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Néstor Francia / Análisis de Entorno: El diálogo y el programa máximo (08-12-2016)

Nosotros lo hemos dicho en repetidas oportunidades: es harto difícil el diálogo en Venezuela. Creíamos que no se iba a dar este año en absoluto, y también que, si se daba, no sería eficaz. Hay gente que dice que si fueron posibles y con resultados los diálogos entre Cuba y Estados Unidos, y entre el gobierno de Colombia y las FARC, factores todos que tienen más de medio siglo en controversia, porque ha de ser imposible o ineficaz el diálogo en Venezuela. La respuesta también la hemos asomado. Son situaciones harto diferentes, porque en ninguno de esos casos que se pretende poner como ejemplos, estaba directamente involucrado el tema del poder político. Ni Obama quería tumbar a Castro, ni Castro a Obama. Ni Santos quería acabar con las FARC ni las FARC querían tumbar a Santos. Se dirimían en esas situaciones posicionamientos políticos y no la toma del poder. Cuando dos partes pelean de manera directa por el poder político, el diálogo solo puede ser eficaz cuando una de ellas lleva clara ventaja a la otra y prácticamente lo que se discute son los términos de la capitulación, como ocurrió con las conversaciones de 1973 en París entre Vietnam y Estados Unidos, cuando la guerra estaba prácticamente decidida a favor de los vietnamitas.

En la situación de la Venezuela actual, la lucha directa por el poder está en pleno desarrollo, sin que hasta ahora ninguna de las partes se vea con abierta ventaja sobre la otra. La parte nuestra es mucho más fuerte políticamente, pero ha venido en retroceso electoralmente, con un Gobierno que aun no ha superado el alto descontento social, lo que plantea una delicada circunstancia. Por el lado de la oposición, vemos una fuerza dispersa, dividida, incoherente, carente de un proyecto presentable y de un liderazgo nítido. Ninguna de las dos partes puede decir que la victoria total está cerca.

El tema del poder político es la verdadera piedra de tranca del diálogo. La agenda para el diálogo declarada abiertamente por la oposición no deja lugar a dudas. Ayer la recordó Chuo Torrealba, el secretario ejecutivo de la MUD: “Un nuevo Gobierno ya y elecciones ya”, añadiendo que “No regresaremos a reunirnos con representantes del Ejecutivo hasta que se cumplan los acuerdos”. Esta es también la posición declarada por Carlos Ocariz, otro representante de la derecha en la mesa de diálogo: “Lo dijimos a los facilitadores, no aprobamos ni estamos de acuerdo con ninguna fecha, ni 13 de enero ni ninguna otra fecha, que quede bien clarito, así como dijimos la semana pasada no asistiremos si no cumplen, lo mantenemos y somos coherentes”.

El tema del poder político es también el centro de la carta que envió Henry Falcón al Papa Francisco: “El país espera respuestas, acciones: es vital que las instituciones del Estado presenten un calendario electoral como parte de la solución… se debe concretar una negociación política para un gobierno de transición, un gobierno de unidad nacional que permita salvar a Venezuela”.

Es por ello que la dirigencia revolucionaria reaccionó de manera abrupta contra la carta que envió el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, en la cual se toma partido en esta disputa por el poder, de acuerdo a fragmentos de esa misiva que se han filtrado. En ese texto, que representa la opinión del Papa, según Parolin, se reclama que “las partes concuerden con el calendario electoral que permita a los venezolanos  decidir sin dilaciones su futuro. Por cierto que también se pide que “se tomen las medidas necesarias para restituir cuanto antes a la Asamblea Nacional el rol previsto en la Constitución”.

En medio de todo esto, la oposición ha venido cayendo en contradicciones que niegan su coherencia en la mesa de diálogo. Un ejemplo de ello es que los acompañantes pidieron a los poderes públicos “abstenerse de dictar decisiones que dificulten la relación entre ellos o el proceso de diálogo hasta el 13 de enero de 2017”. La derecha no solo ha rechazado públicamente esa fecha, sino que además ya anunció que retomará la discusión parlamentaria de juicio político contra el presidente Maduro, con lo que podría contravenir abiertamente la recomendación formulada por los facilitadores del diálogo.

Lo cierto es que uno de los problemas que tiene la oposición es que se ha dejado imponer por los más radicales un programa político con objetivos máximos inmediatos que no están en capacidad de lograr. No se vislumbra ninguna manera de que en algún tiempo cercano haya elecciones presidenciales adelantadas ni mucho menos cambio de gobierno o “gobierno de transición”. Si mantienen ese absurdo programa máximo, se les puede avizorar nuevas derrotas políticas. Por ello es que no se puede descartar que opten por sentarse de nuevo en la mesa de diálogo, pero eso solo es posible si aceptan la realidad de que el problema del poder en Venezuela se va a resolver no antes de 2018, según lo que se infiere de la realidad. Estamos hablando de la situación actual, pero tenemos que seguir caminado con cautela en este campo minado, porque no podemos confiarnos en medio de tantas dificultades.

La oposición debería escuchar a sus propios analistas políticos, que están discerniendo los verdaderos resultados del diálogo hasta ahora. John Magdaleno, por ejemplo, considera que el gobierno ya ha logrado su objetivo de “ganar tiempo”, pues desactivó las protestas, lo que le permitiría llegar al 10 de enero de 2017, cuando incluso si es revocado, la Constitución prevé que su sustituto sea el vicepresidente. Según Magdaleno, el chavismo seguirá en el poder al menos hasta 2019.

Otra, la politóloga Francine Jácome, afirma que además el Gobierno logró “dividir a la oposición”. La Navidad se ve roja rojita. Al año que viene entraremos ilesos y en ganancia. Mas ahora es que queda pelea.

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