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Nelson Rivera: La Indolora Cosmética De Vladimir Padrino López

Mientras en su pecho el número de barras, estrellas y demás menudencias continúan aumentando, se ejecutó en agosto de 2015 la llamada Operación de Liberación del Pueblo en cinco municipios del Estado Táchira, donde se cometieron maltratos contra ciudadanos inocentes y se demolieron las viviendas de personas indefensas.

Probablemente nadie conoce mejor a Vladimir Padrino López que su fotógrafo (o sus fotógrafos). No hay en la historia reciente un militar activo con un historial de poses semejante. Padrino delante de un radar. Mirando por unos binoculares. Abrazando a niñitas. En las inmediaciones de un helicóptero. Manipulando una bazuca. Inaugurando algún torneo deportivo. Entregando una vivienda a algún subordinado. Saludando a un desfile. Impartiendo instrucciones al Estado Mayor Superior. Revisando el estado de las cosas en un patio de tanques. Incluso, cuando se arrodilló ante un Fidel Castro debilitado por los años, allí estuvo un fotógrafo que registró la escena.

Para Vladimir Padrino López, ejercer su poder es indisociable de retratarse. No solo es el hombre-pose de la fuerza militar venezolana, sino el que cuenta con el más amplio aparato de propaganda a través de las redes sociales: a la cuenta personal hay que sumar las del Ceofanb, la del Ministerio de la Defensa, las de los componentes —muy especialmente la de la Guardia Nacional— y, más recientemente, el propagandismo alrededor de la Gran Misión Alimento Soberano.

Un hombre prendado de sí mismo. Tal como lo señala su presentación curricular, en más de una oportunidad, ha sido el primero en méritos de su promoción. Esta afectación, esta ausencia de naturalidad, tiene su proyección verbal: Padrino López habla —y escribe— con palabras pomposas. En su estilo, cursilería y grandilocuencia no luchan sino que se abrazan. Algunos ejemplos: “FANB y pueblo; la simbiosis perfecta de la lucha armada y no armada”. “Hoy la Revolución Bolivariana reivindica la justicia social y el carácter afrodescendiente y digno de nuestra condición humana originaria”. “Hoy amanecimos atónitos, recordando la grandeza de alma de nuestro Generalísimo”. “Somos una estirpe guerrera a la altura de sobrepasar cualquier reto”. Y más. Lo llamativo es esto: a la pretensión de lucir como un hombre de ancha cultura y vocación humanística, se le doblan las rodillas. La sintaxis no calza del todo. La forzada selección de las palabras —el amanecer ‘atónito’ de Padrino López es la pura impostura— deja la vanidad al descubierto. Quien se anime a leer su discurso del 5 de julio de 2014 en la Asamblea Nacional podrá disfrutar de esta feria: en un párrafo cita a Platón y a Aristóteles. En el siguiente a Gramsci. A continuación balbucea algo sobre la ética nicomáquea. Y así, se suman Kant, William Burke, Von Clausewitz, todo ello mezclado —no me lo van a creer— con Ezequiel Zamora y Hugo Chávez. Insisto: cosmética.

Lo sublime y lo real

Pido al lector que me acompañe en la parte más delicada de este artículo. Intentaré contestar a la pregunta de qué contiene —si es que contiene algo— la cosmética verbal de Padrino López. Si la cantidad de veces que un hombre repite algo constituye una medida fiable de las cosas, lo primero a señalar es que el ministro de la Defensa y jefe del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Ceofanb) es un adorador de Chávez. A este punto, lo equipara con Bolívar. En el discurso que leyó el 30 de septiembre de 2014, en el IX Aniversario del Ceofanb, al referirse a la Doctrina Militar Bolivariana, dice: “y Chavista, agregaría yo. Bolivariana y Chavista, que en fin, es lo mismo”. La más estricta recapitulación sobre los encomios y adjetivos con que Padrino López se refiere a Chávez, podrían constituir el estudio de apertura de una especialidad: Personalidad cosmética y culto a la personalidad. Hay una operación mental-discursiva según la cual, el pueblo y la patria son equivalentes a Chávez; la propia FANB es equivalente a Chávez; la FANB de ahora es la versión siglo XXI de las tropas libertadoras (aunque su filia por los lugares comunes, alguna vez lo haya puesto a parafrasear a Churchill: “Costó mucho decidirnos por la Independencia y lograrla con la sangre, sudor y lágrimas de nuestros héroes y mártires”) y de Chávez.

Este palabrerío, es uno de los signos de su modo de estar en las redes sociales. Palabrerío y pose fotográfica en activismo como absoluta autoridad de la FANB. Palabrerío y mal gusto en los carteles-efemérides —piezas recargadas de adornos y de tipografías retorcidas— que se dedican a héroes de la patria y a figuras públicas (el pasado 14 de julio, el Ministerio de la Defensa puso a circular un cartel con una frase de Francisco de Miranda, que parece sacada de la fraseología del voluntarismo contemporáneo: “El tamaño de tu éxito será del tamaño de tu esfuerzo”). Palabrería en los recordatorios de las batallas, del día en que Chávez ingresó de cadete, del día en que se graduó como tal. Palabrerío propagandístico para destacar el compromiso de los uniformados con “los más sublimes intereses de la Patria, la participación de los hijos de Bolívar y Chávez al desarrollo (el 11 de junio, en la cuenta de Padrino López se nos informa que el Centro Agroecológico de la Aviación se sembraron 300 árboles de lechoza; luego, el 20 de junio, se suma la fotografía de un oficial del “ADI Caroní ZODI Bolívar” que supervisa la siembra de 100 plantas de yuca).

Y llego aquí a una cuestión central: en efecto, el palabrerío Padrino López formula la existencia de un mundo que llamaré Mundo FANB. Ese mundo dispone de novedoso armamento, realiza ejercicios militares, propaga hacia lo interno unas consignas comunistas, celebra los privilegios que le han sido concedidos por la Misión Negro Primero. Pero es, en el fondo, un mundo por encima del país. Un mundo que, en la medida en que ha ido ocupando centros de decisión y procesos que son de interés público —la militarización que Padrino López ha intentado negar con argumentos ajenos a la realidad— se ha cargado y se carga, cada día más, de un inmenso palabrerío que tiene esta característica: no habla de los problemas de los venezolanos.

Cosmetología sin sufrimiento

En la cosmetología Padrino López no está la sociedad que sufre. Las barras y medallas que congestionan su pecho; su convicción de ser irremplazable en la dirección de la FANB; sus capacidades emocionales que no logran proyectarse más allá de sí mismo; un pensamiento que cree haber resuelto las cosas esenciales de la vida nacional repitiendo que un grupo de autodesignados son hijos de Bolívar y Chávez; su declarada decisión de imponer la Revolución Bolivariana al costo que sea, aun en contra de la voluntad del pueblo venezolano (es imprescindible que el lector responsable lea el informe Los militares como herramienta política y de propaganda al servicio de la revolución. Obstáculos para la confiabilidad del derecho al sufragio en Venezuela, en el que Rocío San Miguel y el equipo de Control Ciudadano documentan, con indiscutible rigor, las declaraciones de Padrino López y de otros altos oficiales de la FANB al respecto); todos estos son obstáculos que hacen imposible su conexión con lo real.

Generalidades sí, realidades no

Revise el lector las transcripciones de las varias entrevistas que José Vicente Rangel ha hecho a Padrino López, desde antes de que fuese nombrado ministro de la Defensa. Lea sus discursos. Tome unas cuantas horas de su tiempo y revise las cuentas de twitter bajo su dirección. Vean y constarán esto: no hay dolor en Padrino López. No hay hambre ni hambrientos. No hay enfermedades ni enfermos. No delincuencia ni tampoco sus víctimas (con la excepción de dos o tres asesinatos de oficiales de la FANB, que le han obligado a lamentarse). Nada sobre los pacientes que deben esperar por meses para una intervención quirúrgica. Ni una palabra sobre el sufrimiento de las familias venezolanas cuyos hijos han abandonado el país. Nada sobre los pobres de nuestro país, condenados a horas humillantes de colas para adquirir alimentos a precios regulados. Nada sobre el estado de la infraestructura escolar y la calidad de la educación pública. Aunque sea fórmula redundante: se trata de la cosmética indolora de Padrino López. De su profunda fisura político-moral. De su reiterado desprecio hacia el sufrimiento diario de los venezolanos.

Lo que está en el trasfondo de esta cosmética, más allá de su chapucera pretensión ideológica, que no es más que un reducido almacén de consignas negadoras y de afirmaciones que pueden sobrevivir solo en la medida en que desconozcan la realidad (como fue evidente en la precariedad de los contenidos con que el último reducto de su claque celebró la fecha del nacimiento de Chávez), no es otra cosa que el más canalla de los argumentos: en tanto que las FANB disponen de las armas, el país tendrá que someterse a los designios de sus conductores. Desde que fuese designado como jefe del Ceofanb, Padrino López ha desplegado una lengua sinuosa cuando se refiere a los asuntos últimos de la vida venezolana. Por asuntos últimos me refiero a la existencia de límites o no, con respecto a la afirmación según la cual la FANB no permitirá nada distinto a la Revolución Bolivariana.

Esa lengua sinuosa es la que habla de la FANB como pueblo armado. La que sostiene, sin rubor alguno, que Venezuela es víctima de una guerra no convencional (mientras, a menos de un kilómetro del despacho de Padrino López, hay personas desfalleciendo de calor, mientras ruegan a Dios que el arroz que han prometido alcance para comprar dos miserables kilos). La que habla de mantener y defender la independencia nacional (en un tiempo donde nuestra Venezuela es la sumatoria de las más onerosas dependencias). Que el predominio otorgado a las acciones defensivas no descarta la posibilidad de acciones ofensivas.

El intercambio: diciembre de 2013

Mucho tiempo antes de ser designado ministro de la Defensa, Padrino López gobernaba la FANB a plenitud. El acto de salutación de fin de año correspondiente al 2013, que tuvo lugar el 27 de diciembre, tuvo entre sus invitados a Carmen Meléndez, entonces titular nominal del cargo. Ese día, ocurrieron una serie de hechos significativos. Fue, en su escala, la coronación de Padrino López. Todos lo que estuvieron allí entendieron el mensaje: su nombramiento era inevitable, lo que equivaldría a la inauguración del que sería su largo mandato.

Además de actuar como gran protagonista y obligar a la audiencia a escuchar sus desproporcionadas melopeas discursivas (apenas una: “El año que está próximo a expirar lleva el signo de la partida física del Comandante Supremo, hecho infausto que sembró el dolor en millones de seres en el orbe, pero este 2013 está marcado también por revelar la inmensa fibra patriótica, constitucional y espiritual de que está hecho el pueblo en armas, quien supo sobreponerse a tan angustiosa pérdida, pudo trascender el golpe de fatalidad y se ha mantenido imperturbable y decidido renovando su fe, sus convicciones y no ha escatimado esfuerzos para mantener los logros admirables que hoy exhibe ante las naciones”), y de organizar una audiencia de carácter nacional, haciendo uso del satélite Simón Bolívar, que conectó a altos oficiales y grupos de militares en numerosas ciudades del país, Maduro cumplió con lo prometido: reafirmó el compromiso de su gobierno con la Gran Misión Negro Primero, ideada por Chávez mientras permanecía bajo cuidados médicos en La Habana; informó que habían sido aprobados recursos para tales fines, y dijo que quería que se ampliaran los planes de protección. Contestaba así a Padrino López, que unos días antes había reunido a un numeroso grupo de oficiales para anunciarles, en la misma lengua sinuosa, los términos del intercambio: la FANB protegería la permanencia de la Revolución Bolivariana, mientras el gobierno garantizaría que los soldados se convirtiesen, en palabras de Maduro, “en una fuerza social emergente, ascendente”.

Poder sin responsabilidad

Padrino López fue designado ministro de la Defensa el 24 de octubre de 2014. Desde ese día, el encumbrado cristalizó sus sueños: adquirir el volumen de lo desproporcionado, de lo indiscutido (por cierto, esa misma noche, bajo las órdenes de Homero Miranda, en la cárcel militar de Ramo Verde, lanzaron excrementos a las celdas de Leopoldo López y Daniel Ceballos). Mientras ha detentado un poder insólito y exacerbado para cualquier régimen que aspire a llamarse democrático, las condiciones en que transcurre la prisión de algunos presos políticos (imprescindible leer los informes de Tamara Suju Roa al respecto), han continuado siendo subhumanas, y se han mantenido las prácticas de tortura. Mientras en su pecho el número de barras, estrellas y demás menudencias continúan aumentando, se ejecutó en agosto de 2015 la llamada Operación de Liberación del Pueblo en cinco municipios del Estado Táchira, donde se cometieron maltratos contra ciudadanos inocentes y se demolieron las viviendas de personas indefensas: ello constituye uno de los episodios más vergonzantes de la desproporción militar en contra de civiles indefensos. La lista de episodios que, en estos dos últimos años, establecen una clara relación entre omisión de las fuerzas militares y acción de grupos paramilitares a pie o motorizados —como lo ocurrido el pasado 9 de junio, en la sede del CNE, cuando Julio Borges fue agredido por un grupo de delincuentes— sugiere la existencia de complicidades y/o colusión. Los detallados informes que se tienen de la acción antes las protestas no dejan lugar a dudas: las FANB mantienen una política de impedir y reprimir cualquier expresión de disconformidad pública, en cualquier parte del territorio nacional. En dos palabras, la FANB bajo el mando de Padrino López niega el derecho constitucional a protestar.

Como bien los venezolanos saben, el 27 de enero de 2015, en la Gaceta Oficial número 40.589, el Ministerio del Poder Popular para la Defensa emitió la “Resolución mediante la cual se dictan las Normas sobre la actuación de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en funciones de control del orden público, la paz social y la convivencia ciudadana en reuniones públicas y manifestaciones”. En ella se autoriza a los funcionarios militares a hacer uso de armas de fuego. La medida, ampliamente cuestionada dentro y fuera de nuestro país, ha sido ratificada por el Tribunal Supremo de Justicia, el pasado mes de julio. Nadie debe sustraerse a lo que esto significa: que Padrino López quiere impunidad para los integrantes de la FANB que disparen cuando perciban “una situación de riesgo mortal”. En cierto modo, es una extensión jurídica de la Gran Misión Negro Primero: a los beneficios y garantías de orden socioeconómico, se agrega ahora un beneficio jurídico. La cosmética Padrino López no puede ocultar su visión de la FANB: que ella sea un fuero. Una comunidad de privilegios. Una entidad diferenciada y por encima del pueblo. Los demócratas estamos obligados a denunciar y desmontar la falacia según la cual la FANB es pueblo armado. El pueblo, como noción política, no tiene armas. Ahora mismo, la FANB, bajo la conducción de Padrino López y el Alto Mando Militar, se oponen, con el poder de las armas, a la potente y clara aspiración de cambio que predomina en el pueblo venezolano.

La pregunta de cierre

Una amplia pregunta se abre paso desde el fondo de estas líneas. Es una pregunta de carácter político-moral: cuáles son, si los tiene, los límites de Padrino López. Si su declarada lealtad a la Revolución Bolivariana podría llegar hasta el punto de hacer uso abierto de la violencia. Quiero decir: si dada la situación del país, en concreto, la de una Venezuela en la que más de 80% de la sociedad exige un cambio, Padrino López estaría dispuesto a ordenar el uso de armas de fuego para mantener al régimen todavía en el poder.

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