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Oscar Henrrique Fuenmayor: Al son que le toquen baila

 

Algunos amigos pensionados y jubilados ociosos como yo, probablemente para distraer nuestro desamparo ante la realidad capitalista del país, hemos constituido una mesa de diálogo en la cual nos entretenemos conversando de variados temas. La última  vez que nos vimos no tocamos el tema del bono de alimentación y salud o la cestaticket socialista, para no arrecharnos y no ponernos más preocupados de lo que ya estamos por de la incertidumbre que tenemos acerca del futuro del país y el de nuestras deficiencias alimentarias. En esa ocasión conversamos acerca de las habilidades para el baile que tiene nuestro Presidente.

Después de un intenso debate que duró varias horas (hasta las tres de la madrugada) y donde a nadie se llamó vampira o vampiro, llegamos a la conclusión unánime que el Presidente Maduro al son que le toquen baila. Ese fue el dictamen de la mesa, no una apreciación personal mía que apenas si medio pirateo el bolero, y eso,  en cámara lenta.

Pues sí, este hombre es una verdadera maravilla para el baile, muchísimo mejor que el belicoso premio nobel de la paz, Paraco Obama. Nuestro presidente  Inclusive le lleva una morena a Abdalá Bucaram, aquel alegre loquito que fue presidente de Ecuador y destituido por incapacidad mental para gobernar.

Analizamos los videos de salsa en los que se ve al Presidente como un motor bien activo y pudimos comparar con el hombre del motor en la entrepierna, a quien la verdad nunca se le ha visto tal hiperactividad salvo en su lengua incontrolable. Así pudimos comprender como un hombre que pesa 250 kilos por lo bien que se alimenta, tan bien papeado y cachetoncito  como se le ve, pudiera moverse con la fluidez y la gracia con que frecuentemente lo hace frente a las cámaras y al país.

Nuestra convicción es absoluta, plena como la luna llena, al son que le toque baila. Si bien no ha demostrado movimientos eficientes en la economía, no se le puede negar que es en el baile donde manifiesta la gran destreza que a todos nos consta por lo que hemos visto en la televisión. ¡Hay que ver cómo se mueve ese hombre! Desde el merengue apampinchao, pasando por la salsa y el reggaetón, hasta llegar a la cumbia, el Presidente Maduro nos ha dado una verdadera cátedra de baile para transmitirnos que somos un pueblo alegre y enérgico, bien alimentado, así como él. Después de haber visto todas estas demostraciones algunos de nosotros comentamos que no nos extrañaría que el Presidente tuviera conocimientos de danza árabe o ballet clásico.

Y por lo visto no solo se mueve con gracia y agilidad en ritmos tan diversos y exigentes en materia musical, sino que también lo hace al ritmo de los acreedores financieros internacionales del país y dueños de la soberanía y de nuestras menguadas humanidades. Es aquí en este tipo de baile en que el primer mandatario despliega una depurada y ortodoxa técnica de movimientos –en los que a decir verdad– no se le ve improvisar alegremente como en la salsa o la cumbia, ritmos que domina con perfección y elegancia peculiares y con los que ha prometido continuar amenizando el largo y doloroso régimen alimenticio en que se nos ha convertido nuestra vida en esta V república. Primero la deuda, después la gente.

Así pues, tal y como se desprende de nuestros rigurosos análisis en la mesa de diálogo, si bien el hombre improvisa en esos bailes populares, no luce igual cuando se trata de los ritmos que dictan nuestros deudores, quienes nos obligan a pagar esa sospechosa deuda ¿inauditable? que ha enriquecido a bandidos de la peor ralea y que seguramente andan por el mundo también bailando en una pata, ellos; y en sus dos pies, el Primer Mandatario,  feliz porque sobrevive al 2016 sin tener que ganarse los votos de los pensionados y jubilados en el referendo revocatorio. Igual derrocha talento natural cuando se trata de de la danza de los millones que suelen interpretar para nosotros los inversores de la faja, las empresas de servicios del Lago y las corporaciones de la minería en el AMO. Aquí es donde ha desplegado sus dotes de bailarín consumado y ha demostrado que también sabe acoplar su voluminosa y bien alimentada humanidad a las exigencias de tan rigurosos menesteres artísticos y finacieros.  Ahí ha danza junto a Cisneros, a la GOLD RESERVE unos armoniosos pasos de baile por la pista de la depredación de la naturaleza y de nuestra soberanía que haría palidecer de envidia a Oscar de León y hasta el mismo  Rudolf Nuréyev.

Hay que reconocer los méritos a quien los tiene: El Presidente Maduro es un taco para el baile.

 

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