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Antonio Sánchez García: Los empresarios y la política

Dos imágenes de alto contraste ponen de relieve las contradicciones que aquejan al empresariado venezolano en tiempos de dictadura, cuando el pronto y definitivo hundimiento del régimen ya asoma sus primeros síntomas y la circunstancia urge a todos los sectores nacionales a la drástica toma de posiciones en pos de recuperar nuestra democracia al más corto plazo, so peligro de la disolución y ruina de nuestro país: Lorenzo Mendoza acompañando la toma de Venezuela como un ciudadano venezolano más, de franela, gorra y zapatillas, de un lado; y el presidente de Fedeindustria, que se precipita a declarar por Unión Radio que los empresarios no son actores políticos y muy bien hacen en acompañar a Nicolás Maduro y someterse a las decisiones económicas de su gobierno.

El primer ejemplo es, valga la redundancia, ejemplar. Un joven empresario venezolano obedece el llamado de la dirigencia política democrática exigiendo el cumplimiento de la Constitución y la celebración del Revocatorio y las elecciones de alcaldes y gobernadores, y se expresa asumiendo todos los riesgos que los ocho millones de venezolanos asumieran el mismo día que a un joven merideño que saliera a defender esos mismos principios le costara la vida, a un sacerdote una fractura craneal y a muchas mujeres, alguna incluso embarazada, ser golpeadas con saña y alevosía por el deshonor uniformado que empaña dos siglos de existencia republicana y termina por macular – ¿para siempre? – a quienes el 23 de enero de hace 58 años sacaran la cara por la dignidad de la República.

No es poco lo que el presidente de Empresas Polar pone en juego asumiendo su histórica responsabilidad ante el país: apostar a la libertad de su Patria y al engrandecimiento de Venezuela. Pocas horas después los esbirros del SEBIN asaltaban su hogar y su empresa. Dejando al desnudo la naturaleza servil, obsecuente y patética de quienes juraron honrar nuestra bandera, obedecer y hacer cumplir la Constitución y salvaguardar nuestra soberanía. Lacayos de un agente de la tiranía cubana, siguen aferrados a la idea de terminar por estrangular a Venezuela y convertirla en otro lupanar del castrocomunismo caribeño.

Actitudes como la del ciudadano venezolano Lorenzo Mendoza, dispuesto a poner en peligro la existencia misma de la empresa más poderosa del país, exceptuando a PDVSA, hoy convertida en un basural del chavismo, honran su patronímico. Una familia de honorables luchadores por la democracia de Venezuela, entre los cuales uno de los más dignos combatientes de nuestra historia, José Rafael Pocaterra. Pero expresan, al mismo tiempo, la plena lucidez de quien sabe que sólo la libertad permite el crecimiento económico, la prosperidad y el progreso de una sociedad. Y que defender la propiedad privada es infinitamente más que defender los propios bienes: es defender el derecho ciudadano al empoderamiento, permitir que la sociedad, sin prejuicios ni inhibiciones de ningún tipo desarrollen a plenitud sus fuerzas productivas y frenar el asalto al Estado del bandidaje populista que vive de apropiarse de lo ajeno, violando todos los principios humanos y civilizatorios.

El otro caso es patético y penoso: un joven empresario que preside una de las cúpulas empresariales del país, Fedeindustria, se apresura a deslindar terrenos entre la actividad empresarial y la política, una perogrullada que solapa la cobardía y el oportunismo de quienes se niegan a comprender que la defensa de la propiedad privada y la libre empresa es la primera obligación estrictamente política de un auténtico y verdadero empresario. Que lejos de vivir parasitando de los favores del Estado debiera impulsar la libre iniciativa como fundamento del enriquecimiento de las naciones. Y erigirse en consecuencia en un combatiente por la libertad así fuera por proteger sus propios derechos, sus propios bienes y su propia actividad. ¿Se puede ser tan rastrero ante el poderío del Estado como para preferir parasitar de sus favores y apostar al propio suicidio en aras de un cortoplacismo de ominoso y mostrenco mercantilismo?

Lo que el pobre hombre que preside Fedeindustria no sabe es que el joven que murió de un disparo en el abdomen salió a defender, posiblemente sin saberlo, sus propiedades. Y que el hombre, ese zoon politikon, definido por Aristóteles, es el animal político por naturaleza. Un atributo que al hombre sólo se le puede ser extirpado mediante el horror del campo de concentración y la brutalidad de sus mazmorras. Sea un académico, un obrero, un soldado, un banquero, una ama de casa o un empresario: la política es nuestro destino como seres humanos. El alfa y el omega de nuestra vida en sociedad.

El horror y el odio a la política inducidos por el golpismo han llevado a Venezuela a esta dictadura que ha politizado negativamente todos los ámbitos de nuestra vida, aplastando todos los espacios de la sociedad civil. Hundiéndonos en el servilismo y la esclavitud ante el Estado. Es la hora de la política, el bien supremo del ciudadano: emanciparnos del Estado y vivir libre de toda traba y de todo favor. Porque tengámoslo claro: la política es inevitable. Y la peor y más siniestra de todas ellas es la política anti política de las dictaduras. Oponerse es nuestra primera obligación política. También y en primer lugar para los empresarios.

@sangarccs

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