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Asdrúbal Oliveros: Cono monetario e inflación

La reconversión monetaria entró en vigencia a partir del 1° de enero de 2008 como una medida de política pública para simplificar la comprensión, el uso y el manejo del dinero mediante su expresión en una nueva escala equivalente que fuese menor.

La principal causa expuesta por el Banco Central de Venezuela fue la pérdida de poder de compra de las monedas y billetes, que pasó de crecer en promedio 5,1% en 2006 a 1,5 % en 2007.

En 2016, Venezuela atraviesa la peor crisis económica de los últimos 25 años. Una economía llena de distorsiones como consecuencia de la inacción política para enfrentar los impactos del descenso del precio del petróleo, de los altos subsidios y de la permanencia del anclaje cambiario. Este año estimamos que el poder adquisitivo caerá 15,6 %, y en 2015 la caída fue de 32,4%, y si seguimos la línea del BCV en 2007, consideramos que la emisión de billetes de mayor denominación es una necesidad.

Si la disminución del poder de compra fue la razón principal para realizar la conversión monetaria en 2008, entonces en el período 2015 – 2016 nos encontramos frente a la peor caída de los últimos 25 años. Incluso peor que las sufridas en 1990 por la aplicación del “Gran Viraje” y el desmontaje del control cambiario del Régimen de Cambio Diferencial (Recadi), la de 1996 con la “Agenda Venezuela” y el desmontaje de la “Oficina Técnica de Administración Cambiaria” (OTAC) y la de 2003 con el paro petrolero, la cual alcanzó una caída de 17,3%, una diferencia de 15,1 puntos porcentuales (pp) con respecto a lo alcanzado en 2015. Es decir, el venezolano cada vez tiene menor capacidad de adquisición de productos, incluso dentro de la gama de bienes de primera necesidad.

Ahora bien, si tomamos en cuenta que la mayor preocupación de cara a la composición del cono monetario es la capacidad adquisitiva de los billetes y monedas que lo conforman, hemos realizado una nueva composición que busca igualar el poder de compra del cono monetario del cierre 2008.

Esta recomposición implica que al cierre de 2016 el cono monetario en Venezuela debería estar compuesto por 10 piezas con monedas de VEF 5 VEF 10, VEF 20 y VEF 50, y billetes de VEF 100, VEF 500, VEF 1.000, VEF 2.000, VEF 5.000 y VEF 10.000.

Este análisis establece que los problemas de efectivo que se ven en la calle son principalmente responsabilidad de la variación de los precios. El Gobierno debió haber emitido billetes de nueva denominación, si hubiese seguido su línea de acción de 2008 frente a las distorsiones observadas en la economía durante ese año; sin embargo, no lo ha hecho porque esto implicaría reconocer los altos niveles de inflación y el riesgo latente de hiperinflación.

A todo esto, para poder establecer el cono monetario óptimo hay que agregar otros factores, como el cambio del volumen en circulación, así como el deterioro de una denominación y éstos dependen no solo de factores macroeconómicos como el crecimiento de la economía, el régimen inflacionario o el cambio en el costo de oportunidad sobre las tenencias de efectivo, sino también de innumerables factores microeconómicos que determinan el comportamiento transaccional de los individuos y el uso que estos le dan al efectivo.

Dentro de estas variables entran a la ecuación dos factores fundamentales: el “bachaqueo” y el contrabando. El primero, como un componente del sector informal, demanda efectivo como medio de pago a sus compradores a la hora de realizar transacciones de hasta 20 veces más el valor de compra de precio regulado. El segundo llega a tal punto que en las fronteras están dispuestos a pagar entre VEF 120 y VEF 140 por un billete de VEF 100, lo que se traduce en una mayor demanda de efectivo.

Al analizar el problema del efectivo en 2007 desde el punto de vista práctico y metodológico del BCV, incluyendo el entorno económico y el poder adquisitivo del venezolano, así como también los fundamentos teóricos en cuanto a la composición del cono monetario, observamos que todos los puntos demandan piezas de un valor monetario mayor. Ahora bien, es importante que sea una sustitución de billetes y no una expansión de la oferta monetaria.

También es importante mencionar que la solución no es la impresión de billetes, sino la realización de ajustes importantes en materia económica que van desde la eliminación de los controles hasta la publicación de datos oficiales, así como una política para la reducción de la inflación. Sin una reducción de la inflación, el nuevo cono monetario perderá eficacia en el mediano plazo, forzando a sacar billetes de más alta denominación, entrando en un círculo vicioso de nunca acabar.

Hoy, más que nunca, el riesgo de no hacer nada crece, al punto tal que la escasez de efectivo puede convertirse en una crisis de medios de pago y financiera, y con ello el costo de las medidas que son necesarias para resolver tantas distorsiones que tiene la economía venezolana aumenta rápidamente.

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