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Néstor Francia / Análisis de Entorno: ¡Sal de la cueva, cuá-cuá! (23-12-2016)

No dude nadie que se saldrá de este bache que se ha generado tras la operación de guerra que ha decretado el presidente Maduro para enfrentar a las mafias que trafican con nuestra moneda y nuestras divisas, con el apoyo y la complicidad de los enemigos históricos del pueblo venezolano. De hecho, ya hay síntomas de mejoría en cuanto a la circulación de efectivo y el uso de las transacciones electrónicas, incluidos el funcionamiento de cajeros automáticos y puntos de venta con tarjetas de débito. Persisten algunas dificultades, pero se va mejorando.

Ahora bien, habrá que ver si se es capaz de superar el daño político que pueda haber causado el descontento que se produjo por las evidentes perturbaciones de la vida cotidiana de los ciudadanos en plena época navideña. Lo primero que deberíamos hacer es estudiar con herramientas científicas la situación de opinión pública cuando arranque el nuevo año y la situación socio-emocional de la población, para actuar con pleno conocimiento de causa y paliar los efectos negativos en ese sentido, si acaso los hubo, como creemos nosotros en nuestra subjetividad.

Otra cosa es que siendo diciembre un mes atípico, no sabemos cómo nos recibirá el mes de enero, cuando regresemos a la cotidianidad no navideña. Es decir, cuando se acaben las ilusiones que crea la existencia de buen dinero extra en los bolsillos y en las calles, porque quizá el hecho de que se pagó los aguinaldos, lo cual favorece a todos directa o indirectamente, nos hace notar menos los groseros avances de la especulación y la inflación inducida, desatadas en este mes y que auguran dificultades para el pueblo al no contar ya con dinero extra ¿Cómo enfrentará nuestro Gobierno esa realidad? Por ahora, esa es, como decíamos en otros tiempos, la pregunta de las sesenta mil lochas.

Lo cierto es que el 2016 se nos va, un año de grandes dificultades con importantes victorias para la Revolución, las más destacadas haber conjurado las conspiraciones del imperialismo y la derecha, y mantenido la paz y la estabilidad del país. Sin embargo, seguimos en etapa de resistencia y aun no se ha recuperado el nivel de esperanza popular que alguna vez hubo bajo el liderazgo de Hugo Chávez. Maduro ha demostrado ser un gran luchador, insigne trabajador, hombre inteligente, creativo, leal al pueblo, líder indiscutible del chavismo. Pero con eso no basta, hace falta más.

Ayer hicimos un llamado a la reflexión, aprovechando cierta distensión que suele seguir al día de Navidad. Creemos firmemente que el chavismo lo necesita, dadas las carencias y fallas que hemos reiterado varias veces y que no vamos a repetir hoy una vez más. Solo ensayaremos una metáfora que pueda darnos cierta luz en lo que consideramos que son algunas realidades que a veces se obvian y que condicionan nuestra actuación política.

Debemos aceptar que existe la necesidad de que recuperemos el favor popular, que hoy nos es esquivo. Como se sabe, los estudios revelan que alrededor del 30% de la población se declara alineada con la oposición y el 40% se dice no alineado. Eso quiere decir que se identifican con nosotros solo 3 de cada 10 venezolanos. Así es imposible que alcancemos el punto de no retorno, al menos en las condiciones actuales. Si no cambiamos esa correlación, esas condiciones cambiarán y se nos hará mucho más difícil esta lucha, que por supuesto no vamos a abandonar por más vueltas que dé el mundo. Una de las principales premisas para que seamos de nuevo mayoría en las preferencias del pueblo, es combatir y derrotar el espíritu de secta. Aquí vamos con la metáfora de la cueva.

Imaginemos al chavismo como una tribu encerrada en una cueva. La cueva es cómoda, cómo no. Tenemos allí agua, comida, esteras para dormir, abrigo para el frío. Y también unos estantes. En uno atesoramos las consignas. En otro las ideas. En otro las herramientas (medios, estructuras, recursos materiales, partido, etc.). Inmersos en la cueva, nos sentimos confortables y relativamente seguros. Tan confortables y seguros que nos tornamos absortos, embelesados, orondos, con ínfulas, inclusive. Ese estado mental impide que lleguen a nosotros muchos ruidos que proceden desde fuera de la cueva. Ruidos alegres unos, terribles otros. Ríos que pasan, vientos que soplan a los que a menudo somos extraños. A veces el ruido retumba y hace que las paredes de la cueva tiemblen. Ejemplo: 6 de diciembre de 2015. No es solo que los enemigos nos hacen guerra. Es también que solemos dejar el campo libre para que hagan de las suyas, nos olvidamos de quienes viven más allá de la caverna, de quienes sufren los embates de la intemperie. Quien tenga oídos que oiga, quien tenga ojos que vea, quien comprenda que se acerque a la apertura de la cueva. Quizás entonces vea un pájaro que vuela en el aire turbio y que grita: ¡Sal de la cueva, cuá-cuá!

Una vez alguien nos marcó con un aserto que parece obvio pero que no lo es tanto: no digas “tú no me entiendes”; di “yo no me expliqué”. La culpa no es del pueblo.

Reflexionemos.

Volveremos el 3 de enero, como dijimos. A menos que algún acontecimiento fuera de lo común nos obligué a volver antes. Si es así, lo haremos, por supuesto.

¡Feliz Navidad!

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