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José Rafael Revenga: El Petróleo: Un Acuerdo Ineludible

 

El viernes 25.11 registra la mayor baja en los precios del crudo ocurrida en los últimos dos meses. El hecho presagia la incertidumbre vigente a tres días de un posible acuerdo, por parte de los países miembros de OPEP, en torno a la restricción de la producción a fin de evitar la caída del valor de los marcadores internacionales.

Los contratos a futuro enmarcados en el Brent se situaron en $47,24/b para una caída de 3,59% mientras el WTI cayó a $45,88/b.

Lo que está en juego es determinar si la reducción de los niveles de producción va a ser consensual y si su aplicación es creíble.

Adicionalmente existe el escollo de la exigencia por parte de Arabia Saudí en relación a la participación de los productores no-OPEP en la aprobación del acuerdo.

Las últimas propuestas mencionan un recorte de 1,1 millones b/d por parte de 0PEP y 600.000 b/d asignados a productores no-OPEP. La gran interrogante sigue siendo la postura de Irán la cual se resiste a clarificar su posición.

Sin embargo, el Ministro de Energía Bijan Namdar Zanganeh declaró:

“Si llegamos a un acuerdo, soy optimista que los precios aumentarán y la economía global require  esas condiciones”.

Señales optimistas

Una semana antes de la crucial reunión de la OPEP, programada para el miércoles 30.11, el Primer Ministro de Irak, Haider Al-Abadi anuncia estar de acuerdo para fijar un tope al precio del crudo y aun más, acepta un recorte de su producción. Su propio Canciller había comunicado, el día antes, la postura opuesta.

Como resultado del anuncio la expectativa a nivel mundial, en cuanto al resultado del evento en Viena, creció positivamente a pesar que los precios diarios no reaccionaron inmediatamente a la espera de la redacción final del documento.

En el mercado estadounidense, las ventas a futuro de crudo (CLc1) se estabilizaron en $47,96/b y en el mercado europeo el marcador Brent cerró en $48,95/b.

Ya el martes 22.11 el Ministro de Petróleo de Irak, Jabbar al-Luaibi, había afirmado:

“Las exigencias legítimas de Irak no deberían ser percibidas como un obstáculo para alcanzar un nuevo acuerdo para congelar la producción”.

Pero después del pronunciamiento iraní ahora luce factible el logro de una primera meta: la reducción de un millón b/d durante un período de seis meses. Esta dista mucho de ser una solución definitiva pero ayuda a reducir los inventarios abultados por la oferta excedentaria.

Una reducción de 1 millón b/d aumentaría los precios del crudo en $3/b. Si la demanda creciera en otro millón los precios ganarían otros $4/b

Hay que tener en cuenta que el marcador WTI pierde $5/b entre el 20.10 y el 18.11 para situarse en $45/b lo cual anunciaba un probable descenso hacia los $40/b. Dicha situación presentaba un abanico de diversas amenazas para los múltiples intereses nacionales y transnacionales tantos públicos como privados.

En otras palabras, no hay nada tan aleccionador como asomarse al umbral del precipicio para asumir una postura colectiva resultante de la integral de la defensa de intereses individuales.

El resultado más positivo de la reunión de la OPEP mantendría los precios del crudo entre $45 y $50/b. No luce probable que los acuerdos logren rebajar el nivel total de la Organización a la meta física promovida por Arabia Saudí equivalente a 32,5 millones b/d la cual requeriría una rebaja del 2%  a nivel total.

Argelia, Qatar y Venezuela son los más activos promotores de un acuerdo en Viena

El Ministro de Petróleo de Irán se pronuncia optimista y considera unos recortes como “altamente probables” después de conversar el 19.11 con el Secretario General de la OPEP: “Pienso que los miembros de OPEP honrarán el acuerdo e intentarán ponerlo en acción”.

Entre los numerosos ires y venires de los protagonistas de cómo llegar a una decisión colectiva cuando la toma de decisiones ya no obedece a la lógica de un cuartel, es relevante señalar la visita del Secretario General de la OPEP, Mohamed Barkindo, tanto a Venezuela como a Irán, en la búsqueda de un “mecanismo eficiente” para hacer aceptable y sujeto a supervisión la regulación de los niveles de producción.

La última declaración de Barkindo aumenta la percepción positiva de los traders y de los money managers en cuanto al resultado de Viena:

”It is highly likely that oil and energy ministers of the member countries of the Organization of the Petroleum Exporting Countries will reach an agreement on Nov 30”.

Este clima de una resolución positiva de la incertidumbre fue reforzado por un cambio de la estimación del precio futuro del crudo anunciada por el banco de inversiones  Goldman Sachs el cual ahora espera un promedio de $55/b para el primer semestre del 2017. La prospectiva anterior mencionaba un rango entre $45 y $50/b.

La dinámica real de los precios es, a la vez, reflejo y prueba,  de la positiva atmosfera de expectativas. Así el lunes 21.11 los marcadores mostraron un alza de casi 4% situándose el Brent en $48,91/b y el WTI en $47,49/b.

La credibilidad del acuerdo determinará su éxito

El desafío de los participantes en la reunión de Viena es cómo encontrar un lenguaje que transmita resolución en cuanto a la disciplina en la aplicación de los términos del acuerdo el cual no puede sino expresarse en términos vagos.

A solo dos días de la crucial reunión de la OPEP el 30.11 focalizada en decidir si  se aprueban un techo y una  posible reducción alícuota a los principales productores de crudo con la finalidad de evitar que los precios desciendan por debajo del nivel de $40/b, se multiplican las gestiones de consenso y las declaraciones optimistas.

En ese sentido, el Ministro de Energía de Arabia Saudí ha asumido las riendas protagónicas con las cuales intenta sembrar la idea que el consenso para aprobar una congelación sí puede lograrse y que la postura de Irán es susceptible de un acomodo:

“Irán no es un problema. Irán se encuentra en una solución particular y requiere un tratamiento particular. Ellos no se someterán a la misma regla para la reducción. Estudiaremos cual es la mejor solución para irán.” (17.11.2016)

Expectativas

Desde mi atalaya de visión limitada considero que sí habrá  un acuerdo cuya carga real recaerá sobre los hombros de Arabia Saudí y de sus socios árabes del Consejo de Cooperación del Golfo.

El reto es hacer el acuerdo efectivo y sobretodo, creíble para los mercados a mediano plazo. Se acordará que algunos de los principales productores “congelarán” su nivel mientras otros procederán a una “reducción” real.

Si la combinación de intenciones más la aparición de hechos comprobables es suficientemente  creíble tendremos un “acuerdo” no tan amplio y serio como el esbozado el 28.09 en “Argelia”, principalmente promovido por el Reino Saudí, pero “acuerdo” en fin de cuentas.

¿Cómo cuantificar un nivel de producción total para OPEP para que el acuerdo tenga “músculo”? En Argelia el Reino propuso un rango entre 32,5 millones b/d y 33 millones b/d como tope para la producción de OPEP.

Dado que la producción actual de OPEP supera los 35 millones b/d, debido a incrementos generados en el último trimestre del 2016, la reducción para ser efectiva tendría que alcanzar unos dos millones b/d lo cual luce poco probable por lo cual algún ajuste benigno en las cifras oficiales de producción parecería necesario.

Es decir, se puede anticipar la fórmula del acuerdo por lograr según la siguiente ecuación: Arabia Saudí (500.000 b/d), otros integrantes del Consejo de Cooperación del Golfo (500.000 b/d) + declaraciones de apoyo por parte de Rusia, Irán e Irak de una eventual colaboración en mantener sus techos actuales deberían ser suficientes para situar los precios en un nivel de $50/b.

En el caso de Irak el aumento de 1$ en el precio del crudo significaría unos ingresos anuales adicionales de 1 mil millones de dólares. Un recorte de la producción en un millón b/d, por parte de OPEP, pudiera representar un alza de $5/b en relación al nivel actual.

El jueves 17.11 surge la fórmula de limitar el acuerdo a solo seis meses lo cual permitiría revisar los criterios cuantitativos para una posible renovación por otros seis meses. Este enfoque promete viabilidad en el sentido de lograr un consenso que admite una serie de excepciones pero su precariedad es su mayor debilidad frente a los inversionistas.

En todo caso, los productores involucrados se valdrían de un “acuerdo” que calmaría en algún grado a los mercados con la esperanza de lograr un re-equilibrio durante el segundo semestre del 2017.

El viernes 25.11 el Ministro de Energía de Rusia, Novak, enfatizó el compromiso de apoyar una congelación de la producción en los niveles actuales los cuales se encuentran en su mayor marca histórica. (ver:  https://goo.gl/2diL3r). En la práctica, este criterio significaría que Rusia dejaría de aumentar su producción en  unos 300.000 b/d  durante 2017.

OPEP ha propuesto la reducción de 500.000 b/d de parte de los productores no-OPEP.

Una apuesta borrosa

La dinámica de la reunión de la OPEP luce particularmente desafiante pero los principales protagonistas apuestan al optimismo mediante el hábil uso de lo que ahora se conoce como  “post-verdad” [ver] según la cual una información proyectada más allá de su contenido real es interpretada como más creíble que el dato originario. En otras palabras, por minúsculo sea el “acuerdo”, él será interpretado como un logro mayor el cual se alcanzará en algún futuro no precisado.

Además, hay que considerar que el beneficiario más directo de una fijación de los precios del crudo en una banda de cinco dólares alrededor de los $50/B es la industria del “shale” en los EE.UU. y en otras naciones.

El “efecto Trump”

El “efecto Trump” puede avizorarse aun antes de su toma de posesión el 20.01.2017. El  presidente electo ha enfatizado la independencia energética, la flexibilización de las regulaciones aplicadas a las tierras federales y, por ende, la aceleración de la explotación del “shale oil”. Hay que añadir su propensión negativa a un aumento  de los precios del crudo especialmente cuando podrían favorecer a naciones de quienes ha expresado  poca simpatía verbal. Es necesario considerar de inmediato el impacto global sobre los precios del crudo de un aumento de hasta un millón de b/d por parte de USA en el 2017.

Una bandada de cisnes negros

EE.UU. anuncia el descubrimiento de un gigantesco yacimiento de petróleo y gas shale en la zona Wolfcamp, West Texas Permian Basin. Se estima que contiene 20 mil millones barriles de crudo.  Es tres veces el bien conocido campo Bakken el cual en la actualidad produce un millón de b/d. [ver]

Libia estima poder duplicar su producción actual en el 2017 lo cual la llevará a 1.200.000 b/D

Pocos se percatan del radical cambio, ya en curso, que afecta la industria del crudo y del gas a nivel global. A no más tardar en cinco años el marco del negocio verá a los EE.UU. duplicar su actual nivel  de producción para alcanzar ochos millones b/d; Rusia ya tendrá una larga trayectoria como el primer productor mundial; Arabia Saudí intentará superar su nivel actual de 10 millones b/d; Irak hará lo posible por ofrecer una gran flexibilidad en sus arreglos contractuales pues requiere de 200 mil millones de dólares de los inversionistas internacionales para pasar de sus actuales cuatro millones b/d a por lo menos seis millones b/d  e Irak intentará acercarse a los nueve millones b/d.

Las “cinco naciones hermanas”

Es irremediable que el tablero de la industria vaya decantando cinco grandes productores –USA, Rusia, Arabia Saudí, Irán e Irak-  que representen más de la mitad de la producción mundial mientras el resto de las naciones pasan a ser “productores de segunda” con un nivel inferior a los dos millones b/d.

Todo esfuerzo de reconceptualización del marco de quien invierte, en dónde lo hace, con quien lo lleva a cabo y bajo cuales condiciones operacionales lo ejecuta se verá recompensado por el logro de un  nicho en una dimensión planetaria  en la cual reinan  “las cinco naciones hermanas”.

 

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