Inicio > Política > Néstor Francia / Análisis de Entorno: Juguetes de la burguesía (y anexo sobre el PSUV) (12-12-2016)

Néstor Francia / Análisis de Entorno: Juguetes de la burguesía (y anexo sobre el PSUV) (12-12-2016)

Cuando titulamos “Juguetes de la burguesía” no nos referimos a los que fueron decomisados a la empresa Kreisel (que también lo son), sino a los voceros de la derecha que saltaron inmediatamente en defensa de estos “sicarios económicos” como ha definido a los acaparadores y especuladores, con tino, William Contreras, jefe de la Superintendencia Nacional para Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde).

Los voceros de la derecha no han perdido tiempo para mostrar su verdadera catadura. Merecerían una respuesta rápida, política, comunicacional, callejera, que clame por todas partes “¡Niños sí, Kreisel no! Veamos lo que han dicho los que se arrastran al servicio de la oligarquía.

Chuo Torrealba, secretario ejecutivo de la MUD, en Twitter: “Ni simple hamponato ni mera demagogia electoral: Atraco oficial a Kreisel confirma DESLAVE MORAL de un régimen que trafica con objetos robados”.

Henrique Capriles, por la misma vía: “Como Maduro no tenía juguetes para repartir con su foto, mandó entonces que se los robaran para hacerlo! Llegará la JUSTICIA!”. Y además: “Gobierno que no produce nada, entonces roba a los que si lo hacen! Así nadie producirá y los más perjudicados siempre los más pobres!”.

María Corina Machado: “Decomiso de juguetes a Kreisel es un robo”. Y su partiducho, Vente Venezuela: “Alzamos la voz porque creemos en la libertad de mercado y libre comercio. Lo que hace Sundde es un atropello al productor.

#ControlarEsRobar” Diario Tal Cual: “ABUSO TOTAL Sundde decomisó más de tres millones de juguetes a la Kreisel” Vicente Díaz, ex rector derechista del CNE: “Saqueo a Kreisel es inicio de campaña electoral del gobierno para tratar de subir en encuestas. Destruye empresas potencia la miseria”.

Bien, estos canallas pretenden poner todo al revés: los que roban y saquean al pueblo no serían quienes importan con dólares preferenciales, acaparan y luego venden como si lo hubieran hecho con el dólar paralelo, sino el Gobierno que los captura y pone las cosas en orden, para favorecer a la mayoría y enfrentar la criminal guerra económica. El debate en torno a Kreisel define una vez más a los ejércitos en batalla.

Por un lado los que sirven a los intereses de los multimillonarios, de los explotadores, por el otro los revolucionarios que defienden los intereses del pueblo. Como dijo William Contreras, “No dejaremos que estos delincuentes económicos le roben el derecho a nuestros niños y niñas de recibir sus juguetes”.

Ahora bien, los crímenes de Kreisel contra los niños y las niñas de la Patria no son puntuales ni de ahora. No solo es que acaparan, especulan, trafican con las divisas del país, se ponen por encima de las leyes y forman parte de la guerra económica. Sus despropósitos contra los niños, las niñas y las familias venezolanas son de larga data, es una guerra sistémica, propia del capitalismo, contra los trabajadores. Veamos.

Todos los años, entre octubre y noviembre, la empresa Kreisel inicia un brutal ataque publicitario. Observamos en las pantallas de la televisión anuncios de estos mercachifles vendiendo una ruma de juguetes con su marca, a través de “una publicidad  obsesiva y omnipresente”, como la que describe Ignacio Ramonet en su célebre artículo “Un delicioso despotismo”. Esta publicidad, hecha con derroche de técnicas desarrolladas por los demiurgos de la mercadotecnia capitalista, es sin duda sugerente, cautivadora, con movimientos y tiros de cámara que magnifican las características de los productos, acompañados por parlamentos seductores y música hecha para tales propósitos y uso de un jingle-slogan ya internalizado por los “clientes” (los niños y las niñas de Venezuela): “Es Kreisel, es excelente”. Nuestros niños y niñas, enamorados por la manipulación de estos vendedores de oropeles, sueñan con que sus padres les regalen esos juguetes en Navidad. Por supuesto, se trata de mercancía con precios nada solidarios. Así explotan a las familias y muchas veces las arrastran a conflictos indeseables. Si los padres no tienen cómo comprar esos regalos, los niños y niñas se sienten frustrados y muchas veces desdicen de sus padres y otros familiares. Pero nada de eso importa a los traficantes de sueños. La ilusión de nuestros vástagos no significa nada para ellos, solo los malditos dólares, el oro que todo lo oscurece. De paso, tratan de aplastar a otros fabricantes que no poseen los medios para competir en las pantallas, como nuestros jugueteros artesanales, por ejemplo, que fabrican hermosos juguetes y los comercializan a precios mucho más accesibles.

Esa publicidad es, por supuesto, muy costosa, pero no importa, eso se cubre agregándolo a los costos de producción (y precios de venta). Así funciona el negocio. Para meterte las mercancías por los ojos y esclavizarte a ellas, te hago pagar a ti mismo. No solo te robo quitándote la plusvalía que saco de tu trabajo, sino también te quito lo que te queda promoviendo el consumismo al estilo del muro de Trump: te jodo y además te hago pagar por ello. Que se vayan Kreisel y sus defensores largo al carajo. Ayer el Presidente anunció la noticia del retiro de los billetes de a 100 bolívares. No nos vamos a apurar en comentar este tema tan importante y a la vez delicado, y un tanto complicado. 100% de acuerdo con esta acción contraofensiva en la guerra económica, pero esperaremos más reacciones y hechos para anlizarla.

Anexo:

En nuestro Análisis del pasado viernes nos comprometimos a presentar un breve comentario sobre políticas del PSUV, que redactaríamos con la intención de aportar nuestra opinión a un compatriota que está haciendo un trabajo en ese sentido y con el objetivo de ofrecer alguna modesta ayuda para sus reflexiones. He aquí las ideas generales que el enviamos:

Recomendaciones Sobre Politicas Del PSUV

Hemos dicho que el PSUV tiene serios problemas tanto políticos como comunicacionales y una sola palabra apunta al meollo de esos problemas: sectarismo.

¿Qué es el sectarismo? En política, el sectarismo consiste en aquella conducta que caracteriza a una organización por vivir viéndose el ombligo, confundiendo la realidad con lo que pasa solo “puertas adentro” y perdiendo el contacto cercano con  aquello (y aquellos) que la rodean. Es pues, un comportamiento parecido al de esas sectas religiosas que pierden contacto con la realidad externa a ellas, generando credos y dogmas que terminan por sustituir el análisis crítico de lo que ocurre tanto a ellas mismas como fuera de ellas. El PSUV ha devenido en algo parecido. La mayoría de las personas “de a pie” que no tienen militancia política nos ven como un cuerpo extraño, hacia el cual pueden sentir simpatía o rechazo, pero que en todo caso no se sienten

identificados con nuestros ritos partidistas. Es como pueden ver a los evangélicos o a los Hare Krishna. Hemos pasado a ser, de un partido que se movía entre el pueblo como pez en el agua, a uno que nada en su propio y aislado lago. Claro, estamos presentes en organizaciones populares, lo cual es muy bueno, pero, a decir verdad, nuestra periferia popular se ha venido reduciendo y hoy ronda apenas el 30% de la población, eso significa que 7 de cada 10 venezolanos no se sienten identificados con nosotros, lo cual nos coloca en una situación de alta vulnerabilidad.

El sectarismo del PSUV se manifiesta en hechos concretos de nuestra acción política. Hay ejemplos palpables de ello. Durante la campaña electoral de 2015, fui muy crítico del manejo del llamado “1 x 10” en el partido. Mientras el pueblo languidecía en las colas, en el momento más duro de escasez (situación que hemos venido superando paulatinamente, hasta el punto de que en este momento el problema principal parece haber pasado al tema de la alta inflación y especulación), nosotros desarrollábamos una ficción en la que muchos militantes parecían más interesados en llenar unas planillas para cumplir con el partido que en acercarse realmente al pueblo que sufría en larga hileras en las que actuaban inclusive agentes del enemigo tratando de indisponer y hasta de enardecer a las masas. Más de una vez planteé la necesidad de que el partido se hiciera presente de manera organizada en las colas, atendiendo al pueblo y rodeándolo con nuestro amor. Si no podíamos resolver su problema de escasez de alimentos, al menos acompañarlo y aliviarle la carga. Propuse la creación de brigadas que llevaran agua a las colas, algunas meriendas, sillas para las personas de la tercera edad, gorras para paliar las inclemencias del sol. No hay que decir que no fui escuchado, es evidente.

Pero en vez de eso, montamos la fantasía del “1 x 10”. Hasta un dirigente nuestro salió diciendo, pocas horas antes de las elecciones, que habíamos captado más de 8 millones de personas en las listas de esa fórmula. Pura coba, autoengaño, mieles del sectarismo. Ese pueblo que estaba en las colas nos derrotó, dándonos una lección que no estoy seguro que hayamos entendido.

Otro ejemplo: pasaba yo a veces por un punto rojo cercano a mi casa, y noté que los compatriotas que lo atendían mantenían todo el día unas potentes cornetas prendidas con música estridente (no siempre de aceptable calidad musical o política), en una esquina rodeada de edificios residenciales. Lo peor es que aquello era más ruido que contenido. Les traté de hacer ver que en esos edificios probablemente vivían ancianos, enfermos, niños recién nacidos, muchachos que necesitaban estudiar, gente de esas que dicen no apoyar ni al gobierno ni a la oposición y que no agradecerían para nada aquella perturbación forzada de sus vidas cotidianas. Los compatriotas comprendieron y comenzaron a comportase con más acierto, a moderar los decibeles y a transmitir más mensajes políticos dosificados ¿Pero cuántos casos no habría de la misma desviación sectaria?

El peor sectarismo del PSUV no es el que se ejerce internamente o hacia los partidos del Gran Polo Patriótico, que también lo hay, sino el que se practica hacia el pueblo que debería ser nuestra gran razón de ser y existir. El pueblo no se va a acercar a nosotros mientras nos comportemos como una secta. Lo peor es que, en realidad, en algunos sentidos somos más sectarios que muchos evangélicos o los Hare Krishna, que son menos prepotentes, autosuficientes y “creídos” que nosotros. Al partido le hace falta  humildad, verdadero amor hacia el pueblo, apertura, transformación profunda de sus políticas cotidianas. Más de una vez me he sentido como una voz en el desierto pero no digo las cosas con la sola intención de que se me escuche, sino porque para mí la crítica leal no es un derecho sino un deber.

Hay otros ejemplos del sectarismo pesuvista en la acción cotidiana, pero creo que con esos dos ejemplos podemos dejar sentada nuestra opinión. En lo comunicacional, le pasa al partido algo parecido, aunque sin duda hay algunos éxitos.

Pero a veces nuestra comunicación es demasiado consignista, fundamentalista, desprovista del aliento popular, contaminada por el autismo político: a menudo nos comunicamos con nosotros mismos y no palpitamos con el pulso del pueblo, con sus reales preocupaciones. No niego que seamos creativos, sí lo somos. Tenemos bastante coherencia comunicacional, ensayamos imágenes con una estética por momentos exultante, hemos desarrollado líneas que han posicionado importantes conceptos en el pueblo, como el de la paz y el respeto a la Constitución, lo cual nos ha sido de altísima utilidad en momentos difíciles como los actuales. Pero no nos conformemos. Sobre todo debemos mejorar la combinación de lo político general con la cotidianidad popular. No solo de pan vive el hombre, pero tampoco solo de ideas.

En fin, lejos de mí la intención de pontificar. Desde hace tiempo sé que no tengo verdades sino opiniones y que la duda es una de las principales virtudes del intelecto. Solo llamo a la reflexión sincera, crítica, revolucionaria.

Te puede interesar