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Ramón Rosales Linares: Yogi Berra se reunió con las directivas del PSUV y la MUD

El famoso pelotero de los Yankees de New York, y también jugador de los Mets de New York y Astros de Houston, Yogi Berra (1925-2015) observando el berenjenal en que está metido Venezuela,  uno de los países con mayor tradición beisbolista, pidió permiso a Dios para “bajar” a esta tierra de Gracia. Dios  le concedió inmediatamente el permiso y le dijo, vaya mijito a ver si Ud. logra que le paren algo pues ni al mismísimo papa Francisco le quieren hacer casos esos díscolos venezolanos. Yogi Berra con el mismo entusiasmo con el cual jugó al béisbol se aprestó a bajar equipado con una de sus frases que le hicieron famoso: “El futuro ya no es como solía ser”. Con esa “bajadita” al plano tierra, Yogi quería, de paso, poner los puntos sobre las ies pues San Google le había reportado que al menos otros dos autores le disputaban la autoría de tal frase, a saber, el  escritor británico de ciencia ficción Arthur C. Clarke (1917-2008)  y el poeta francés Paul Valery (1871-1945). Luego de echar a la suerte con quién se reuniría primero, el famoso pelotero se acercó a la sede del PSUV, en la cual se encontraba reunida su directiva, deliberando sobre cómo responderle a la MUD en el continuo combate que tenían por la gobernabilidad del país. Asombrados de ver a un desencarnado, los miembros de la nomenclatura psuvista se alegraron de la visita de este famoso jugador de pelota, deporte que algunos practicaron con fervor y sana amistad con el Comandante Chávez. Al darle la palabra, Yogi les dijo que por no tener mucho tiempo solo les aconsejaba  tomar nota de que  el futuro del proceso bolivariano no será igual a la del pasado pues ya no se ganan las elecciones como antes  y, además, por haberse conformado una multipolaridad en el campo político, es decir, no solo están los partidos políticos sino que también hay nuevos factores de poder con los cuales les guste o no tendrán que jugar a la política, entre ellos los medios de comunicación, convencionales o no, y además otros factores que en la IV República no eran muy beligerantes pero ahora lo son como  la jerarquía de la iglesia católica y los empresarios, especialmente los banqueros, sin contar que no pueden dejarse de un lado los movimientos populares que se han organizado e incluso estimulado por el proceso bolivariano. Una de las primeras reacciones fue la de un dirigente psuvista quien le espetó diciéndole, aquí nosotros somos soberanos, así que no aceptamos consejos de nadie. Otro dirigente le dio pena ajena y balbuceó una excusa por el lenguaje altisonante de su correligionario y prometió que analizarían las consejas de Yogi. Este, rapidito, se apoyó de esta postura mediadora y les dijo bueno mi paz que tengo, mi paz les dejo. Y acto seguido se retiró con la conciencia tranquila de haber cumplido con lo que le dictaba su conciencia. A continuación Yogi se dirigió hacia la sede de la MUD y luego de esperar que la asamblea de partidos de esta organización  deliberaran sobre si lo recibían o no, entró a la sala de reuniones y a continuación les explicó su cometido con la visita y terminó también aconsejándoles aceptar la ley de la historia de que el futuro no será como solía ser antes. Al ser requerido que ampliase un poco más su consejo les señaló que tenían que terminar de aceptar que ya la vida política del país no le pertenecía a la exclusividad de los partidos políticos, sino que ante la crisis de estos el vacío dejado por ellos lo llenaron los militares, los empresarios, los medios, incluyendo las llamadas redes sociales,  y la Iglesia católica, partners ahora en cualquier arreglo de gobernabilidad del país. Viendo una variedad de reacciones en las caras de sus escuchas pidió permiso para retirarse no fuese a ocurrir lo mismo que le pasó en la reunión del PSUV, no sin antes darles las gracias por haberlo recibido. Al acercarse a la puerta de salida, Yogi escuchó que alguien le preguntaba, ¿y cómo haremos, como dice esa canción caribeña,  si no hay cama para tanta gente? A lo que Yogi le contestó, “El juego no se acaba hasta que se acaba”. He dicho.

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