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Nicmer Evans: El cinismo y la miseria del madurismo

Algunos añoran la cuarta, y podrán tener sus razones, no se las voy a quitar. En lo personal, para mí sería imposible hacerlo, porque excepto la posibilidad de estudiar en la Universidad Central de Venezuela no tengo otra cosa que reivindicar a un período que atentó contra de los más vulnerables.

El período de Chávez no fue perfecto, pero fue para muchos una etapa de ilusión revolucionaria y de grandes oportunidades que estoy seguro perdimos, aunque no por completo, pero que no supimos aprovechar en lo máximo. Se superó el pensamiento hegemónico del capitalismo, aunque para sustituirlo por otra hegemonía contraria a la pluralidad democrática. Se avanzó en la organización popular, pero le tributamos esta organización a la burocracia, teniendo como resultado el clientelismo comunal, intentamos superar el rentismo petrolero con más rentismo, y así, fueron muchos los logros que al final entregamos como producto de la fe ciega de una conducción política imperfecta a la que le entregamos una incondicionalidad nefasta.

Hoy, en el período del madurismo las consecuencias de lo anterior se ponen en evidencia, lo más nefasto y oscuro de la época de Chávez se apoderó de la dirección política. La mentira y el cinismo se convirtieron en la esencia de la praxis política “revolucionaria”, siendo capaz hoy el mismo presidente de decirle traidores a quienes confrontamos desde el seno de la izquierda al Arco Minero del Orinoco, mientras él se reúne con Shannon, Kerry, y da concesiones mineras a la Barrick Gold de Bush y Cisneros, entregando el 12% de nuestro territorio nacional a trasnacionales descapitalizadas.

El cinismo de Maduro llega a niveles tan inusuales que se dice chavista y socialista pero su principal sujeto político son los tenedores de bonos de la deuda soberana y de Pdvsa, que para satisfacerlos, pone en sacrificio al sujeto político de Chávez que eran los trabajadores y los excluidos del sistema, poniéndolos a hacer cola, padecer de la escasez de medicamentos hasta la muerte, mendigar por una bolsa de Clap y prácticamente terminar pagando para tener un empleo con un salario de hambre.

Algunos acusarán inmediatamente que en el periodo de Chávez toda esa bonanza era posible por el alto precio del barril de petróleo, pero debemos recordar que en la mal llamada cuarta república pasó exactamente lo mismo, con la diferencia de que no hubo una política humanista de distribución de la renta, el problema es que lamentablemente en las dos experiencias la corrupción fue la que ganó más.

Al final, el cinismo de Maduro, acompañada de las miserias de Diosdado, nos arrastran a algo peor que la cuarta y la quinta, la etapa del madurismo será recordada como la época del oscurantismo que a principios de cada siglo acompaña a Venezuela en su historia republicana.

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