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Willy McKey: Maduro en salsa

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Fotografía compartida en Twitter por Ernesto Villegas, Ministro del Poder Popular para la Comunicación e Información

Mientras la Asamblea Nacional decidía si el contexto político y social era el indicado para iniciar un juicio de responsabilidad política en contra de Nicolás Maduro, que tendría como consecuencia una marcha opositora hacia el Palacio de Miraflores en dos días, el Presidente de la República hacía un programa de radio en la señal pública. Un programa sobre salsa en Radio Miraflores.

No hila contenido, no confiesa experticia, no comenta más allá de ese breve anecdotario que le proporciona la memoria a cualquier individuo nacido en el Caribe. Sin embargo, tiene la temeridad de enunciar algunas afirmaciones. Decir, por ejemplo, que La Dimensión Latina equivaldría a The Rolling Stones en la salsa, para luego confesar que olvidó el nombre de los vocalistas.

Su coanimador, Javier Eli, lo trata de usted. También usa Señor Presidente como una de las múltiples fórmulas de tratamiento para dirigirse a él, para ayudarlo, para servirle de ancla y, a la vez, de pivote. Le hace saber que Vladimir Lozano todavía canta en el mismo registro y, casi en un ejercicio de candidez, Nicolás le pregunta a Javier Eli si sabe cómo hace para conservar así la voz.

Afuera de la cabina radial, más allá de la evasión hertziana, hay un país cuyo discurso oficial lleva meses confesándose en una guerra económica. Incluso estamos a milímetros de la vigencia de un Decreto de Emergencia Económica que ha sido extendido a conveniencia por el Ejecutivo Nacional. Sin embargo, hoy el primer mandatario quiere adivinar los trucos de un vocalista para vencer al fantasma de la afonía.

También dedica canciones al aire. Le dedica a Henry Ramos Allup una versión de “Quítate la máscara” ejecutada por la Orquesta Latinocaribeña.

Dedica un rato a hablar de Alí Primera. Y cuando llega a “Tin Marín” empieza a repasar la historia del Grupo Madera. Fue predecible. Habla de San Agustín, de El Afinque de Marín, de las visitas de la Sonora Matancera, de Tito Rodríguez, de Benny Moré. Habla de los Quintero y consigue las excusas para darle play a “Compañero”, esa canción cuyo estribillo repite hasta el infinito “Trabajo y tierra” como si se tratara de un reclamo. Recuerda a Carlos Daniel Palacios y uno se pregunta si no mencionará a Fidias Escalona en toda La Hora de la Salsa.

El repertorio musical cerró con “Canción con todos”, otra del Grupo Madera. Es ésa que dice “Si eres blanco, si eres negro/ y sientes ese clamor/ sólo has de vibrar ahora/ y compartir tu dolor/ y también tus alegrías/ al fuerte son del tambor”.

Durante una hora, Nicolás Maduro defendió a la salsa como si se tratara de un territorio en pugna, producto de un mestizaje que “jamás entenderá la oligarquía”. Quizás si hubiese dedicado el mismo empeño al Esequibo cuando era canciller otro gallo cantaría. Es imposible no preguntarse qué entenderá por mestizaje mientras habla de la Madre África y se la niega a los hijos de cualquier otra orilla. Nuestra radio (y nuestra salsa) deviene en un ejercicio tan poscolonial y subalterno que incomodaría al mismísimo John Beverley.

Consideremos que tiene en el patio a El Vaticano, Unasur y a tres mediadores más vigilando si la cosa está como para ponerse a bailar. Debe mostrarse seguro de sí y nada mejor que bailar. Así sea bailar solo. La Primera Combatiente espera a que le pongan ésa que dice “Y tú loco, loco/ pero yo tranquilo” para acompañarlo. Todo en él da la impresión de que hace un esfuerzo enorme por transmitir algo de calma. Algo de sosiego. Algo de gobernabilidad. Algo.

En un futuro no muy lejano alguien nos preguntará qué pasó el 1 de noviembre de 2016.

Habrá que responderle que, mientras la Asamblea Nacional deshojaba la margarita en torno a la posibilidad de usar en contra del presidente de la República el argumento de “abandono del cargo”, Nicolás Maduro terminaba la primera emisión de su programa radial sobre salsa.

La próxima será sobre Maelo. Ecuajey.

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