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Guillermo García N.: Salida del bolívar, bienvenido el dólar

 

Desde el 21 de abril de 2013 con mi artículo: “Tic…Tac… La bomba económica”, y luego el 24 de mayo de 2015 con mi artículo: “¡Un tsunami económico se aproxima!”, pronosticaba lo que lamentablemente estamos padeciendo hoy todos los venezolanos.

¿Por qué llegamos aquí?

La inflación, la devaluación del bolívar y la escasez no son el resultado de comerciantes e industriales inescrupulosos que se dedican a crear caos, desesperanza y pobreza al ciudadano, como el gobierno ahora quiere presentar, cosa totalmente alejada de la realidad; sino que la inflación, la devaluación, la escasez y el bachaqueo  son el resultado de distorsiones económicas  generadas por las propias  políticas del gobierno (controles de cambio y precios). El gobierno trata ahora de atacar las consecuencias (mercado negro, inflación, escasez, bachaqueo) de estas políticas  y responsabilizar al sector privado formal de estas prácticas, cuando en realidad, estas situaciones han sido generadas por distorsiones  de prolongados controles de cambio y precios y un modelo económico equivocado, verdaderas causas del problema. Controles de cambio y precios que durante 13 años han distorsionado toda la economía. La política  económica del gobierno, que se mantenido durante  los últimos 13 años,  estaba sustentada en el supuesto de que importaciones baratas contenían las presiones inflacionarias. La  política de subsidio de importaciones y control de cambio y precios puede funcionar en el corto plazo, pero en el mediano y largo plazo, la industria nacional, el agro y la agroindustria se debilitan profundamente y les es imposible competir por los desequilibrios que genera (sobrevaluación, devaluación e inflación), aunado a un clima hostil para la empresa privada dentro de un marco de seguridad jurídica muy frágil y con altos riesgo de expropiación y confiscación, resultan en la combinación perfecta de elementos para reducir drásticamente la inversión y la producción  nacional. Si a esto le añadimos una reducción del suministro de divisas, devaluación y un control de precios férreo, el resultado no puede ser otro que imposibilidad  y desestímulo  para producir, lo que ocasiona desabastecimiento, escasez de productos y arbitraje (diferenciales de precio) que dan origen al llamado bachaqueo, sobrefacturación de importaciones, corrupción  y fuertes presiones  inflacionarias. En consecuencia,  la tarea del gobierno pasa por  corregir los desequilibrios: cambiario, monetario y fiscal para crear un ambiente adecuado y de confianza, aunado al respeto a la propiedad y de reglas claras que se mantengan en el tiempo, a fin de que  pueda generarse nuevamente en el país la inversión productiva que genere oferta de productos y baja de los precios. Esa es la solución. No en establecer  más leyes y organismos que intentan mayor control sobre los entes de producción y sofocar a los comerciantes y distribuidores, responsa­bilizándolos de los errores y malas políticas del gobierno.

El efecto de la devaluación sobre la inflación

Los venezolanos hemos tenido un historial perverso del efecto que producen las continuas devaluaciones sobre los precios y las expectativas sobre los agentes económicos. Ante escenarios de inflación galopante y persistente como la que hemos vivido durante 2014 , 2015, y de hiperinflación en 2016, se estima que ocurra un mayor efecto transferencia de la devaluación hacia la inflación, debido a que en estas situaciones los agentes económicos intentan expresar en moneda extranjera los precios de los bienes ofrecidos y sus costos de reposición, cuestión que se agrava aún más cuando el tipo de cambio de mercado paralelo se encuentra exponencialmente muy por encima del oficial  (Bs.10,00) e incluso supera el tipo de cambio real de equilibrio, en un escenario de pérdida de reservas acelerado.

Pulverizaron el bolívar

Los controles de cambio han llevado que el valor intrínseco del bolívar se haya pulverizado, generando cada día mayor presión sobre la tasa del tipo de cambio y en la desconfianza y función del bolívar como moneda de reserva, referencia, ahorro y patrimonio, lo que genera a su vez mayor presión sobre la moneda, creando un círculo vicioso de mayor devaluación y mayor inflación y pérdida de la confianza. Resultado: empobrecimiento brutal de la población más vulnerable, reducción del poder de compra del salario, hiperinflación  y desmejora de la calidad de vida de las mayorías.

La salida del bolívar

El presidente Maduro, en una decisión política ejecutiva, en 72 horas sacó de circulación y anuló los billetes de Bs. 100 como moneda  de curso legal. Se desmonetizo el 48% de los billetes en circulación en apenas 3 días.  El problema de fondo es la hiperinflación,  que destruye  la capacidad de compra del bolívar y que si ésta no se controla acabará pronto con el nuevo cono monetario. La solución: la dolarización  para lograr  un quiebre total de las expectativas de devaluaciones futuras del bolívar, eliminar la desconfianza y abatir la inflación.

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