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Jesús Alexis González: Sospechosa compraventa de divisas

 

Escribir representa una expresión de libertad, que se disfruta cuando subyace  la intención de “dejarle algo al lector” sin ningún tipo de egocentrismo, especialmente al  abordar temas como el mercado de divisas  que “ahuyenta” a muchos o simplemente es criticado por otros luego de la lectura del título sin abordar su contenido; impidiendo la crítica ciudadana hacia un “gobierno” extraordinariamente malo (nefasto) que está causando una desgracia nacional generalizada.

El mercado de divisas, es un “espacio” donde se lleva a cabo la compraventa de monedas extranjeras cuyo precio se determina por la oferta y la demanda en economías donde no existe control de cambio  utilizando el US$ como “moneda conductora” (facilita la transacción entre monedas); y por tanto las operaciones se efectúan de forma rápida y fácil por intermedio de bancos, casas de cambio y corredores conectados a través de sistemas electrónicos de comunicación, cuyo desenvolvimiento se articula mediante una tasa de cambio flotante que refleja la cantidad de una moneda (p.ej. Bs) que se debe pagar para obtener una moneda extranjera (p.ej. US$) en un contexto de un régimen de cambio libre. En Venezuela, estas operaciones están regidas por el Régimen Administrado de Divisas (Convenio Cambiario No 35, G.O. No 40.865 del 09/03/2016) con dos tipos de cambio: (A) El “Protegido” (Dipro) a Bs 10/US$ para importaciones de alimentos, medicamentos, insumos básicos y el pago de jubilaciones en el exterior; y (B) El “Flotante” (Dicom) a una tasa variable desde un mínimo de Bs 200/US$ para todas las transacciones no incluidas bajo el tipo de cambio protegido. Dicho sistema cambiario, alimentado casi exclusivamente por el Estado a la luz de las divisas que genera PDVSA, condiciona tanto el Mercado de Alto Valor (operaciones mediante transferencias bancarias por un mínimo de US$ 3.000), como el Mercado Minorista (operaciones mediante efectivo por un mínimo de US$ 300 y un máximo de US$ 2.999), siendo que igualmente la venta de divisas provenientes del exterior como contrapartida a una actividad económica particular se debe tramitar a través de estos mercados (Circular BCV del 31/03/2015). Es de resaltar, que para el 29/11/2016 según BCV el monto liquidado a la tasa protegida representó el 92,04%  del total y el otro 7,96% a la tasa flotante de  Bs 663,29/US$; en un escenario decreciente en la entrega diaria de divisas en 2016 desde US$ 16,9/día en enero, 6,8 en febrero, 6,3 en marzo y 2,1 en abril, inducido por brusca caída de las reservas internacionales (y por ende de las divisas) al punto que en septiembre 2016 PDVSA “vendió” al BCV solo US$ 156 millones por concepto de exportaciones petroleras y otros productos, al tiempo que el ente bancario liquidó  ese mes US$ 380 millones a la tasa protegida de Bs 10/US$, lo cual obviamente fue posible haciendo uso de las pocas reservas internacionales.

Tal escasez de divisas, nos genera: Suspicacia I (idea negativa fundada en indicios): La pequeña compraventa de US$ que se realiza en el ilegal mercado paralelo, han de provenir en su casi totalidad de “amigos” del “gobierno”  que los han recibido a la tasa “protegida”; ya que difícilmente una persona honesta estando en su sano juicio cambiaria sus “ahorritos” en US$ “fuertes” por unos Bs “en picada” (salvo para completar el mercadito o el pago de una deuda).

Las operaciones en moneda extranjera desde Venezuela con el resto del mundo, presentan un alto grado de dificultad habida cuenta del control de cambio impuesto desde 2003 que le dificulta   a los “otros países” establecer la tasa de cambio, que en el caso  de ellos  resulta del promedio de los valores de compra y venta de divisas en el mercado mientras que para el bolívar deben tomar obligatoriamente la tasa “SIMADI” que aplica para las operaciones avaladas por el Estado bajo la figura de transferencias bancarias autorizadas. Siendo así, y tomando a Colombia como referencia, el Banco de la Republica de Colombia (par del BCV) para establecer la tasa de cambio Bs/Peso tiene que utilizar el US$ para “interpretar” el valor en pesos de un bolívar, en el entendido que el Dólar Oficial colombiano refleja una tasa flexible mientras que el bolívar permanece a una tasa fija sobrevaluada con respecto al US$. En razón de ello, el BRC no es garante de las operaciones en efectivo  realizadas libremente en las casas de cambio fronterizas (p.ej. Cúcuta) ya que tal situación originaría un desastre cambiario tanto para el BCV como para el BRC, y  en un cortísimo plazo  se agotarían los pocos US$ disponibles en el BCV en el supuesto que  una cantidad significativa de venezolanos pudieren cambiar Bs por Pesos ¡en efectivo! (que habrían de transportar en pesadas maletas) para luego adquirir US$ (también en efectivo)  de los cuales el BRC no se desprenderá ya que muy posiblemente Venezuela no podrá compensarlos En síntesis, el valor Bs/Peso en efectivo surgido en la dinámica del mercado fronterizo en Cúcuta ¡¡no determina el valor del precio del US$ en Venezuela!!  Refleja que los venezolanos están dispuestos a pagar cualquier precio por cualquier cosa en aras de desprenderse de una moneda que no le permite defender su patrimonio; inclusive viajar hasta la frontera para cambiarla por Pesos aunque no pueda comprar US$; recordemos con nostalgia y rabia que al inicio de esta pesadilla “revolucionaria” en 1999, la paridad Bs/Peso en la frontera colombiana era ¡¡10 pesos por bolívar!!

Suspicacia II: Posiblemente, los US$  del “mercado fronterizo”  son “inyectados”  por “irregulares de montaña” o  por “vinculados al gobierno venezolano” o en conjunto.

Suspicacia III: La  compraventa fronteriza de US$ ¡es mínima! y poco relevante para “fijar” una tasa de cambio “binacional”.

Suspicacia IV: El denominado “Dólar Cúcuta”, constituye en la práctica la “pantalla” que facilita el funcionamiento del Dólar PSUV habida cuenta del “negoción” que representa para los “amigos del gobierno” mercadear en efectivo “sus” US$ a la tasa artificial de la frontera cucuteña.

Suspicacia V: El Dólar PSUV, permite “legitimar” altos recursos provenientes de la corrupción al facilitar “repatriar” muy parcialmente los US$ 560.000 millones fugados en la etapa chavista-madurista entregando menos US$ por mas Bs para acumular “riqueza” y refugiarse en Venezuela.

Reflexión final: La crisis socioeconómica venezolana, tiene un alto componente moral y ético sin soslayar la energía destructiva de la inflación (en 2016  el precio de la Canasta Alimentaria Familiar aumentó un 1.400% y el 73%  de los hogares está en situación de pobreza) que mantendrá su ascenso impulsada por la emisión de dinero inorgánico para continuar un gasto publico populista aunado a un exceso de liquidez en un contexto de caída de las reservas internacionales (¿?); con el agravante que la “artificial” tasa del US$ paralelo (aparte de ser un maligno referente para la fijación de precios) está “elevando” la percepción de una desestabilización económica generalizada (¿intención gubernamental?), que en honor a la ortodoxia económica puede resolverse prontamente con una política monetaria restrictiva en el marco de un programa de ajuste macroeconómico que contribuya a “pulverizar” el Dólar PSUV; plan que debe contar con la colaboración de los organismos multilaterales (FMI, BM, BID, y otros entes). Obviamente, la sencillez de su instrumentación ha de superar el entuerto que representa la presencia de N. Maduro y su “equipo”, cuya necesaria y aspirada revocación (plan de “ajuste” presidencial) será solo posible con un nuevo CNE (dos Rectoras tienen vencido su periodo) nombrado por la AN ¡como corresponde! sin descartar una declaratoria de abandono del cargo presidencial.

La Fe no hace las cosas fáciles, las hace ¡¡posibles!!

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