Inicio > Economía > Vender cabello para comprar comida: un negocio que crece en la frontera

Vender cabello para comprar comida: un negocio que crece en la frontera

En tiempos de hambre, comercializar mechones de cabello se ha convertido en una fuente segura para que muchas venezolanas obtengan dinero en la frontera del estado Táchira con Cúcuta (Colombia). Entre 14.000 y 107.000 bolívares se puede conseguir por este negocio, que crece y abunda como las melenas femeninas.

“Se compra pelo, se compra pelo … desde 20 mil pesos por mechón”, gritan de un lado a otro desde las 8:00 am, hora local de Colombia hasta las 6:00 pm los negociantes de cabello humano.

Rosalinda Hernández

El anuncio sorprendente es solo parte del “marketing” utilizado por un numeroso grupo de personas que se instala en el lado colombiano del puente internacional Simón Bolívar, que une a ambos países. Allí se ofrece el servicio a quienes llegan desde San Antonio del Táchira hasta el departamento Norte de Santander.

Los compradores de cabello están desplegados en parejas a partir de la sede de la Dirección de Aduanas Nacionales de Colombia (DIAN, agencia tributaria) a la altura del corregimiento de La Parada hasta la estación de autobuses que conducen a la ciudad de Cúcuta.

Ataviados con bolsos que les cuelgan de medio lado en los que llevan los implementos necesarios para hacer el corte perfecto, sin que afecte el largo del cabello, ofrecen el servicio a las mujeres jóvenes, adultas y niñas con cabello largo y abundante que por allí transitan.

“Te compro un mechón”

Entre el tumulto, semejante a un mercado persa, se oye de repente la voz de una comerciante de cabello: “Linda te compro un par de mechones, no será mucho, el pelo le va a quedar casi igual, no se va a notar y de paso ganas unos pesitos”, le gritaba a una joven de frondosa melena negra que transitaba la zona.

La oferta sonó tan tentadora para Milagros, que se devolvió a preguntar “¿y cómo es el negocio, explíqueme?”.

La mujer de tez morena oscura se acercó a la muchacha y le respondió: “No voy a tocar el largo de su pelo a menos que usted quiera venderlo completo y por eso puedo pagar hasta 150.000 pesos (107.142 bolívares al cambio de 1,4 en la frontera el fin de semana del 19 de noviembre).

Prosiguió la negociante: “Niña, como usted tiene abundante cabellera le recomiendo que solo saquemos un par de mechones, le puedo pagar hasta 80.000 pesos (Bs 57.142 al cambio del día)”.

Milagros entre risa nerviosa se sujetaba el cabello, lo consultaba con la prima, quien con la calculadora del celular hacía la conversión. Se oyó el susurro: “Chama dígale que sí, son más de 50 mil bolos y total el pelo te vuelve a crecer”.

Después de sacar cuentas, masajearse la cabellera y mirar a la compradora de pelo, fijamente a los ojos, Milagros accedió al corte de un par de mechones.

Una vez concretado el negocio, el acuerdo se ejecutó (el corte de cabello) aunque no en plena vía pública.

La negociante le pide al cliente que la acompañe y se adentran en la zona de La Parada. Caminan varias cuadras hasta internarse en una humilde vivienda cercana a la ribera del río Táchira: allí la espera una desgastada silla de plástico y un espejo de mano para iniciar el corte.

Con una tijera “grafiladora”, especial para despuntar cabello, le cortaron a Milagros cinco mechones de mediano grosor. Terminada la tarea, la ausencia de los mismos no se notaba a simple vista.

La chica con un poco de susto solo se miraba al espejo y le preguntaba a Andreína, la prima, “¿Qué tal me veo?”

Mientras tanto la compradora, recogía cada cabello entre sus manos, formaba un montón que amarraba con una liga y lo depositaba con el mayor cuidado en una bolsa transparente que luego selló y guardó en el bolso.

Milagros recibió 85.000 pesos colombianos (60.714 Bolívares) de manos de la mulata que le cortó el cabello.

Algo se solventa

Milagros y Andreína son un par de estudiantes universitarias venezolanas que pasaron a Cúcuta, provenientes de San Cristóbal. “Venimos a ver cómo era el asunto de vender el pelo. Una vecina lo hizo la semana pasada y se ganó 50.000 bolívares, para nosotros eso ya es mucho. Total uno no pierde nada porque el pelo vuelve a crecer y más bien solventa en algo la situación económica que sufrimos los venezolanos”, dijo Milagros.

Al preguntarle qué haría con el dinero producto de la venta del cabello, no dudo en responder: “comprar comida”.

Arroz, pasta, azúcar, unos frijoles, lentejas, café, papel higiénico, jabón de baño, entre otros productos formaban parte de la lista que la estudiante se llevaría a San Cristóbal.

“Somos personas serias”

Reservados, con miradas cautelosas y desconfiados ante la pretensión de ser entrevistados por el equipo periodístico de El Estímulo, se muestran los comerciantes de cabello en la frontera, a pesar que la actividad se desarrolla a plena luz del día y frente a la mirada de la Policía Nacional colombiana.

Piden no ser reseñados en fotografías ni videos y no dejan de insistir en que son “personas serias”. Provienen del departamento colombiano del Chocó, localizado al noroeste de ese país, en la frontera con Panamá y aseguran haber realizado el oficio en otros países con límites con Colombia como Perú, Ecuador y Brasil, además de Panamá.

Para los compradores de cabello el negocio no es nada novedoso. “Esto lo llevamos haciendo hace mucho tiempo”.

Aunque su aparición en la frontera entre San Antonio y Cúcuta es de apenas entre 20 días a un mes. De ropas ligeras y en su mayoría mujeres, caminan de un lado a otro, bajo el intenso sol de la frontera, ofreciendo el servicio a cuanta transeúnte circula por el lugar.

“El suyo no me sirve, es largo pero no abundante, ni siquiera un mechón le podría cortar. No insista”, le decía “la jefe” del grupo a una chica que deseaba dejar su melena a cambio de al menos 20.000 pesos (14.285 bolívares).

Ante la reiterada propuesta de la mujer venezolana de vender una parte de su cabello la experta en el arte le decía: “No me sirve porque lo tiene muy fino y escaso”. A la hora de negociar con el cabello no importa mucho si está pintado, decolorado o ya con canas naturales, lo más importante es que sea largo y frondoso.

“Trae a una amiga y gana”

Para quien no tiene la posibilidad de obtener unos pesos colombianos extra, producto de la venta de parte de su cabello, el negocio sigue siendo seductor.

“Trae a una amiga con pelo abundante y largo, y te ganas 5.000 pesos (3.571 bolívares). Por cada clienta que me traigas que le saquemos mechones te doy tus pesos”, le dijo Sara, otra de las cortadoras de pelo a la venezolana que no pudo vender el suyo.

Las comerciantes reconocen que el negocio es lucrativo por lo que cuentan con al menos 50 compradores de cabello en un trayecto de al menos un kilómetro de la línea limítrofe. Aseguran que en este momento están ofreciendo una alternativa de ingresos a la población venezolana.

“Vienen de todas partes a cortarse el pelo pero la mayoría son venezolanas que dejan aquí mismo en La Parada, los pesos que les pagamos. No hay diferencia de edad para sacar los mechones. Desde niñas de 9 años hasta doñitas de más de 60 años han venido a venderlo”.


¿A dónde va mi pelo?

Pelucas, extensiones o implantes, aseguran los comerciantes que se fabrican a partir de los mechones de cabello natural que se compran en las adyacencias del puente internacional Simón Bolívar, el punto más transitado de la frontera colombo-venezolana.

Desde 160.000 hasta en 350.000 bolívares o su equivalente en pesos se puede cotizar una extensión de cabello natural en una peluquería de Cúcuta o a través de los comercios online de la zona.

A medida que pasan los días y se corre la voz de que a cambio de un par de mechones se pueden obtener algunos pesos, el flujo de quienes desean venderlo ha aumentado, aseguraron los comerciantes.

Te puede interesar

Compartir