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Igor Barreto: “Los valores de la pobreza están en cualquier estrato social”; por Hugo Prieto

Igor Barreto retratado por Roberto Mata

—¿Qué interés pueden tener en una pobreza que ya no les molesta?

—¿Quién ha dicho que el dolor y la desgracia se definen de una manera?

El próximo poemario de Igor Barreto lleva por título El Muro de Mandelshtam y se incubó en medio de una conversación, en la casa del psicólogo Manuel Llorens. El tema es la pobreza y el escenario Ojo de Agua, una localidad ubicada al oeste de Caracas, por los lados de la carretera vieja de La Guaira. Los personajes de esta trama son carpinteros, albañiles, mecánicos, empleados de oficina, gente como uno, cuya cotidianidad desconocemos y no somos capaces de imaginar.

—¿Quién sino un poeta, Igor, que se la pasa metido en ese mundo, puede hablar de la pobreza?— preguntó Llorens, como un acertijo, como un desafío. Desde ese mismo momento, la pregunta se convirtió en una obsesión que le fue dando vueltas y más vueltas, hasta que finalmente y luego de tres años, se convirtió en este objeto en forma de libro, que es una representación de la ciudad, de un mundo —o más bien de un universo—, en el cual hay rebeldía, pero también libertad. Difícil de desentrañar, sin duda. Contradictorio, ambiguo, como la propia obra del poeta que decidió aceptar el reto. El lenguaje es absolutamente transparente y las imágenes poderosas. Pobreza y violencia recogen, sin pudor, estas páginas. Puede que estemos familiarizados con ellas, que sean fuente de noticias y hábitos de noticiarios, pero la representación que hace Igor Barreto de ambas, revelan un rostro, una humanidad absolutamente desconocidas. Sus personajes sorprenden y cuestionan nuestra propia ignorancia, nuestro desconocimiento absoluto, de una realidad que en algún momento del día, no importa donde estemos, se asoma por la ventana o simplemente, intuimos, está detrás del solar de la casa.

¿Por qué traer a este personaje, Ósip Mandelshtam, a Caracas? ¿Por qué darle alojamiento en el barrio Ojo de Agua? ¿Por qué hacer las representaciones que él hace de la pobreza, de la violencia, de lo que nos rodea?
En primer término, el libro está de pie sobre una ambigüedad buscada por completo. En ese soporte hay varios temas: las dudas sobre la identidad, realmente no se trata de Mandelshtam, es una persona que finge ser él, como ocurre mucho en los barrios, donde la gente se hace pasar por otra persona y eso constituye un método para ser trascendente. Otro tema es la pobreza, que si uno lo ve en sus bases es un tema absolutamente ambiguo. Todos participamos de la pobreza. Todos somos pobres. Más en este momento, que en cualquier otro de la historia del país, tenemos conciencia de que todos somos pobres. Hay un comportamiento totalmente individualista del venezolano, independientemente de si se trata de un barrio o de una urbanización de clase media alta que nos acerca mucho, diría yo, por buscar un parámetro fuera del país, a los intocables (la casta inferior) de la India, que son capaces de hacer lo que sea. Y eso siempre da pie a un conflicto social. Lo vemos no sólo en el camionero, sino en el muchacho que conduce una camioneta lujosa. Son signos de pobreza.

En una sociedad donde se ha puesto el acento —y de qué forma— en la desvalorización del trabajo y del individuo, de pronto te sorprende un episodio en el que tienes que conjugar ese verbo, esa forma de vida, que caracteriza a Cuba: el resuelve. Para los que no se han enterado es una vía instantánea para hacernos conscientes de la pobreza en que hemos caído, de que todo lo que hacemos tiene como único objetivo sobrevivir.
Sí, yo creo que en este momento, los valores de la pobreza están en cualquier estrato social. Todos apostamos a eso que tú has llamado el resuelve y que los cubanos tienen como término, como estilo de vida. Bueno, vivieron el “periodo especial” y lo que vino después. Sólo el resuelve era una filosofía. En un viaje a Cuba recuerdo que un individuo condimentó una cobija y luego la picó en pedazos, compró unos panes y con eso hizo unas supuestas hamburguesas que les vendió a la gente. Eso originó una serie de muertes por obstrucción intestinal. Aquí pasa más o menos lo mismo con otros elementos que la sociedad maneja, con los cuales comercia y que tiene trancado cultural y políticamente al país. No sabemos cómo digerirlo.

Igor Barreto retratado por Roberto Mata

¿Podría dar un ejemplo?
Yo creo que Chávez planteó una serie de reivindicaciones de carácter social, de carácter político, que fueron compradas como esas hamburguesas y hoy sufrimos de esa obstrucción intestinal grave, que originan cada vez más muertes, en la medida en que llegan a la interioridad de cada uno de nosotros. Chávez también jugó con el tema de las utopías. Esta mañana, mientras me comía un sándwich con mi mujer, me estaba leyendo unos versos de (Tomas) Tranströmer, ella estaba hablando y debí atenderle, pero estaba abstraído, dice Tranströmer (poeta sueco de gran influencia): “Hay momentos en que las lecciones son más importantes que la vida”. A nosotros nos falta hacer una revisión de estas lecciones, no tanto de mirar el desarrollo social en función de una utopía, sea marxista o socialdemócrata, sino de tratar de entender las lecciones que nos ha dado el país, que nos ha dado nuestra propia historia. Y esas lecciones es lo que podría indicar las posibles soluciones a los problemas, para que no muera tanta gente de obstrucción intestinal, digamos, por la utopía, por la reivindicación social, por los acuerdos, por tantas cosas que tienen simplemente una existencia nominal, pero no son lecciones de vida.

El poeta Mandelshtam murió en un campo de prisioneros, en un gulag, cerca de Vladivostok, si no hubiese sido por su esposa, su obra habría caído en el olvido. Es la necesidad que tiene el poder de que no vivas el presente sino la utopía incontestable. Y, de ser posible, que te sacrifiques por un mundo imaginado.
Me parece importante que hables del olvido. Yo creo que el poder coloca el mayor acento en la manipulación de aquello que él necesita que olvidemos. Por eso te hablaba de las posibles lecciones como una guía. Algo que va contracorriente del olvido. Mucho más importante que luchar por recuperar la memoria, creo yo, es luchar por recuperar el poder sobre aquello que se puede o no se debe olvidar. En el libro, por supuesto, no pude hacer referencia a tantas cosas que conforman a Ojo de Agua. Yo tengo muchos amigos en Ojo de Agua y normalmente voy a allá a tomarme unas cervezas los días viernes, en la calle. Y mientras escribía el libro iba con más asiduidad, para conversar y un poco escrutar en lo que la gente decía. Jaiker es un gran amigo. El me invitó a su fiesta de cumpleaños. A él no lo mataron en esa fiesta, pero a otros los han matado en medio de una fiesta. Al papá de Alejandro le dio un ataque de hemiplejia en unas escaleras, nadie lo vio en el momento en que rodó por las escaleras y murió. Así fue como me reencontré con una serie de hechos en estas visitas. Y fui como tratando de leer el mundo desde ahí, desde esos hechos de vida, olvidándome de ciertas circunstancias, por ejemplo, de si el malandro es un ser condenable absolutamente o no lo es. Yo he trabajado en cárceles dando talleres literarios y nunca le he preguntado a nadie. ¿A quién mataste? ¿Qué hiciste o dejaste de hacer? Siempre estuve preocupado por abrir el canal, la posibilidad, de expresión. Eso es lo que yo quise.

En el poema titulado “Crash”, que da cuenta de un accidente de tránsito, cito: “… un estallido / en el escenario desnudo: / volutas de humo y fuego / se levantaron en el aire / lanzando trozos astillados de carrocería: / meteoritos vidriosos / que ascendía al cielo”. Se diría que es el sello distintivo de este libro, cuyas características podrían inscribirse en la corriente acmeista a la que pertenecía Mandelshtam. ¿Cuál es la corriente poética a la que se adscribe Igor Barreto?
Mandelshtam perteneció, según los anuales de literatura y las antologías que conocemos, a lo que se llamó el acmeísmo en Rusia. Y a un pequeño movimiento llamado el taller de los poetas, donde participó su gran amigo Gumiliov, que luego fue fusilado. Ellos todos se decían helenistas (opuestos al simbolismo), su poesía era sumamente libre, no solamente suponía la claridad —que fue un trazo distintivo de la poesía latina—, sino también la oscuridad. Es la poesía helenística cohabitan personajes como Safo y Anacreonte, que a mí me gustan muchísimo. El gran libro de Mandelshtam, los Cuadernos de Vorónezh combina varios estilos.

Tu libro también es una combinación de estilos. ¿Diría que su poesía es ecléctica, ambigua? ¿Una exploración, hasta cierta medida, contradictoria?
Sí, es diversa. Yo me ubico en todo eso que tú mencionas. Mi interés fundamental es poder organizar un discurso expresivo coherente. No me interesa una definición de carácter genérico, ni literario, si es o no experimental, o si se aproxima o no a tal o cual estilo. Yo lo que tengo atravesado, en medio de la garganta, es un problema expresivo y lo quiero resolver. El libro pretende objetivar esa necesidad expresiva de lo que he visto y escuchado.

Igor Barreto retratado por Roberto Mata

Igor Barreto retratado por Roberto Mata

Por momento pareciera que el poeta Igor Barreto se siente tentado a escribir una novela, pero pronto vuelve a ser fiel a la poesía. Hay mucho ímpetu, pero también grandes desafíos, grandes dificultades.
Lo más interesante que puede haber en la escritura es el balbuceo, el trastabilleo, en esos nudos, en esas dificultades, creo que allí está la riqueza de la escritura. Una escritura que no tenga problemas expresivos y dificultades expresivas, no me interesa. Lo digo con franqueza, el escritor debe escribir en medio de dificultades, de grandes tensiones, de dudas, de incapacidades. Aquí hay, digamos, un relato, una tentación narrativa, que está en todo mi trabajo. Hay un momento en que conozco a un personaje que se llama Mandelshtam y un momento en que el muere. Si se trata de organizar, digamos, una fotonovela, yo tengo las dos barajitas, la del comienzo y la del final. Ahora, en medio de estas dos cosas, quizás está todo ese bombardeo que yo he sufrido como ser humano, y cualquier venezolano también, que está obligado a pensar en este tema tan difícil de asir que es el tema de la pobreza.

Creo que los sociólogos han convertido la pobreza en un dato estadístico, en un mundo sin tintes, desprovisto de todo. Sin embargo, el universo representado en las páginas de tu libro, está lleno de imágenes poderosas. De claroscuros. Uno se queda pasmado ante la riqueza que puede haber en la pobreza.
Sin duda, hay una gran riqueza humana en la pobreza. En toda crisis hay riqueza. No hay otra forma de conocer que no sea en medio de la crisis. Hay que atravesar una crisis para conocer el carácter del otro o conocer humanamente al otro. Manuel Llorens esperaba que yo fuese la persona que asumiese el tema. ¿Tremendo problema, no? Tengo que sacármelo de encima. Entonces pensé en las cosas, en los referentes, que había visto; pensé en La Escalinata, de Román Chalbaud; pensé en Cerrícola, de Ángel Gustavo Infante; en Griterío, de David Aliso, pensé en todas estas cosas. Pero no lo hice desde esa perspectiva porque no me interesa. Llegué a la conclusión de que tenía que buscar un pretexto, que me permitiera defenderme frente a este tema tan arrollador. Nada, hay que buscar a un gran poeta, que es una gran figura, para usarla como escudo para entrar en ese mundo, sin que se pierda el acento de fábula, de imaginación, de sueño, que emana de este poeta canónico, central en Occidente, tan grande o más grande que Elliot o que Pound.

Es cierto, el poeta está dotado para asumir el desafió, pero eso no lo libra de dificultades que significa representar ese mundo, ni del riesgo que supone la batalla. Buscas en Mandelshtam un escudo, pero a la vez sabes a lo que te enfrentas.
Cualquiera que abra un manual de guión cinematográfico o que se lea la poética de Aristóteles, sabe que lo primero que tiene que tener es un espacio ¿no?, el espacio del drama. ¿Dónde ocurre? En cine, sería el plano general ¿verdad? En un autor como Hitchcock, que es siempre tan organizado, tú ves que sus cosas comienzan siempre con un plano general. Yo tenía que construir ese plano para presentar un personaje, tenía que justificar una serie de cosas, entre otras, el barrio como un gueto y por eso acudí a esa introducción narrativa, que fuera, precisamente, ese plano general, que le permitiera luego a los poemas abrir caminos y nadar en esos rápidos de las veredas y los callejones del barrio y buscar las historias y los personajes.

Hay una propuesta para incorporar el barrio de Ojo de Agua a la nueva geometría del poder —la comuna, el ecosocialismo y el plan de la patria—. ¿Qué futuro puede tener esa propuesta en el mundo que describes, en el hallazgo que haces? ¿Cree que una propuesta así puede calar en Ojo de Agua?
No, para nada. Si algo se propone el libro es una reacción en contra de todos los tics de lo que pudiera ser un régimen autoritario, monolítico. En sus páginas no hay una condena grave en contra de la delincuencia. Hay una especie de malandro filósofo y poeta, que es Lalo (la locura). Al final Mandelshtam interviene y dice: Pero hay dos cosas de las cuales hay que cuidarse en la vida —lo dice en el bar, recordando al malandro muerto, porque el malandro sabe muchísimo de la vida y tienen una psicología humana muy aguda, sabe leer en las reacciones de los otros— esas dos cosas son las estrechez y la escasez. Ambas cosas no las tiene el malandro. Quizás son valores muy generales, pero yo creo que en el barrio hay muchas personas que son portadores de ellos. Hay una reacción contra la estrechez, hay un gran espíritu de libertad, de tú no me vas a atropellar a mí, tú no me vas a arrinconar, aquí también se vive; nosotros también agarramos la bolsita de basura y la tiramos en los conteiner de la entrada del barrio, no somos tan sucios como ustedes creen.

Voy a citar algunos pasajes de tu libro, con el propósito de generar algunas reflexiones. Así, por ejemplo, en el poema que titulas “Mandelhtam” escribes: “Fue también un hombre / dentro de una bolsa negra de plástico: / cara de rata y cola de rata, / un malandro tibio que tal vez resulte el único hermano de Filippo el Árabe”.
En la sociedad venezolana ha habido un gran desprecio por el escritor, por eso cara de rata y cola de rata. Yo creo que aquí hay un conflicto, que no sé cuando estallará, entre el mundo político o de la clase política y el mundo de los escritores, el mundo intelectual, creo que ocurren algunas conciliaciones momentáneas, pero que al final, en el momento de organizar el poder y de establecer algunas responsabilidades, que podrían permitir e impulsar algunos cambios, los intelectuales son dados de baja. Me parece que los poetas aquí terminan siempre en una bolsa negra. Dejados de lado frente al discurso de unos políticos. Mandelshtam decía que el marxismo había comenzado como una utopía y había terminado como víctima de un solo valor de la autoridad. Pero yo creo que eso no ocurre sólo con el marxismo, sino con otras utopías también. Yo creo que la clase política nuestra ha terminado siembre bajo la autoridad del capital. O bajo la autoridad de otros valores, que no son, precisamente, los valores de los intelectuales.

Otro verso en “Lalo” (la locura) “Y dijo para todos: / la muerte es la maestra de Caracas… Pero antes de morir lo oí cantar: / ¡Oh! Mi Sodoma amada: / el gueto de Ojo de Agua. / Y la terrible Gomorra / que fue La Quebradita.
Dentro de la pobreza también se añora, el barrio tiene espacios de gran ternura y de añoranza. La gente cuando está lejos añora estar en el barrio y en alguno de sus lugares, por muy degradados que sean. Al lado de un camión destartalado, a veces se beben las mejores cervezas que uno puede imaginar. O se conversan las cosas más reveladoras.

También están allí los referentes citadinos: el mercado de Coche, la avenida Baralt y el Hotel El Conde.
Yo escribí una pequeña crónica que se titula “Esta es mi sopa” (a manera de discurso que leyó en la Feria del Libro de Guadalajara, en 2015), dando cuenta de cómo había cambiado mi sopa. El mercado de Coche es la única cornucopia (símbolo de la prosperidad y afluencia) viva que tiene esta ciudad. Tú ves aquella cantidad de frutas y nadie le regatea a la sopa nada. Pero hoy en día la sopa del venezolano se ha convertido en un caldo lleno de barro, un pozo de esos de lluvia, ¿no?

Igor Barreto retratado por Roberto Mata

Igor Barreto retratado por Roberto Mata

Hacía el final, en “Flores tras las rejas”, escribes, en prosa: “el país se ha encontrado siempre en la misma situación de insensibilidad. Ha sido arrojado al vacío y sus sentidos están sellados”.
Esa ceguera, ¿no? Esa ceguera enorme de la clase política. Aquí ocurrieron cosas, toda esta situación que vivimos con la llegada de Chávez, toda esta borrachera utópica, de la cual hay gente, amigos que aún no han despertado. Cosa que me da una profunda vergüenza. Vergüenza ajena, diría yo. Porque yo no tengo nada que ver con eso. Sí, aquí no ha habido continuidad institucional. Al final caímos en las manos de las momias de AD y Copei, que acorralaron al país y lo lanzaron a la utopía chavista. Yo no sé si la clase política, que hoy forma parte de la oposición, va a tener los ojos abiertos y la sensibilidad para escuchar este reclamo que está testimoniado en nuestra literatura y que cualquier poeta joven es capaz de verbalizarlo.

En “Retorno” adviertes en un paréntesis (A la clase media), escribes un poema que titulas “El Flamboyán y la covacha”. A mí me pareció entrever una visión clasista de esta ciudad fragmentada. Y pensé, pobre Igor, seguramente será el blanco de cierta oposición que nunca se ha equivocado, que jamás ha dudado, los que nunca se arrepintieron de nada, de esta oposición aria, que además reivindica su pureza. Y lo digo porque la utopía chavista ha destruido a la clase media y supuestamente ha reivindicado, les ha dado voz a los pobres. Y en esa dicotomía, donde no hay ajustes, sino más bien rechazo, nos hemos movido todos estos años. Los sentidos están sellados, como bien dices. Pero ahí están el flamboyán y la covacha, a la vista de todos. ¿Cómo es posible que el barrio sea una incógnita para la sociedad venezolana, donde más del 50% de la población vive en barrios?
Lo primero que me propuse con ese texto es plantear la pregunta, pero hacerlo con la mayor franqueza posible, las barreras que nos separan de la pobreza. La única posibilidad de acercarnos, de entender esto, comienza por aceptar la pregunta, aceptar que ha habido un rechazo rotundo hacia los pobres. Pero los pobres están conscientes de eso. Ahora, eso no quiere decir que haya zonas de la pobreza que sean totalmente deleznables y que la gente no tenga el deseo, la necesidad, de salir de ahí. Por supuesto que quieren salir de ahí. Son seres humanos, ¡por Dios!

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