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Nelson Morán: ¿En qué país vivimos? Parte II

Anteriormente planteamos que Venezuela vive una situación, inimaginable. En todos los aspectos de la vida. Hemos tratado, brevemente, lo Educativo y lo Económico; hacemos la observación, sobre todo en la velocidad de los cambios en materia económica; ahora dedicaremos un espacio a otros aspectos, así veremos lo político, social y cultural.

En lo político, tenemos que el panorama luce y, está estancado, la mesa de diálogo entra en crisis, con énfasis en la credibilidad; la gente no encuentra en quien creer, tanto la oposición como el gobierno reciben críticas, por igual. Ninguno de los responsables quiere ceder, sin importar quien tenga mayor culpa, o de quien sea el culpable.

El gobierno se empeña en hacer creer que todo lo que hace es para defender al pueblo, y éste le dice: “Compadre, no me defiendas más”; puesto que cada acción gubernamental lo afecta directamente, desmejorando su calidad de vida, lo que el gobierno no atina o no quiere comprender ni ver, se hace el ciego y sordo.

La crisis de las instituciones del Estado se acentúa, la parálisis tiende a la totalidad, abundan los desafueros, el control parece perdido, al igual que el rumbo. Todo radica en discursos de personas que no forman parte del gobierno pero hablan a nombre del mismo, hasta aparecen sus fotos en la propaganda oficial. Insólito pero cierto, un ejemplo: Los avisos de obras de la Alcaldía de Maturín, en Monagas, y qué rescatada.

Por su parte la oposición no encuentra el camino, se consume en vaivenes y contradicciones, declaraciones van y vienen; luce confundida.

¿Y el pueblo? Esperando, con sus esperanzas vivas. La esperanza no se pierde nunca, el fruto vendrá, eso es esperado por todos, sin excepción.

El campo político se asemeja a una bomba de tiempo con sus consecuencias desagradables y no deseadas por nadie, por eso abogamos por el diálogo como una vía en la búsqueda de soluciones, no debe morir en ésas manos, debe si, aportar soluciones, y pronto.

Mientras las aguas llegan a donde deben, las instituciones del Estado-TSJ, CNE, AN, LOS NIVELES DE GOBIERNO, MINISTERIOS-entre otras, están al garete. Todos opinan y se dan la razón, aún sin tenerla.

Lo social, es más complejo, problemático y difícil: Desde hace más de una década la sociedad venezolana ha sido objeto de diversas acciones que han incidido en su comprensión, entendida está, como la manera de apreciar la sociedad actualmente y, los cambios que se están dando en el ámbito interno, donde incide lo político, económico, educativo y cultural; entre otros aspectos, que llevan al cambio de la clase política, con la insurgencia de nuevos actores, que se prolongan a lo social, económico y profesional; producto, no del desempeño imaginativo y creador, pero si, como siempre, de prebendas de todo tipo, del compradazgo y complicidad.

Existen posiciones contrapuestas en torno a la forma de vida actual; Escuchas en el transporte hablar a la gente sobre la conflictividad social, la conducta de los llamados colectivos, como se vive la zozobra en los sectores populares, la dificultad para alimentarse, vestirse e incluso dotarse de útiles escolares, de como los Consejos Comunales actúan, perjudicando a sus comunidades en el proceso de entrega de las bolsas; como la aparición de nuevos “ricos” y empresarios se observa con malicia y desconfianza, sin otras consideraciones de malo o bueno; algunos sectores sociales tienden al enfrentamiento; abundan las críticas al gobierno y oposición por incapaces en la solución a la situación actual. Paremos de contar. En sí, la sociedad venezolana ésta en un proceso dinámico de cambio, que debe orientarse para bien de todos, y se terminé definitivamente con las asimetrías sociales; dando cabida a beneficios sociales para todos, a la par de posibilidades de trabajo con ingresos dignos, que posibilite la constitución de familias que impulsen el desarrollo del país y la construcción de ciudades vivibles.

En fin, se debe trabajar por acabar con la violencia social, establecer un clima de confianza y paz social, que haga posible la convivencia de la unidad en medio de la diversidad, donde nos aceptemos como pares; extinguir la violencia y derrotar a quienes la practican para instaurar seguridad en todos los ámbitos.

Lo cultural, la cultura por siempre ha sido usada con fines políticos, por eso, a lo mejor se dice que “la cultura popular tiene amigos a montones”, la creación de todo tipo proveniente de los seres humanos viene a constituir una manera de ser, de carácter permanente; asi los administradores del país, intentan orientarla, para ponerla al servicio e incluso “dotarla” de ideología.

Vemos como determinadas expresiones culturales son priorizadas por el ejecutivo, en detrimento de otras; lo afroamericano toma más notoriedad, el color de la piel es sumamente importante, al igual que la condición social y étnica; y no es que no lo sea, en esté caso nos referimos a su utilización política. Aquí, alguien dice se volteó el sistema. Recuerdo que una compañera y amiga de trabajo comentaba, palabras más, palabras menos: “Cuando llegaba la TV, decían que debía salir en cámara por mi condición de piel, y así era”

En esté país se predica que todos somos iguales y algunos, aparentemente, se lo creen, o asi lo hacen ver.

Lo cierto es que el ámbito cultural no es el mismo.

En términos generales puede decirse que vivimos una crisis paradigmática, donde hoy por hoy, coexisten diversos paradigmas, en lucha por su posicionamiento. Veremos qué pasa, cuál terminará imponiéndose.

Mientras tanto lo cotidiano nos lleva a afrontar la vida y buscar escenarios para subsistir y seguir adelante. Amigos hablan de volver al pasado, en la forma de vida, más no de régimen político, enfatizan en que Venezuela no volverá a ser la de ayer, en alusión al pasado, y es y será así, pasé lo que pasé o tenga que pasar, auguramos un futuro mejor y debemos trabajar por construirlo, todos juntos.

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