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8 cosas que piensan todos los hombres y nunca se atreven a decir

Seamos honestos. La mayoría de las parejas funcionan porque no se dicen todo lo que piensan. Vivir bajo el mismo techo tiene sus cosas buenas, pero también muchas malas. Tienes que amoldarte a tu compañero sentimental, a sus manías, sus horarios… Y eso no es plato de buen gusto para muchos. Tanto ellas como ellos, por evitar una discusión (o decenas durante el día), callan y hacen lo que su par quiere. Aunque en este tema hay mucha tela que cortar, hoy hablaremos de los hombres. De todo eso que quieren decir a su novia cada día pero silencian, por mucho que les pese.

Una serie de entrevistas realizadas por expertos en relaciones sentimentales ha sacado a la luz esta importante realidad. Tras hablar con parejas de 53 ciudades diferentes de todos los continentes, los estudiosos han llegado a importantes conclusiones, recogidas por ‘Prevention’. La investigación cualitativa ha resumido en 9 puntos aquellas cosas que los hombres quieren decirle a sus semejantes pero callan, por el bien de los dos. Si tú, lector, eres hombre, seguro que te sientes identificado; y si eres mujer seguro que te ayuda a comprender (más) a tu maridito y dilucidar por qué en ocasiones se comporta de determinada forma. Atentos:

1) “A veces quiero estar SOLO”

Los hombres necesitan su espacio. Sí, les encanta ayudarte con la compra, a doblar camisas y a hacer tus recados. Pero después de todo ello, quieren y necesitan unos minutos u horas para estar con ellos mismos. Leyendo, viendo la tele, hablando con sus colegas por móvil, contestando emails o, simplemente, pasando un rato en su silenciosa soledad. Es una necesidad psicológica que las mujeres tienen que respetar.

A muchos les encantaría decir: “Cariño, ahora mismo quiero estar solo. Te llevo escuchando dos horas seguidas, creo que ya es suficiente por hoy. Ahora quiero coger el libro que ves sobre la mesa y leerlo tranquilamente. Y es un plan que no te incluye. Gracias”. Pero, por razones obvias, no lo hacen. Se arriesgan a una bronca de horas, de discusiones sobre la salud de la pareja o, lo que es peor, a un periodo de sequía sexual por enfadar a su media naranja.

2) “Hazme más caso que a los niños”

Cuando los niños llegan al hogar todo cambia. Las prioridades son otras y se enfocan en ellos. Toda la atención de la madre irá a parar a sus pequeños retoños, desplazando inevitablemente al hombre a un segundo o tercer plano. Ella puede perder incluso el interés sexual por su pareja durante un periodo de tiempo. Y no solo eso, sino que todo el tiempo libre que tiene prefiere pasarlo con sus queridos hijos que con su marido, al que hace meses le colmaba con mimos y atención.

Es ley de vida, pero no por ello es plato de buen gusto para ellos. “Querida, ¿te acuerdas que antes follábamos todas las noches y ahora solo leemos cuentos a los niños?” u “Hola, existo, vivo aquí desde hace tres años. Contigo. De hecho, nos casamos, y esos hijos a los que adoras son fruto de nuestro amor” son algunas de las frases que ellos querrían decirle a su pareja cuando se vuelven invisibles para ella.

3) “Cariño, has engordado”

Es un tema delicado. Puedes reconocer perfectamente a un casado por la curva de su barriga, y a una casada por el tamaño de sus cartucheras. Decirlo no es políticamente correcto, pero es así. Y a ningún miembro de la pareja le gusta ver cómo su amorcito se deja, y gana kilos por año que pasa a su lado. El amor es así, amigos. Te relajas, alguien te quiere y te hace el amor. Te retiras del tan exigente mercado del sexo. Todos somos conscientes de ello, y los hombres también.

Les encantaría decirle a sus esposas lo mucho que han engordado desde que se dieron el sí quiero, pero no se atreven. Verbalizar eso es sinónimo de divorcio. Lo saben y por eso callan. Dicen “No cariño, no has cogido ni un gramo, estás estupenda” cuando en realidad quieren decir “Pues sí amor, has ensanchado; de hecho esos pantalones ni te cierran; vas a estallar”.

4) “Que me digas más lo que me quieres”

La magia del amor se va apagando de manera proporcional a los años de convivencia. Ya no es tan atento ni tan cariñoso. Y eso pesa sobre los hombres. Aunque parezcan tan varolines y machos, necesitan que sus parejas les demuestren todo lo que les aman. Y no solo no abandonándolos, sino con palabras. Los ‘te quiero’ que antes se repetían durante todo el día, han quedado reducidos a ocasiones especiales, lo que les hace sentir infravalorados.

5) “Me gustaría que fueses más directa”

Hombres y mujeres conviven y hablan, pero eso no quiere decir que se entiendan. El canal por el que circula el mensaje no es el mismo para los dos sexos, lo que complica sobremanera el entendimiento. A todo ello se suma, valga el estereotipo, que ellos nunca entienden lo que ella quiere decir (que no significa que sea lo que realmente está verbalizando).

A las mujeres hay que quererlas, no hay que entenderlas. Los hombres lo saben y lo aceptan, pero les gustaría que hubiese una comunicación más clara en su relación de pareja. Esto es, que las féminas sean más claras. Que si quieren A, digan “quiero A”, y no que digan C para que él llegue a la conclusión de que en realidad quiere “A” pero que “B” también está bien.

6) “Me preocupa dejar de excitarte”

Aunque ellos parezcan muy seguros de sí mismos y de su virilidad, hay que animarles. Tienen que sentir que siguen poniendo muy calientes a sus esposas. Es algo tremendamente importante, porque si el macho de la pareja siente que su mujer no se siente atraída por él, puede salir a buscar una amante (normalmente más joven) que le recuerde que además de padre y marido sigue siendo un hombre, con todas las de ley.

A ellos les encantaría decir en voz alta: “Querida, dime lo mucho que te gusta acostarte conmigo y que me deseas, a pesar de que me esté quedando sin pelo y mi pelo ya no sea del mismo color que cuando nos casamos. Quiero que me hagas sentir que sigo siendo aquel que mojaba tus bragas”.

7) “Deja de corregirme y sacarme defectos”

En ocasiones, las mujeres no filtran y son demasiado directas con sus parejas. Vale que ellos son torpes en muchas ocasiones, pero el “déjalo, ya lo hago yo” les mina la moral y les hace sentir mal. El ego masculino es así. A los hombres les gusta sentirse útiles. Si están por ejemplo tendiendo la ropa, no quieren que su mujer les diga: “Los he visto más rápidos” o “¡No pongas la pinza ahí, estás tonto!”. Ante estos ‘ataques’ (normalmente merecidos) ellos no contestan y se tragan su ira, cuando en realidad les gustaría decir: “Joder, deja de sacarme defectos. Lo estoy intentando, ¿vale?”.

8) “Que me abrazases y me cuidases”

Las muestras de cariño brillan por su ausencia en una pareja que lleva años casada. Ven a su media naranja todos los días, a todas horas, por lo que la magia se pierde, sobre todo en el caso de ellas. Las féminas dejan de dar mimos a sus maridos, y estos lo notan. Se acercan más a ellas esperando que sea recíproco pero obtienen un “Ay, déjame, que estoy liada/cansada”. En estos momentos a ellos les encantaría gritar “¡Ya ni me tocas!”, pero no lo hacen y se frustran. Bueno, mujeres del mundo, ahora ya sabéis esto y 7 cosas más, por el mismo precio.

Fuente: El Confidencial

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