataloga la reconversión como una simple acción “cosmético-sicológica” utilizada por el gobierno en un momento donde necesitaba atraer la atención.

Larrazábal recuerda que en Brasil el problema de la hiperinflación no se resolvió con la implementación del nuevo real y otros signos monetarios, sino cuando el presidente Fernando Henrique Cardoso implementó un estricto plan de ajustes.

“Ello requirió voluntad política y un gran acuerdo nacional”, dice, aludiendo con ello dos condiciones totalmente ausentes en Venezuela y que no parecen estar planteadas en los planes inmediatos del gobierno.

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