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La evolución de los estandartes romanos

Todos conocemos los estandartes romanos, con el águila como máxima expresión. Sin embargo, como todo lo relacionado con los romanos, también fueron evolucionando con el tiempo.

En un principio, los estandartes romanos se componían de un puñado de paja o helecho atados en lo alto de una lanza. Este puñado o “maniple” dio nombre a las compañías de soldados, conocidas como manípulos.

Estos proto estandartes romanos evolucionaron pronto a figuras de animales, que según Plinio el Viejo adoptaban la forma de lobos, minotauros, caballos, jabalíes y águilas. Fue a partir del segundo consulado de Cayo Mario (el gran reformador de las legiones romanas) cuando se dejaron de lado todos menos las águilas.

La “Aquila” solía ser de oro o plata y de pequeño tamaño, no por el coste, sino porque su reducida medida posibilitaba que en caso de peligro de pérdida (la peor deshonra para una legión), se podía desmontar y el portador del estandarte, conocido como “signifer o aquilifer” la podía ocultar fácilmente entre los pliegues de su faja y evitar su captura. Debajo del águila se solía colocar una talla del emperador de turno, y el mástil tenía una punta de hierro para que el portador la pudiese clavar en el suelo y repeler ataques.

Otra variante del águila de las legiones, eran los estandartes en forma de orbe, que a veces también llevaban encima una figura de bronce que representaba la “Victoria”, y que simbolizaban el dominio de Roma sobre el mundo.

Además de los estandartes romanos de la legión, cada cohorte tenía su propia insignia, en forma de serpiente o dragón, que se tejían en una pieza cuadrada llamada “textilis anguis“, portada por el “draconarius” mediante un poste dorado y sobre elevada con una barra transversal.

Igualmente, cada centuria disponía de una insignia, con el número de la cohorte y centuria, conocida como “signum” debido a que culminaba en una mano.

Finalmente, con Constantino y la llegada del cristianismo, los estandartes romanos se cambiaron y se sustituyó la cabeza del emperador por el “crismón“, tejido en oro sobre tela púrpura, y se le dio el nombre de “labarum“.

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