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Vladimir Villegas: Voluntad Popular: ¿Voluntad de sentarse?

 

El diálogo tiene mala prensa, es una mala palabra sobre todo en las redes sociales. Lo estigmatizan quienes hacen culto del inmediatismo, una tendencia que atenta contra el desarrollo de una política exitosa para cualquier fuerza, del signo ideológico que sea.

Los políticos criollos saben lo que significa enfrentarse a la jauría que ataca vía Facebook, Twitter  o por Instagram. En esos escenarios hay de todo: ciudadanos real y honestamente preocupados porque no le ven el queso a la tostada y sienten que la oposición pierde su tiempo con el gobierno y éste gana tiempo a costa de ella, de sus ingenuidades e incluso de sus contradicciones. Pero también entran en juego los radicales de siempre, tanto los auténticos que, por ejemplo, sí irían a Miraflores a dar una supuesta “batalla final”, y los de teclado, que mandan a los demás a la hoguera y ni de vaina se acercan.

Sumemos a esto los laboratorios manejados con la finalidad de colocar en el paredón a los dirigentes opositores que dan la cara en la mesa de diálogo. Uno no sabe a ciencia cierta si los manejan extremistas opositores o incluso “patriotas cooperantes “rojo-rojitos.

Lo cierto es que la anti política sigue al acecho en un país como Venezuela, sumergido en la más terrible crisis que hubiéramos podido imaginar tan solo hace unos años. Son cada vez más frecuentes los comentarios que arrojan un batido de desconfianza y estiércol sobre la humanidad de quienes se sientan a la mesa de diálogo a exponer sus demandas en nombre de la coalición opositora.  Lo peor de todo es que tienen público. Sus mensajes llegan a un sector que quiere resultados ya. Que es presa de la desesperación y de la desesperanza, y que ciertamente merece respeto y comprensión, pero que no necesariamente tiene razón en presionar a la dirigencia de la MUD  para que ponga  de lado la racionalidad y se deje llevar por la impaciencia en la toma de decisiones.

Los resultados de las reuniones realizadas en la mesa de diálogo los días viernes y sábados dan pie para un moderado optimismo. Hay luces, tenues pero luces al fin. Y eso los más extremistas nunca lo van a admitir públicamente. En el fondo, algunos de ellos apuestan al fracaso de este intento, y para ello sin duda cuentan con quienes desde el oficialismo también le disparan al diálogo, y cuesta descifrar si lo hacen para demoler moralmente a la oposición, para desestabilizar internamente a Nicolás Maduro o para lograr ambas cosas.

La mesa de diálogo es un escenario de confrontación y a la vez de búsqueda de acuerdos. Es un simplismo aseverar que la oposición va allí a entregarse, a colocarse de rodillas ante  al gobierno, o a lograr  que el gobierno haga eso. No es factible que en las actuales condiciones una de las partes capitule totalmente frente a la otra. Por eso la pertinencia de una negociación política, a la cual la oposición va en condiciones más difíciles entre otras razones porque uno de sus componentes, Voluntad Popular, no está presente, por decisión propia, en esa mesa.

En lo personal, y así se lo he manifestado a dirigentes de esa organización, considero un error estar ausente de ese escenario. Se trata del partido con mayor cantidad de presos políticos, entre ellos el más emblemático, Leopoldo López. Nadie como ellos para exigir en ese terreno de negociación gestos concretos, que en este caso sería la liberación de todos o al menos de buena parte de los presos  y el cese de la persecución contra varios de sus dirigentes.

Sin ánimos de manipulación, la ausencia y más que eso  su decisión de darle palo a los primeros resultados del diálogo le pone nuevos candados a la celda de su máxima figura y de otros presos. Y de paso esos cuestionamientos también debilitan el apoyo y la confianza que las bases opositoras deberían brindarle a quienes hoy se sientan en su nombre a buscar salidas pacíficas, democráticas y constitucionales.

Una conducción opositora debe tener el suficiente temple de defender lo que a mi modo de ver es una correcta decisión, la de mantenerse en la mesa de diálogo, por encima de las etiquetas que a través de las redes sociales lanzan quienes ya en otros momentos han promovido iniciativas irresponsables que se han traducido en duras derrotas. Voluntad Popular debería bajar de las gradas y sumarse al terreno de la negociación. Pero allá ellos con lo que decidan por su propia voluntad.

 

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