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Alfonso Hernández Ortiz: El fin de los demagogos

Al inicio de cada semestre en la Universidad del Zulia, acostumbro preguntarles a mis alumnos cuál es la concepción que ellos tienen sobre los políticos, la gran mayoría consideran que son tramposos, mentirosos, corruptos, entre otros descalificativos. Sin embargo, cuando les pregunto por qué están estudiando Ciencia Política, muy pocos responden que aspiran vivir de la política, pero si desearían cambiar el estado de las cosas desde la política, en tal sentido, consideran que debe haber una nueva forma de hacer política, diferenciándose de los políticos actuales, tanto de derecha, como de izquierda.

Desde esta perspectiva, podría afirmarse que de la crisis política – económica que está atravesando el país, ha permitido el surgimiento de una nueva camada de futuros líderes que se distancian de lo existente y están desarrollando con bastante conocimiento el termino de “ciudadanismo”, muchos consideran que deben ser los ciudadanos organizados, los que deben asumir las riendas del poder, distantes a las estructuras partidistas y a los acuerdos ocultos en los cuales se ven envueltos los actores políticos de los partidos a espaldas de los intereses del pueblo.

Al preguntarles sobre el tema país, los acuerdos de diálogo y las posibilidades de cambio, los estudiantes consideran, que existe una aspiración tiránica y caprichosa de los caudillos partidistas del gobierno y la oposición, quienes siguen estancados en posiciones antagónicas, sin prever las funestas consecuencias que generan en los gobernados, provocando sentimientos políticos de odio, resentimiento, divisionismo; precipitados por sus ambiciones personales, que los ha llevado a realizar promesas incumplibles, reivindicaciones vengativas, mensajes de desesperanzas cargados de manipulación, para hacerse del apoyo popular, la obtención del poder político, el goce de sus prebendas, sin resultados positivos para la gente, en términos concretos, afirman que los “políticos son unos imbéciles”.

Preocupa que las nuevas generaciones, hayan crecido con esa imagen de la clase política, ya que fortalece la teoría planteada por Francisco Rubiales, sobre el surgimiento de la “antipolítica”, sin embargo el hecho que la juventud estudiosa tenga conciencia y una opinión firme ante quienes gobiernan y pretenden gobernar, propicia que hacia el futuro podrían diferenciarse de los modelos y patrones caducos de hacer política, que se han venido repitiendo en Venezuela desde hace dos siglos, caracterizada por la demagogia, el nepotismo, la dominación tiránica, manifestada en el militarismo y expresada en su máxima expresión en el gobierno de turno, el centralismo absolutista que oprime los gobiernos locales y los logros alcanzados con la descentralización, bajo la complicidad de la militancia partidista, ante el dominio maniqueo de la polarización y el clientelismo.

En tal sentido, nos corresponde a los opinadores, profesores, líderes ciudadanos, medios de comunicación e intelectuales, forjar ideas de cambio, que permitan  nutrir ante la desaliento y el negativismo forjado por quienes han tenido la responsabilidad de llevar las riendas erradamente del país, y por quienes desde la oposición han sucumbido a la convivencia del sistema, por hacerse de una gobernación u alcaldía o cualquier pacto ominoso en beneficio de su grupo de interés; mostrar ideas claras, contentivas de propuestas transparentes que permitan lograr consensos ciudadanos incluyentes y amplios acuerdos para alcanzar la sana convivencia y volver a ser una sola nación.

Lo contrario a esto es mantenernos inmóviles, ante las pretensiones de quienes han saqueado los recursos del país para seguir alimentando un proyecto político fracasado, que nos ha llevado al subsuelo, acompañados de una clase política complaciente, que ante sus erráticas decisiones nos están terminando de hundir. En sintonía con lo que plantean mis estudiantes “no importa, quienes son de derecha o de izquierda, ya que ambos se comportan igual, se requiere ciudadanos responsables e instituciones fortalecidas, para rescatar el país”.

Bien como lo planteó José Ortega y Gasset  en su libro: La Rebelión de las Masas, “la primera condición para un mejoramiento de la situación presente es hacerse bien cargo de su enorme dificultad. Sólo esto nos llevará a atacar el mal en los estratos hondos donde verdaderamente se origina. Es, en efecto, muy difícil salvar una civilización cuando le ha llegado la hora de caer bajo el poder de los demagogos”.

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