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José Vicente Rangel: Solo el pobre delinque y los militares no están preparados para operativos policiales

Editorial y Los Confidenciales del programa en Televen “José Vicente hoy”: 11-12-2016.

Lo sucedido en Barlovento es extremadamente grave. Las posiciones políticas no pueden (o no deben) enturbiar las investigaciones sobre algo que constituye un baldón para la democracia y una afrenta a los derechos humanos.

En Barlovento, durante los días 15 y 17 de octubre de 2016, en el sector El Café, vía Caucagua, estado Miranda, fueron detenidos por efectivos del batallón caribe 323 del ejército venezolano, “Coronel José María Camacaro”, destacado en el comando militar en la ejecución de la “Operación Rondón”, 13 ciudadanos que luego fueron desaparecidos, sometidos a torturas y finalmente asesinados.

En otras palabras, que reaparece en el país una práctica represiva que creíamos abolida. Ya que en casi 18 años de gobiernos bolivarianos no ocurría una situación similar a la que se convirtió en política de estado durante la IV República. Práctica consistente en la violación sistemática del ordenamiento constitucional y legal de la república, adelantada por efectivos militares, que incluye la detención arbitraria de personas, su desaparición, tortura, y, por último, el asesinato. Estas operaciones se convirtieron en auténticas masacres en los gobiernos de Acción Democrática y Copei (del puntofijismo), cuando ocurrieron las masacres de Cantaura, Yumare, El Amparo. Ahora se repite tan despreciable experiencia  en Barlovento.

¿Por qué se repite esta figura represiva? ¿Qué está detrás de tan siniestra experiencia? Uno pudiera entenderlo en el pasado por el adiestramiento de la fuerza armada en centros de instrucción militar de los EE.UU. Que impartían enseñanzas para encarar la subversión, entre la que destacaba la tortura, la desaparición forzada y la eliminación física de los prisioneros, pero no en la actualidad. Con un ejército con nuevas concepciones acerca de su misión, con elevado sentido de la profesión y en el contexto de una política en la que el ciudadano ya no es el enemigo.

El tema es complicado de explicar y creo en la conveniencia de someterlo a debate, incluyendo en éste al componente militar. Pero me atrevo a señalar, en primer término, que  el origen de lo sucedido está en que el gobierno incurrió en el error de dar luz verde a una versión exclusivamente represiva a la lucha contra la delincuencia, la OLP, que asumió el encargo sin preparación suficiente, sin definición de objetivos y sin una metodología clara respecto al tema de los derechos humanos. Ese error condujo a que se desataran verdaderas razias represivas en sectores populares con el criterio de que sólo el pobre delinque, y lo más grave es que luego se involucró a un componente de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, el ejército, en tareas para la que no está preparado.

Desde luego, en este deplorable episodio,  condenable desde todo punto de vista, destaca la reacción del gobierno, del presidente Maduro, del Ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, de la Fiscal General Luisa Ortega y del Defensor del Pueblo, Tarek Willam Saab: la respuesta institucional inmediata. A diferencia de la conducta de los gobiernos de la IV República que siempre estuvo signada por el ocultamiento de los hechos, lo que determinó que la terrible figura del desaparecido cobrara la vida de aproximadamente tres mil compatriotas. Ahora las instituciones no ocultan los hechos, los condenan de inmediato y proceden a sancionar a los culpables –no todos desde luego, porque hay otros responsables– mediante la degradación de oficiales implicados y la expulsión del resto de las filas de la institución castrense.

Pero aun cuando se trata de un logro en la lucha contra la arbitrariedad y en defensa de la vida, no es suficiente porque si algo revela lo sucedido es que el huevo de la serpiente existe en el seno de las instituciones y si no se actúa con rapidez para liquidarlo, en cualquier otro momento se repetirá la agresión contra los derechos humanos y la seguridad de las ciudadanos

Los Confidenciales

1) La masacre de Barlovento consumada por efectivos del Batallón Caribe 323 del Ejército, hecho en el cual 13 personas –aun cuando parece que hay más– fueron detenidas arbitrariamente, desaparecidas, torturadas y luego asesinadas, ha tenido honda repercusión en el seno de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. El repudio a los hechos ha sido total y determinó la apertura de una severa investigación.

Se considera inexplicable que en una fuerza armada como la actual venezolana, dentro de la cual se ha adelantado un serio trabajo de concientización sobre los valores éticos que deben imperar en la institución, de respeto irrestricto de los derechos humanos y se hacen análisis críticos de lo que sucedió durante la cuarta república, se produzca ahora un hecho que echa por tierra los logros alcanzados.

Algunas preguntas que se hacen los altos mandos castrenses apuntan, no sólo al esclarecimiento de lo sucedido, sino también al esclarecimiento del por qué se involucra al ejército en tareas que no son de su competencia, cuya realización exige preparación especial.

Aun cuando el rechazo a lo sucedido es pleno en los altos mandos, en todos los componentes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, hay oficiales que cuestionan procedimientos y que consideran que la utilización de efectivos de unidades militares en la lucha contra la delincuencia exige la adopción de previsiones, mucho más si las actuaciones se ubican en el marco de las acciones que realiza la OLP, objeto de críticas constantes  por la violación sistemática de los derechos humanos y agresiones constantes a los habitantes de barriadas populares.

2) En una reunión social en el este de Caracas, un grupo conversaba sobre la situación del país, las salidas posibles de la crisis y las perspectivas para el año 2017. Unos sostenían que había posibilidades de una mejoría de la situación económica, lo cual afectaría a la oposición y fortalecería al chavismo. Otros consideraban que no existía posibilidad de recuperación económica y que, por consiguiente, era inminente la salida de Maduro de la presidencia y la instauración de un gobierno de transición. Ante ésta posición un conocido abogado, muy vinculado a la oposición, tomó la palabra y dijo más o menos lo siguiente: “ya no hago más cálculos sobre si Maduro será o no derrocado. La experiencia me indica que  en el campo opositor hablamos muchas pendejadas. Mientras pronosticamos a cada rato el derrumbe del régimen seguimos subestimando a Maduro. Creo que éste cada día nos da algunas lecciones de política. Por ejemplo, su entrevista con el Papa Francisco nos cogió fuera de base. Le sirvió para apoderarse de la propuesta de diálogo. Y el acuerdo de la Opep sobre el recorte petrolero nos dejó sin piso. Pero seguimos diciendo que Maduro se está cayendo, es decir, lo seguimos subestimando.

Fuente: Sincuento.com

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