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España: Rosa, la anciana sin luz que murió por una vela

Era su tragedia y por eso murió: entre llamas

Se alumbraba con cirios porque le cortaron la luz. También querían desahuciarla

Un piso de 50 metros cuadrados en la oscuridad. Un frigorífico inerte en la sala de estar. Una chaqueta de invierno colgada en el respaldo de una silla. Un termómetro que marca diez grados centígrados. Unas velas tenebrosas. Un espejo con un marco rojo. Unas revistas y unos lápices sobre una mesa rectangular. Una inminente cita de la nieta querida en el ambulatorio. Correspondencia del BBVA y de Aiguës de Reus a nombre de la abuela Rosa. El suelo ennegrecido de restos de ceniza. Las ventanas abiertas para que el habitáculo se ventile. Los restos de un incendio. Las huellas de la vida de una anciana segada por la pobreza energética. Una de las más de cinco millones de personas que viven en España en esta situación.

Rosa Pitarch Vicente era una mujer vulnerable de 81 años. Vivía sola en el corazón de Reus. La enterraron hace cuatro días en Tarragona tras su trágica muerte. Falleció durante la madrugada del lunes entre llamas y humo después de dos meses sin suministro eléctrico por impago. No salía apenas de su hogar, un piso de alquiler ubicado en el número 18 de la calle Santa Anna rodeado de cafeterías y restaurantes de moda. Era una vecina anónima. Invisible. Casi un fantasma. Simplemente, la del 2º B.

La vecina desconocida falleció por asfixia. Así lo revelan los resultados de la autopsia, que se conocieron tres días después del deceso. La autopsia concluye que la mujer sufrió una caída al intentar escapar del colchón en llamas. Con toda probabilidad, sufrió mareos por la falta de oxígeno, según fuentes policiales.

La abuela Rosa, nacida en 1935 en Vistabella del Maestrazgo, en la provincia de Castellón, prefería permanecer en su pequeño salón leyendo revistas en silencio que bajar a la calle. Desde que le cortaron la luz, resistía en un hogar alumbrado con velas. Las mismas que, según la investigación, incendiaron su colchón y provocaron la humareda que acabó con su vida. Asfixiada por el humo, Rosa murió sola, en silencio. Víctima de la miseria y de errores en los mecanismos previstos por la Ley 24/2015 [obliga a que las compañías de luz, agua y gas informen a los servicios sociales de que van a cortar el suministro por impago].

La vida de la octogenaria estaba entre las cuatro paredes del 2º B. A 150 metros del ayuntamiento y sus servicios sociales. Golpeada por la precariedad, vivía ajena al dinamismo de las calles de Reus, la segunda mayor ciudad tarraconense. Su nieta Tania, de 37 años, la visitaba con frecuencia, siempre con comida recién hecha. Eran visitas que rompían el aislamiento de la señora. Rosa contaba también con el amor de la hija de Tania, Silvia.

Una vida solitaria

La bisnieta, una estudiante de 20 años, ha costeado el entierro. A Tania y Silvia, madre e hija, no les une una relación estrecha. La hija no quiere saber nada de la madre. Una familia “compleja” y “desestructurada” que “rechazó” la atención de la trabajadora social 10 días antes de la tragedia, en palabras del alcalde de Reus. Los servicios sociales del municipio empezaron a atenderla hace tres años.

Aunque Rosa no se sentía mayor, detestaba que se refirieran a ella como una anciana. Llevaba una vida solitaria. Sin contacto con los demás, sin dar explicaciones ni pedir nada a nadie, silenciando su pobreza extrema. El anonimato que la acompañó durante años permanece, incluso tras una muerte triste y despiadada que muchos creen que pudo haberse evitado.

Las señales eran abundantes pero nadie pulsó el botón de alarma. El Ayuntamiento de Reus y Gas Natural se culpan mutuamente. La compañía asegura que el consistorio no comunicó que Rosa llevaba años en situación de vulnerabilidad. La Generalitat ha tomado partido por el Gobierno municipal, que ha anunciado que espera a tener todos los datos de la investigación abierta parapresentar una denuncia ante la Fiscalía. El debate se ha trasladado de la calle al Congreso de los Diputados. Podemos convocó ayer escraches contra Gas Natural y pide que su presidente, Isidro Fainé, explique el corte de luz en la Cámara Baja.

La familia de la víctima no quiere hacer ruido. Sólo pide que el Ayuntamiento calle. Lo acusa de obviar mucha información de Rosa y de la actuación de los servicios sociales con la voluntad de “construir un relato que le beneficia”. Àngels Alegre, abogada y familiar de la bisnieta de Rosa, arremete contra el alcalde, Carles Pellicer. “Es reprobable, indigno e inhumano que utilice información personal de una fallecida”, señala a Crónica la letrada, que acusa al regidor de CiU de dar información “sesgada”. A su juicio, la conducta de Pellicer es “ilegal, bruta, cruel, despiadada e incívica”.

Silvia, la bisnieta, ha llorado la muerte de Rosa sin dar información del caso “pese a que tiene mucha; y sin decirle al consistorio en qué ha fallado”. La abogada lamenta que desde el Ayuntamiento no les han llamado para ofrecerles ningún tipo de ayuda tras la muerte. Critica que ha sido la propia bisnieta quien se ha encargado de los trámites para el entierro. La jurista indica que la anciana tenía asignada una profesional de los servicios sociales que debía hacerle seguimiento.

La abuela tenía un alquiler bajo en un bloque estrecho de seis pisos. Pero dejó de poder pagarlo el pasado enero. El dueño del inmueble pidió una orden de desahucio. La miseria acechaba a Rosa. A ella, tras vivir la Guerra Civil y la posguerra, la cercaba la precariedad extrema. La escalera de aspecto desvencijado donde pasó sus últimos años de vida está rodeada por una modernísima tienda de costura y por un restaurante de sushi. Ni en un negocio ni en otro la conocen. Tampoco en las dos farmacias más próximas, en la panadería Sistaré ni en el Colmado Baró. Sus vecinos sabían de su existencia porque Servicios Sociales les había tocado el timbre por error en alguna ocasión preguntando por ella. Era la del 2º B.

Aunque casi nadie en Reus puede -o quiere- ayudar a construir su biografía, la víctima tuvo una vida. Rosa era una señora viuda de aspecto corpulento pese a su baja estatura. Madre y mujer independiente, sufría los problemas de una familia difícil. Su nieta Tania no se entendía con sus padres. El día en el que la echaron de casa, la abuela la acogió en el piso de aspecto desconchado en que vivió antes de trasladarse al que se incendió. Conocidos de Tania la definen como una persona amante de los animales que disfruta de su nueva vida junto a su prometido tras lograr dejar atrás una juventud compleja en la que tuvo problemas con sus padres y con la Justicia. Fue en su complicada adolescencia cuando Tania alumbró a Silvia.

En los últimos tiempos, Tania afirmaba que su auténtica familia estaba formada por su abuela, su pareja y sus dos gatos. Cuando Rosa estuvo ingresada en un hospital hace año y medio por problemas renales, Tania estuvo a su lado. Junto a su “gorda”, junto a “la dueña y señora de mi corazón”, que es como se refería a ella cariñosamente. La veía como a una madre. Para Tania, Rosa era su madre, su abuela, la mujer más importante de su vida y su mejor amiga. Sin discusión alguna. Así la retrató hace dos años en internet: “Mi yaya es la luz de mis ojos. La mujer que siempre apostó por mí. La mejor del mundo”. Tanto Tania como Silvia querían con locura a la abuela.

¿Y los servicios sociales?

Tania no supo decir nada durante los dos meses que su abuela pasó sin luz. El Ayuntamiento le pagaba el recibo del agua pero desconocía que le hubieran cortado el suministro eléctrico. En calles y despachos de Reus se asegura que en una ocasión Tania echó de casa a representantes de los Servicios Sociales y que renunció al servicio de teleasistencia que había tenido su abuela. A la nieta se la ha tragado la tierra. En el piso que hasta hace casi 20 años compartió con sus padres, en la calle Oriente, los nuevos ocupantes no saben nada de ella.

En otro barrio de Reus, en una calle con varios restaurantes marroquíes, conocen algo más a Rosa y a Tania. Vivían en el segundo piso de una desarreglada finca esquinera en la que el resto de vecinos eran sobre todo marroquíes. Abdelmajid El Machichti, 54 años, es uno de ellos. “La pobre estaba sola, y durante un tiempo vivió aquí también su nieta”, apunta el hombre, que recuerda que un anciano, también vecino del arrabal, visitaba a la abuela para traerle comida y hacerle compañía.

Dos comerciantes describen a la mujer de 81 años como “introvertida”. “Nunca se hizo amiga nuestra, a diferencia de la mayoría de vecinos”, coinciden. Ambos confirman que Rosa tuvo un gran amigo: un hombre casado que se preocupaba por ella. El señor, hoy viudo, mayor de 85 años, rechaza hablar sobre ella.

El caso llegará a la Fiscalía. El consistorio y el Gobierno catalán culpan a la empresa por dejar a Rosa sin suministro. Para el president, Carles Puigdemont, “el error es clarísimo”. La Generalitat ha abierto un expediente. Gas Natural acepta que la Ley 24/2015 de pobreza energética del Parlamento catalán contempla una comunicación previa al corte, pero apostilla que la Generalitat aún no ha aprobado el reglamento que especifica cómo aplicar la normativa. Una visión no compartida por el Govern, que refiere que la Ley 24/2015 no requiere de reglamento adicional alguno.

En la práctica, cada compañía comercializadora hace su propia lectura. Sólo en Cataluña, se atiende a 9.211 abonados vulnerables de 419 municipios, según los datos de Gas Natural. Sus beneficios en 2015 fueron de 1.502 millones de euros.

Ningún amigo o familiar de la fallecida asiste el miércoles al mediodía a la ruidosa concentración convocada en la plaza Mercadal de Reus por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y la Alianza contra la Pobreza Energética. Unas 90 personas gritan con fuerza que “la pobreza energética mata” y que “hoy ha sido Rosa, ¿mañana quién será?”. Ni Generalitat ni consistorio “han hecho absolutamente nada” por evitar la tragedia, protestan. La Policía les impide entrar al edificio municipal y se viven momentos de tensión. Los activistas depositan velas y lanzan gritos de “asesinos” al ayuntamiento, situado a la vuelta de la esquina de la vivienda de Rosa. Ninguno de ellos la conocía. Ni siquiera como la del 2º B.

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