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Vladimir Villegas: ¿Dialogo en estado vegetal?

 

Está literalmente boqueando. A la espera de un milagro que lo salve, en manos de Dios. El diálogo parece vivir sus últimas horas en Venezuela y tal ni siquiera se coma las hallacas.

Mañana es un día crucial. En teoría està convocada la reunión plenaria de la Comisión de Diálogo entre el gobierno del presidente Nicolás Maduro y la Mesa de la Unidad Democrática. La oposición ya ha dicho que no asistirá a menos que se cumplan los acuerdos en materia de liberación de los presos políticos, elección de los dos integrantes del Consejo Nacional Electoral (CNE) que deben ser renovados, restablecimiento pleno de las facultades de la Asamblea Nacional y aceptación, por parte del oficialismo, de la ayuda humanitaria.

Prácticamente nada se ha cumplido, a excepción de algunas, muy contadas, puestas en libertad de algunos presos políticos. De resto, nada de nada. Dirigentes oficialistas fueron al Tribunal Supremo de Justicia a solicitar la selección de los dos integrantes del CNE por la vía de la declaratoria de la omisión parlamentaria. Por otra parte, el Gobernador del Estado Amazonas denuncia que el Partido Socialista Unido de Venezuela puso en marcha una operación para inscribir masivamente en el registro electoral a ciudadanos de otros estados, con el objeto de ganar “como sea” unas elecciones de diputados que aun no tienen fecha. Igualmente se ha denunciado que existe la tentativa de elegir junto a esos diputados al gobernador amazonense. Mucho antes de que tengan lugar los comicios regionales en todo el país.

El gobierno también se queja de que la Asamblea Nacional, en manos opositoras, no ha procedido a notificar formalmente al máximo tribunal de país que los diputados del Estado Amazonas, una de las manzanas de la discordia entre ambos bloques, se han desincorporado definitivamente.

A eso se le suma el torneo de expresiones subidas de tono que van y vienen de uno y otro bando, y que contribuyen a empantanar ese espacio de diálogo y negociación que no ha podido exorcizar las dificultades que lo rodean, pese a que El Vaticano se ha incorporado a la Mesa de Diálogo. Y por si fuera poco, el propio presidente Nicolás Maduro ha dicho que uno de los invitados internacionales ya está haciendo de las suyas y saboteando el diálogo. ¿Será el enviado especial del representante máximo del Señor en la tierra?

Todo este cuadro indica que la salud del diálogo en Venezuela hace aguas por los cuatro costados, o al menos por la mayoría de ellos. El gobierno ha sabido utilizar las contradicciones internas de la oposición para hacerle aun más costosa su presencia en la Mesa. Y juega a poner en entredicho los propios acuerdos alcanzados. Si algo queda claro es que hoy, como tampoco ayer, el gobierno no quiere diálogo. Y la oposición, en el fondo, tampoco sigue ganada para arriesgar su capital político, hoy en peligro por las pugnas internas y por la carencia de una estrategia de negociación coherente. Sus divisiones frente a este tema son una debilidad en un momento tan determinante para el futuro del país.

Ahora, el diálogo tiene más vidas que un gato. A lo mejor mañana muere y dentro de poco lo veamos renacer, cuando la crisis sea de mayores dimensiones y ya el sentarse no dependa de una o de las dos partes sino de las circunstancias emanadas del agravamiento de la situación económica y social del país. Héctor Rodríguez, dirigente y jefe parlamentario del Psuv, ha dicho  que la MUD necesita abrir su propia mesa de diálogo.  Eso no parece dislocado. La oposición necesita un diálogo endógeno.

Pero, ¿acaso el gobierno no lo necesita  también?  Yo creo que sí. El chavismo necesita su propio diálogo para discutir sobre su futuro como fuerza política que pudiera llegar a perder el poder. Ellos no han dado esa discusión. Casi me atrevo a asegurarlo. Y mientras no lo hagan es muy difícil que vayan a sentarse en el diálogo a buscar algo que no sea ganar tiempo para buscar tomar un segundo aire. Y, quien quita, logren retener el poder hasta el 2 mil siempre, como pretenden algunos de sus dirigentes.

Es probable que mañana muera formalmente esta etapa del diálogo. Y ello puede abrir las puertas a nuevas situaciones nada halagüeñas. Un fracaso del diálogo en un país sumergido en la mamá de la crisis es una mala noticia. La buena es que, como el gato, el diálogo puede volver a nacer. Lo difícil será encontrarle padrinos que lo acompañen. Si el Papa no puede, ¿quién se atreve?

 

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