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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Reflexión de Navidad (09-12-2016)

Ha pasado una semana más de este año tan complicado. Mientras el combate políticomediático arrecia, pareciera que la gente en la calle anduviera pensando en otras cosas ¿Será así? Quién sabe, el pueblo se comporta a veces de manera inescrutable ¿Se cuela el discurso chavista en medio de los vericuetos de la guerra económica en sus manifestaciones cotidianas? ¿Nuestras ideas se acomodan entre las colas de las panaderías? ¿Se deja escuchar nuestra voz entre los lamentos porque los aguinaldos no alcanzan para cubrir los gastos naturales (es un decir) de la Navidad? ¿Estamos presentes en los terrenos de la angustia popular? Pareciera que no, si nos atenemos a las cifras de estudios confiables que demuestran que la porción de venezolanos que se sienten políticamente representados por los revolucionarios no crece (tampoco decrece, a decir verdad, estamos más o menos igual que a principios de año). Tampoco avanza ni retrocede significativamente el segmento de la población que se reconoce como opositora, y la primera minoría, los no alineados, se mantiene en las fronteras del 40%. Es decir, alrededor de 7 de cada diez venezolanos no se identifican con nosotros. Ese es un problema mayor que la MUD. Ojalá esa familia disfuncional (Jorge Rodríguez dixit) fuera el gran problema ¿Será entonces ese pueblo indefinido el problema? ¿O lo somos nosotros? Esto último es un pensamiento que hoy nos persigue a muchos revolucionarios leales pero inconformes, como debe ser. Inconformes sí, no con el Gobierno (o no solo con el Gobierno) sino sobre todo con nosotros mismos. Quizá porque hoy leíamos una de esas frases claves de Fidel, pronunciada poco después de derrocar a Batista y entrar triunfal en La Habana: “No nos engañemos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil”. Para nosotros también, en este momento, quizá se acercan tiempos más difíciles. Y es por eso que debemos tratar de acercarnos más a ese pueblo que representamos históricamente, pues solo con él, con su confianza, con su respaldo, con su conciencia, podremos enfrentar con éxito cualquier tempestad. Claro, el chavismo revolucionario, el consciente cien por ciento, el incondicional, esa gran vanguardia social, ha sido hasta ahora una gran garantía. Pero necesitamos dotarlo de una periferia más amplia para, entonces sí, alcanzar el punto de no retorno del que Chávez hablaba.

Quienes andamos metidos de cabeza en la política (los peces mojados que no lo sabemos, porque vivimos en el agua) a menudo no palpitamos al mismo ritmo de quienes caminan por las calles pendientes de sus asuntos privados, que en este momento, lamentablemente, no son pocas personas, y no hablamos solo de los profesionales, de los comerciantes, de los “pequeños burgueses” según el léxico clásico marxista, sino también del proletariado, de los pobres ¿Acaso, y no obstante, el pueblo sí está mirando hacia los “políticos” y siguiendo sus pasos? Su pensamiento, en general, según estudios serios, ha cambiado. Es un pueblo muy distinto al que llevó al chavismo al poder, en un acto que mezcló la desesperación con la esperanza, y que poco a poco, con el influjo de Chávez, fue deviniendo en ejercicio de conciencia. Este devenir caló profundamente en una parte importante de los venezolanos, que hoy es un ejército popular cívico-militar militante, combativo, dispuesto a todo por la Revolución. Pero otra parte que fue permeada por el mensaje chavista ha comenzado a mostrar  debilidades, vulnerabilidad, una muestra de ello fue el 6D. Tiene convicciones que son chavistas: quiere la paz, respeta políticamente la Constitución, favorece el modelo de inclusión, defiende la soberanía de la Patria. Pero ha dejado de identificarse con nosotros, quizá nos confunda hasta con la oposición, en el sentido de que nos califica como “los políticos”.

¿A qué viene esta perorata? Este año hemos superado el vendaval en el que intentaron ahogarnos los enemigos. En la medida en que corren los días, parece más claro que hemos logrado la extraordinaria victoria de mantener la paz y la estabilidad del país. A raíz de acontecimientos recientes, que demuestran cuán dura es aun esta guerra y que la misma se va a prolongar, y probablemente a profundizar, podemos decir, sin embargo, que los días navideños que se avecinan verán menguar las grandes tensiones que han estado presentes en 2016. El lunes es 12 de diciembre, se avecina el período vacacional navideño y la oposición, dividida y caótica, no está en capacidad de perturbar la tranquilidad de estos días que se aproximan ¿Y nosotros, qué haremos? Tenemos la oportunidad de aflojar un poco el acelerador y pausar relativamente el maremágnum de las ingentes tareas cotidianas y darle oportunidad a la reflexión, a la revisión franca y profunda en torno a nosotros mismos en nuestro carácter de revolucionarios ¿Qué podemos hacer mejor? ¿Qué cambios podemos emprender para que más temprano que tarde seamos mayoría otra vez?

Nosotros vamos a empezar poniendo nuestra parte. Hace un par de días un camarada pesuvista, con relación a una tarea que le ha asignado el partido, nos consultó sobre que pensábamos nosotros en torno a qué cosas debería cambiar el partido para reconectarse con la mayoría del pueblo. Nosotros le hicimos un pequeño adelanto, pues es un asunto sobre el cual venimos reflexionando desde hace algún tiempo. Le dijimos que, a nuestro entender, el PSUV tiene serios problemas tanto políticos como comunicacionales, y que una sola palabra apuntaba al meollo de esos problemas: sectarismo. Nos comprometimos a desarrollar este fin de semana algunas ideas por escrito y hacérselas llegar. También se las haremos llegar a usted, amigo lector. Mil cabezas piensan mejor que una.

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