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Milites classici, infantería de marina romana

Tras la batalla de Actium, el nuevo emperador Octavio Augusto, consciente de la importancia del dominio del mar en su victoria, encarga a su amigo Vipsanio Agripa la organización de la nueva Flota Imperial romana.

Como consecuencia de éstas reformas, surge un nuevo cuerpo militar, los milites classisi o infantería de marina romana, así como la inclusión en el entrenamiento de las legiones romanas, de la obligación de saber nadar. A éste cuerpo se le asignaron mandos específicos como los del jefe de la flota o praefectus classis, lugartenientes (sub-praefectus) y comandantes (praepositi), además de intendentes específicos para la flota (dietarius), que también se encargaban de la alimentación específica para el mar, diferente a la de las legiones terrestres. A nivel de la tropa, se crearon los centuriones classis específicos para la infantería de marina, así como condecoraciones especiales para los combates navales, como la corona navalis.

A los milites classici se les concedió el rango de soldados de primera clase, y su rango y paga fue la misma que la de los soldados pretorianos, y como ellos, las flotas y los milites classici dependían directamente del mando del emperador, tal era su importancia. Agrupados en una legión propia, los milites classici pasaron a integrar la Legio I Classis.

Aunque combatían en conjunción con las demás legiones, eran ellos los que llevaban el peso en los abordajes, ya que en su entrenamiento, además de las cosas específicas del mar, estaban especialmente entrenados para trepar por los cascos de las naves así como por sus aparejos y mástiles.

Además, tenían un uniforme específico, adaptando el equipo legionario terrestre al mar. Su casco eran más amplios que los terrestres y estaban adaptados para poder prescindir de las carrilleras, para darles más visión en los cerrados combates marítimos  e incorporaban una cubrenuca para protegerlos de impactos verticales.

Pero la diferencia más evidente, era la ausencia de armaduras, ya que dicho equipamiento entorpecía sus movimientos en las naves, sin contar con las desgraciadas consecuencias que tendría ante una caída al mar. Solían llevar en climas fríos un capote grueso (pachea imatia) y gorros  y calcetines de fieltro (pilos y udones) o sonbreros de ala ancha (petasus)

En cuanto al armamento, llevaban el típico gladio o espada corta romana, un escudo estándar y una lanza corta, adaptación de los pilum terrestres, y que a diferencia de éstos, sí que era recuperable.

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