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Gustavo Tovar Arroyo: Los saqueos, el jorobado y el nuevo tiempo

 

Gargajo de horror

Tiemblo mientras intento escribir. Otra vez. En circunstancias como las actuales los dedos no aciertan pulsar las teclas correctas, se extravían entre el sobresalto y la furia, son garabatos que salpican chispas, que sacan lumbre. Las noticias que llegan de Venezuela arden. Robos, hambre, enfermedad, crimen, inundaciones, carestía, desorden y anarquía. Saqueos, falta de dinero, cercos de púas políticos, emboscadas económicas. El apocalipsis nos ha lanzado su gargajo de horror.

Los que apostaron a la destrucción de Venezuela para demostrar, entre añicos y estragos, que el chavismo era un régimen dictatorial, corrupto y criminal, lograron su objetivo. Somos una ruina. Estamos destruidos, desmoralizados, deshechos.

¿Eso es lo que querían?

Los jorobados

Hay una figuración a la que la mitología espartana le atribuye la perniciosa cualidad de la traición. En la inspiradora y muy celebrada película 300 pudimos conocer su monstruosidad moral y su perfidia. Me refiero al “jorobado”.

En Venezuela, los jorobados –de la inmoralidad y la traición– están por todas partes, abundan especialmente estos días. Son escurridizos, viciosos, intrigantes, no pueden ocultar su falsedad. Se les ve dialogar, negociar, piden el voto al pueblo y luego lo abandonan. Se inclinan, resentidos, a la malicia. Sonríen mientras lo hacen. El engaño es su oficio; la mentira, su motivación.

Una de ellas, una jorobada, cercana a Diosdi, no comió cuentos y se me acercó. La tuve que abominar. Pero su cercanía, su fingida amistad, me alertó. Están aquí, cerca, muy cera, pueden abrir la puerta de tu hogar.

¡Cuidado!

Un nuevo tiempo de traición

Lo he dicho, me dolieron mucho las traiciones de Ricardo Sánchez y William Ojeda, los consideraba mis amigos. Me dolió, pero aprendí. A ambos les tenía mucho aprecio. En el caso de Ricardo específicamente comprendí que no era sólo el chavismo quien había pervertido el espíritu de la nación, también y en gran medida lo había hecho la oposición.

Ricardo, joven inteligente, sensible y crítico, muy humano y lúcido, fue sacudido moralmente cuando entró en contacto con el partido Un Nuevo Tiempo: putas, alcohol, dinero, lujo; purulencias contagiosas de la peste chavista. Su alma se infectó y convirtió en presa fácil para el chavismo: la madre de todas las depravaciones.

Su traición, semejante a la de Ojeda, a la de Timoteo Zambrano, William Barrientos, Ricardo Fernández y no sabemos aún si de Manuel Rosales, estaban signadas por un nuevo tiempo político, el del descaro y la fatuidad.
Un nuevo tiempo que sustituyó unas cuantas monedas por los sueños, las visiones políticas y los principios.
Un nuevo tiempo de traición.

¿La misma mierda?

Todavía me tiemblan las manos al escribir. No es fácil. La rabia se teje a la frustración e invaden, amarradas furiosamente la una a la otra, cada parcela de mi espíritu. La irritación aparece por todas partes, irrumpe, se encabrita, salta indómita –yegua agreste– sobre el teclado. No obedece, relincha. Lo hace aquí conmigo.

Tú te sientes igual, lo sé: tu alma es una tempestad. El que los diputados de Un Nuevo Tiempo se hayan vendido era previsible. El partido se llenó de dudas con la inexplicable liberación de su líder. Lo intuían, del penthouse en Lima a la cárcel del Helicoide, había un oprobioso gato encerrado. ¿Por qué no actuar a imagen y semejanza del “fundador” de sus tiempos nuevos? ¿No ha sido así la política desde que mostró la jeta el chavismo?

Las últimas palabras que me pronunció mi “amigo” William Ojeda jamás las olvidaré: “No tienes idea de la podredumbre que existe en la oposición, no la tienes, son la misma mierda”.

¿La misma o la única?

No nos domarán

El ejemplo de Leopoldo López pasará a la historia. Venezuela necesitaba una inspiración como la suya. No todos los líderes de nuestro tiempo son cobardes, cínicos, perversos, tránsfugas o traidores. No sólo de jorobados y jorobadas está compuesto nuestro liderazgo político. Hay moral, hay integridad, hay bravura, y mucha. Leopoldo la encarna.

Seas del partido que seas, apoyes al líder que quieras apoyar, fortalece al país que quieres “ser” fortaleciendo a aquellos que representan los valores que tú anhelas en tu propia interpretación de Venezuela. ¿Qué país añoras? Escoge el liderazgo que lo represente, no jorobes tu destino.

Nuestra lucha es espiritual, nos asiste una moral que no se doblega, hay ejemplos de ella por todas partes, no sólo en Leopoldo, la vemos en Ledezma, Ceballos, Goicoechea, en los huelguistas que hoy sacrifican su vida en el Helicoide.

Cambiemos el proceder de los nuevos tiempos, saqueemos al malandraje (no a los empresarios) y a sus jefes (los cubanos) de Venezuela. No todo es miseria, cobardía o traición. Estás tú, estoy yo, están los estudiantes. Están muchos políticos. Primero muertos que domados. No nos vencen, no lo harán nuca.

¡Gloria al bravo pueblo! ¡Gloria a los que luchan!

¡Gloria a ti!

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