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Néstor Francia / Análisis de Entorno: La soledad de las colas (22-12-2016)

En el último párrafo de nuestro Análisis de ayer, dijimos: “si no revisamos con profundidad y de corazón nuestras ejecutorias, tanto del Gobierno como del partido y la vanguardia en general, el papagayo se nos puede enredar en 2017”. Es una buena manera de iniciar el Análisis de hoy, cuando se acerca un tiempo de reflexión, que debería serlo para todos los revolucionarios. De hecho, nosotros los inquietaremos hasta mañana, después nos daremos una pausa hasta el 3 de enero. Esa última semana la dedicaremos, precisamente a algunas reflexiones y a ordenar un poco nuestros proyectos literarios, tan preciados para nosotros, y tan abandonados por los deberes del trabajo político.

Valga este breve introito para comenzar a hablar con el corazón en la mano. El viernes 16 de noviembre, cuando subíamos por el bulevar Panteón y vimos las colas para el canje de billetes de cien en el Banco Central de Venezuela, nos invadió un soplo de angustia. No por lo largo de esas colas, sino por saber que allí no estaba la Revolución acompañando al pueblo. La Contra sí tenía sus voceros, culpando a Maduro de todos los males, ironizando contra la Revolución, envenenando a la gente. Nosotros, una vez más, estábamos en otro lado: en los medios, en los debates entre políticos y – algo es algo- en las redes llamadas sociales. Estábamos también en nuestra obra de Gobierno, es verdad, pero lamentablemente eso, tan importante, tan estratégico, pasó a ser tema secundario para quienes se han acostumbrado a ver esa vocación social como algo tan natural como los árboles, los grandes logros convirtiéndose en parte del paisaje mental de los venezolanos.

Chávez decía que nosotros no difundíamos suficientemente esos logros, Maduro también lo dice. En lo fundamental -y suspendo momentáneamente nuestro acostumbrado uso del yo mayestático- yo no estoy de acuerdo con esa idea ¡Si lo que más hacemos es propaganda! Lo que nos pasa es que la abundante propaganda suele tener un tono desprovisto de soporte político y la hemos venido haciendo, en tiempos más o menos recientes, al margen de la calle, que debería ser el principal escenario de nuestra difusión política. No hablo de concentraciones ni de marchas, hablo de la calle cotidiana, la dura calle de todos los días, la que definimos así en un poema:

“La calle que aplasta los sentidos

La calle ramera donde todo se vende

La calle en la que marchan las máquinas sangrientas que vomitan odio”

Es un tema de comunicación, tarea que para nosotros no es solo del Gobierno, no se trata solo del Minci, es el partido, el GPP, las organizaciones populares, los sindicatos revolucionarios, los CLAP. Hay un caso emblemático de cosas que nos ocurren, vamos a ver.

Hace algunas semanas adelantamos una actividad nacional muy interesante: el fin de semana de la campaña “Venezuela Corazón Indestructible”. Allí se ensayó un método de comunicación que está haciendo falta: el MEPARE (medios, paredes, redes). El ensayo fue exitoso, logramos descubrir una gran potencialidad comunicacional de la vanguardia social de la Revolución: durante varios días hubo una importante movilización de nuestras fuerzas, se ocuparon paredes con murales, se desplegó la creatividad popular, se conjugaron las fuerzas de manera organizada y entusiasta ¿Qué pasó después? ¡Que quedó la consigna y no el método! ¿No han debido estar, en estos días, las paredes de la Patria, por doquier, llenas de consignas contra las mafias que trafican con nuestra moneda y nuestras divisas? Hicimos una gran movilización el 17 de diciembre ¿No sucumbimos acaso a la inercia de la costumbre? ¿Y si toda esa energía la hubiéramos dedicado a un despliegue anti golpe más directamente vinculada a lo que estaba ocurriendo? ¿Si hubiésemos convocado una nueva actividad de MEPARE, si hubiésemos ejecutado una acción propagandística de calle entre la gente, una vez más murales, grafitis, megáfonos, brigadas de agitación y propaganda en las colas, reparto de volantes, mítines relámpagos, como los que hacíamos los revolucionarios cuando éramos oposición, cuando no teníamos canales ni radios y apenas unos periodiquitos de circulación limitada? ¿Si recuperáramos el aliento de la calle, si rompiéramos con las formalidades y los hábitos, y revolucionáramos en verdad la comunicación de la Revolución? ¿Si el gobierno, el partido y las organizaciones populares hubiesen estado en las colas aliviando las cargas del pueblo y sembrando, al mismo tiempo, el mensaje social de la Revolución y desnudando los detalles de la contraofensiva contra la guerra económica? ¿Si el MEPARE deja de ser una idea o una consigna y se convierte en la práctica comunicacional diaria de la Revolución? Son ideas para la reflexión necesaria.

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