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Ramón Rosales Linares: No es la economía, compadre. Entonces, ¿qué es?

Un aspirante a pertenecer al próximo equipo de gobierno se entrevista con diferentes potenciales empleadores y a cada uno de estos les trata de convencer de que la crisis del país es pan comido si se adopta la frase célebre de Bill Clinton: “es la economía, estúpido”. Pero como no puede decirle estúpido a quien puede ser su patrón, le matiza el consejo llamándolo compadre, un término ampliamente usado en la Venezuela como señal de cercanía. Para este aspirante a Ministro, el problema de la Venezuela actual se resuelve facilito, y sin peligro de derramamiento de sangre, tal y como ilustres angustiados le decían a CAP en 1992,  unificando la tasa de cambio, eso sí, le dice al “compadre-jefe” hay que hacerlo de manera progresiva, no de un solo golpe como los tecnócratas neoliberales. Ajá le responde  uno de los potenciales candidatos presidenciales, emulando a JV Gómez y a continuación le pregunta y cómo es eso de progresividad. Pues, bueno, compadre, empezamos por una tasa única de cambio que esté entré la tasa del dólar protegido actual y la tasa Simadi, precisa  el aspirante. Continua JV Gómez, digo el candidato presidencial, dime en cuanto arrancarías esa progresividad de unificación cambiaría. Luego de apelar a unas corridas de su modelo computarizado, el aspirante asoma una cifra, exigiendo eso si que sea confidencial por aquello de las expectativas y de la asimetría de información. Pongámosla en cuatrocientos  y como vayamos viendo las reacciones aceleramos o espaciamos la devaluación, digo el ajuste progresivo. Y que hacemos con el dólar paralelo le preguntan al aspirante. Bueno, este, el dólar paralelo, Jefe, bueno ese seguirá existiendo pero al ver la tasa de cambio única oficial tendrá que por lo menos dejar de subir y en la medidas que nosotros, siempre progresivamente Jefe, nada de schocks, vayamos ajustando la tasa de cambio se irá reduciendo la brecha entre ambos valores. Ah, muy bien, aspirante. Ud. si sabe, lo felicito le dice el candidato a Presidente. Y dígame una cosa, amigo, con esa tasa de arranque de la progresividad  cuánto cree que costará la cesta alimentaria básica, es decir, el kilo de maíz, de pollo, el litro de leche, etc. En otras palabras, compadre, dígame a qué dólar le llegará a la gente su propuesta de unificación cambiaría. Lo de la progresividad, eso si se lo entiendo y se lo compro, todo paulatinamente, nada de saltos bruscos. Bueno, jefe, si con un dólar protegido a diez y un dólar paralelo a dos mil o tres mil, la comida le llega a la gente casi a tres mil, pues el dólar paralelo es que el se usa como referencia para fijar los precios en el mercado nacional, al pasar el dólar oficial a cuatrocientos y detenerse la subida del dólar paralelo pues los precios tenderán a fijarse no en función del dólar paralelo sino más bien pareciéndose al dólar oficial, o en todo caso, será menor al dólar paralelo, desacelerándose de esa manera el aumento de precios para el venezolano de pie, es decir la inflación. Muy bien, aspirante, la cosa se ve coherente, pero dígame una cosa cómo voy a lidiar yo con los que ahora sustraen dólares a diez y los venden a dólar paralelo, ganándose un bojote de plata, que me financian la campaña y ahora le vamos pedir que moderen sus ganancias y sigan sustrayendo el dólar pero no a diez sino a cuatrocientos y se ganen la diferencia con el dólar paralelo, que siendo menor que la actual todavía es buena. ¿Ud. Cree compatriota que los chupa dólares protegidos van a soltar esa teta así no más porque decretemos la unificación cambiaría progresiva?. Bueno Jefe, ese es el desafío que estoy seguro que Ud. sabrá asumir pues para eso lo percibo como la persona con mayor coraje que tenemos ahora para salir de este laberinto. Muy bien, me halagan sus palabras, pero dígame, compadre, suponiendo que al menos logre calmar por un tiempo a los “razonables”, cómo hará para que no me tumben los que perderán el negocio de sustraer dólares protegidos. Bueno, Jefe, ofrézcales otros incentivos para que lucren, si no  en igual magnitud, por lo menos con ganancias cercanas a la del comercio de dólares. Y qué actividades serán esas. No me diga que les de tierras, porque muchos de ellos ya tienen por bojote o lo que quieren es dólares constantes y sonantes para comprar afuera del país para su exilio dorado. Bueno Jefe ahí tiene el Arco Minero del Orinoco, póngalos ahí. El candidato presidencial lo mira a los ojos y le dice: Ud. cree que esos “compatriotas” estarán dispuestos a los dolores de cabeza de la minería cuando es más fácil echarle mano a los dólares petroleros, aunque menguantes, sin mayores esfuerzos físicos. Luego de cavilar por unos minutos sobre que debería aconsejarle al candidato presidencial, el aspirante a Ministro se acordó de una clase que había tenido en su querido universidad en donde el profesor le había dicho que la economía era la ciencia de explicar muy bien lo que ha pasado, identificando las causas por las cuales no se cumplieron sus pronósticos. Viendo desaparecer la oportunidad de integrar el próximo gabinete, el aspirante a Ministro apelo a un último recurso, no es la economía Jefe lo que aqueja al país, es la moral. Y el candidato presidencial le respondió, ¿y cómo mejoramos eso? Permítame, Jefe, balbuceó el perseverante aspirante prepararle un programa de ajuste a la moral del país para que complemente el programa de ajuste económico que le propuesto. Muy bien le respondió el candidato Presidencial, lo espero por aquí y lo atenderé con mucho gusto. Colorín colorao este cuento se ha acabado pues el aspirante no encontró en ninguna  página web ni en ninguna Universidad alguien que le ayudara a confeccionar algo así como un plan de ajuste de la moral de un pueblo. He dicho.

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