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Colombianas ofrecen un dineral a venezolanas por su cabello

Las damas que gozan de abundante cabellera siempre han llamado la atención en cualquier escenario, pero si están atravesando el puente internacional Simón Bolívar, pareciera que el interés en ellas es mayor, debido a la nueva modalidad de comercio que del lado colombiano se ha implementado y que consiste en la compra, por mechones o capas, de este importante y natural atractivo femenino, reseñó La Nación.

Por José G. Hernández

Aunque despierta la curiosidad entre miles de personas que a diario atraviesan el elevado internacional que comunica a Venezuela y Colombia, esta práctica pareciera no tener nada de malo, ni ser ilegal al otro lado de la frontera, pues son varios los captadores de clientas que, delante de los funcionarios policiales y militares, gritan: “se compra volumen de cabello, a buen precio”.

La frase la repiten con mayor insistencia cuando observan a una fémina con abundante y larga cabellera. “Mami, compramos cabello, solo le bajamos el volumen, le queda igual de largo; pagamos bien”, dice Adrián, tratando de convencer a una mujer de frondosa cabellera negra que caminaba hacia la localidad colombiana de La Parada, ahí mismo, terminando el puente, donde se dice están los locales donde “las negritas” hacen el entresacado. Todo depende de la decisión de la clienta.

De aquí llevamos las mujeres y “las negritas”, como identifican a las personas de la costa colombiana, le entresacan el cabello. Pagan desde 40 mil hasta 200 mil pesos, dependiendo del largo, el grueso, lo abundante. “Lo que se le baja es el volumen, entresacado, el largo le queda igual”, explica el hombre de La Parada, quien, al igual que muchos otros de esta localidad, se dedica a esta particular actividad como forma de rebusque.

De 20 mil a 200 mil pesos

Dos o tres mechones pueden valer 20 mil o 30 mil pesos, pero por varios mechones o capas, dependiendo del volumen, la mujer puede recibir 100 mil, 150 mil y hasta 200 mil pesos. Los 200 mil pesos, dependiendo del cambio diario, pueden representar alrededor de 150 mil bolívares. “Las negritas” son las que ponen el precio, de acuerdo al volumen que puedan entresacar.

Por cada clienta que lleve a “las negritas”, que hacen el entresacado en lugares que no son precisamente peluquerías o salones de belleza, el captador o la persona que convence a la vendedora de cabello se puede ganar 5 mil o 10 mil pesos, según el volumen de cabellera que entresaquen.

Así como los captadores tratan de convencer a las damas para que vendan mechones de cabello, también hay mujeres que de manera voluntaria lo ofrecen y también se conoce de gente que lleva mechones ya cortados, guardados en bolsos o carteras, a ofrecerlos en venta, aunque esta última modalidad no es muy común.

A nadie obligan

“Uno grita: se compra cabello a buen precio, y ellas (las damas) llegan. Preguntan a cómo lo pagan y uno les dice que depende. Las llevamos allá y ‘las negritas’ les dicen cuánto pueden pagar. Si aceptan lo que les ofrecen, pues le entresacan los mechones, pero si dicen que no, a nadie obligan”, narró Adrián.

Compran cabello solo a mujeres, no importa si tiene tinte o está en estado natural, como sea es bienvenido. El captador dice que muchas mujeres venezolanas están vendiendo parte de su cabellera, alegando que la situación económica en el país está difícil y en vista de las necesidades que tienen, lo hacen para llevar comida a sus hijos y cubrir otros gastos familiares.

El aparente uso que dan al cabello

Si bien las únicas personas con las que se pudo conversar sobre el particular negocio fueron precisamente los captadores de potenciales clientas, estos indicaron que la compra del cabello se hace con el propósito de utilizarlo como extensiones o hacer pelucas para personas que padecen cáncer y debido al tratamiento que amerita este tipo de patología, se les cae su cabello. “Eso dicen quienes lo compran; ellas vienen de Cali, de la costa y también de Bogotá”, dijeron.

En la localidad de La Parada, y en otros lugares públicos del centro de Cúcuta, es conocido que se hace este tipo de negocio, el cual tomó fuerza tras la reapertura peatonal de la frontera colombo-venezolana. Esta actividad informal, entre tantas que se dan en la frontera común entre ambos países, pareciera no tener nada de ilegal, aunque está claro que su ejecución y continuidad dependen más del sentido de responsabilidad, valoración y aprecio que tenga cada ser humano por uno de los atributos y atractivos naturales más importantes que nos ha dado la naturaleza.

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