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Carmen Cecilia Casas: Recordando los días de Navidad en mi pueblo

 

Hablar de las navidades güireñas, es recordar cómo se iniciaban los preparativos para celebrar tan bello acontecimiento como es el nacimiento del Niño Dios, la venida del Niño Jesús. Los niños ayudábamos a construir el pesebre o nacimiento, había que preparar el cultivo de las maticas de maíz y colocábamos las semillas en frasquitos con papel húmedo y esperábamos con mucho entusiasmo a que germinaran. Estas eran parte de la ornamentación.

Luego había que buscar en los negocios que te regalaran la paja y procedíamos a pintarla con verde vegetal. Esta paja sería todo el piso donde se colocaban las figuritas del pesebre ( casitas, ovejas, pastorcitos, otros animalitos), se hacía un río, o un lago (el fondo era un espejo para imitar el agua) dependiendo del espacio y se colocaban paticos, garzas, luego se armaba una casita tipo pesebre donde se colocaba a la Virgen María, San José, el Niño Jesús, el burro, la vaca, el ángel siempre en la parte alta con la estrella y los tres Reyes Magos que al pasar los días se iban moviendo y acercándose hasta el 24 que los colocábamos al frente del Niño Jesús, era toda una ceremonia, imaginación, mucha creatividad de nuestros abuelos, padres y de los niños. La familia con esta actividad mantenía esta hermosa tradición.

En esos días se cantaban villancicos, se recibían a las parrandas de niños y adultos que le cantaban al Niño Jesús y pedían su aguinaldito, era costumbre brindarles un palo de ponsiqué, ron San José, el sabroso ponche crema hecho en casa, siempre había un Anís, en mi pueblo por su cercanía a Trinidad siempre había la posibilidad de un Whisky Vat 69. Estas parrandas se formaban a veces de manera espontánea y salíamos a recorrer el pueblo visitando las casas de los amigos para cantarles aguinaldos y parrandear a lo güireño: con alegría, algarabía, bucheros, bailando tomando y comiendo todo aquello que por más humilde el hogar tenía para compartir y celebrar estos momentos.

Cómo no añorar y remontarme a ese pasado alegre de camaradería, con valores únicos que nos trasmitieron nuestros viejos, amigos y familiares. Era una época de hermandad donde prepararse para la Navidades era una fiesta se sentía la alegría, se pintaban las casas, se arreglaban, adornaban, el que tenía arbolito lo montaba, para la época se construía más el nacimiento. No se conocía Santa Claus ni San Nicolás. Todos escribíamos la carta al Niño Jesús, en ella le pedíamos los regalos: una muñeca, un carrito, un volteo, un par de pistolitas, una zaranda, o una bicicleta a ver si el Niño podía traerla. Oh mamá, papá, gracias por esos días tan hermosos de mi niñez, a esos amigos vecinos que quedan sembrados en el alma y me vienen a la mente esos bellos viejos: mi abuelita María, a mis tío José Casís, Angel Fermín, Panchita, Teíta, el Sr. Ricardo, Morella, María Teresa, Mercedes Quiñones, Miguelina y Luis Gómez, Mariana y Andito Gutiérrez, María Marcano, Chelao, Picho, Isaura, las Niglaglioni, Victoria y Alcides, mi madrina Enriqueta (Quetica), Cupertina (Coupé), mamá Popota, a la viejita Noy mi eterno cariño por esconderme de papá para que no me castigaran cuando hacía una de mis travesuras. Dios los tenga en la gloria a los que ya no están con nosotros y mi oración fervorosa por su eterno descanso. A mis amigos de la niñez en la calle Valdez: Gioconda, Thais, Niurka, Juan de Dios, Elsa Gómez, Lina Rebeca, Lenys (La Pelona), Aracelys ( Chela), Lenin José, Alcidito, Roseliano (Pelón), Wilfredo, Zulay, Adis y Teresita Pérez.

Continuaban las labores y llegamos a los preparativos para hacer las Hallacas, buscar o encargar la carne de cochino (muchas familias engordaban durante el año el cochino, también criaban pavos para estos días), no había pavos ni cochino procesados como los que vemos en los supermercados. En mi casa teníamos el privilegio de comer jamón planchado que traía papá de sus viajes y otros lo conseguían en Trinidad. Preparar los aliños (cebollín, cebollas, ají dulces, aceitunas, alcaparras, pasitas, onoto), aceite, papelón, vino Sagrada Familia, el pabilo, hacer la masa de maíz (había que salcochar el maíz, molerlo y se obtenía la masa (esta se amasaba con consomé de gallina, un punto de sal y papelón, se le daba color con onoto) y luego venía el trabajo más laborioso, fastidioso que era seleccionar las hojas de plátano para envolver las hallacas. Una vez elaborado el guiso, se procedía a tender las hallacas, este momento era de alegría donde todos metíamos las manos para hacer algo, o comernos las pasitas, aceitunas o comerse un poco de guiso en un pan de la panadería de Sinencio o de la Sra Emiliana Pérez, estas personas cocinaban el pan en grandes hornos de barro, lo que le daba al pan un sabor exquisito, allí se hacían las tortas y meriendas.

Recuerdo una familia las Santamartas que se destacaron por años en la elaboración de meriendas como suspiros, besitos, cocoron, paté de coco, paté de banana, crema ( la que conocemos como milojas o mil hojas), bofló, cuca (catalina), y muchas otras que no recuerdo su nombre pero que la boca se me hace agua con solo recordar. Dios mío, con solo recordar me viene el olor a guiso recién hecho, el sabor del vino o del ponche crema que degustaba haciendo estas hallacas, la llegada de una parranda que te amenizaba la tarea y disminuía el número de hallacas, pero con gusto las compartías. Era una fiesta, era la navidad, era celebrar el nacimiento del Niño Jesús.

Recordando algo más, les comento que también los comerciantes y costureras se beneficiaban de estas fiestas vendiendo sus artículos y las señoras costureras y sastres confeccionaban los vestidos para estos días de fiesta, era tradición estrenar el 24 y el 31 de diciembre, hasta el hogar más humilde trabajaban y ahorraban para comprar y preparar lo necesario para celebrar. También se preparaba un sabroso dulce de lechoza, pan dulce, la insuperable, exquisita y sabrosa torta negra de la amiga Cupertina (Cupé), pan dulce, pan de jamón tradición venezolana que se mantiene hoy día en todo el territorio venezolano que ya traspasó las fronteras nuestras por su sabor exquisito.

Oh, como no rememorar el tradicional baile en el Balneario Brisas de Güiria, donde su salón se engalanaba a las tres de la tarde con toda la chiquillería del pueblo, que estrenando sus vestidos acudían acompañados de sus padres, familiares a bailar, el pasodoble que iniciaba la fiesta y luego al son de merengues, y guarachas hasta las seis de la tarde que culminaba el baile infantil y daba paso al de la juventud. Este hermoso local lo construyó papá (Cap. Julio Casas), a la orilla de la playa con el único objeto de ser un lugar de recreación familiar para el pueblo. Los güireños de esa época deben recordar los momentos de alegría, el disfrute de una cita, la declaración de amor que hoy día serán esposos. ¡Cuanta historia!

Esos salones guardaron el murmullo, de secretos, cuitas de amor, exclamaciones de admiración por esos diestros bailarines como Monchin, Betzaida, Luis Coll, Pedro Luis, Olga España, Conchita Pérez, Nilda Bethelmy, Lina Rebeca… Lo administraron por mucho tiempo papá y Elviro Rausseo, es curioso pero uno solo bailaba pasodoble (papá) y el otro era un gran bailarín el recorría con su pareja toda la pista (era casi media cuadra) de baile era toda una sensación verlo bailar. Bailar un pasodoble con Elviro era todo un reto tenías que saber bailar. Tengo el privilegio de haber bailado por mucho tiempo con él y creo que no habrá otro que lo sustituya.

Sería imperdonable no mencionar otra hermosa tradición que se ha perdido. No, porque no queramos sino porque la inseguridad impide que disfrutemos de las Misas de Aguinaldo. La primera Misa de Aguinaldo se celebraba el 16 de diciembre, esta se hacía en honor a la Virgen del Carmen y como Patrona de la Guardia Nacional, Choferes y Marineros, se unían para estar a las 4 de la mañana en la Iglesia para oír misa, cantar villancicos y luego al terminar nos esperaban a las puertas de la Iglesia el Steel Band, donde salíamos al son del calipso a recorrer las calles hasta las seis de la mañana, se llegaba hasta el Balneario para continuar la parranda bailando y otros a bañarse en la playa. Yo estando pequeña aprovechaba esa caminata para correr en patines todo el trayecto, al salir dela Iglesia me paraba en la panadería y compraba un pan dulce recién hecho, calientico y seguía al tambarín montada en mis patines.

Estas misas se hacían hasta el día 23, la última era la Misa del Gallo, o Misa de Nochebuena, era una hermosa Misa cantada se celebraba a las doce de la noche y luego se regresaba a casa para recibir los regalos que había traído el Niño Jesús y saltar de alegría cuando lo pedido en la cartica se hacía realidad. Así con la ilusión en el corazón, alegres continuábamos la celebración, ahora nos preparábamos para el Nuevo Año, otros preparativos, nuevamente, hallacas, pavo relleno y gallina horneados, no podía faltar la ensalada de gallina, arroz con pasitas u otro aderezo, puré de papas, el jamón, pernil era todo un banquete de múltiples sabores exquisitos.

Ah el postre de la casa quesillo, gelatina y torta negra o el tradicional dulce de lechoza. Llegaba el 31 y una vez más se estrenaba otra pinta para ir a bailar, a Misa y esperar las doce cuando repicaban las campanas de nuestra Iglesia con estruendosa alegría que nos anunciaba la llegada de un nuevo año, como corría a la casa para llegar antes de la doce y abrazar a mamá que siempre la encontraba rezando, era su costumbre recibir el año rezando, allí en el cuarto nos recibía a todos y luego salíamos a brindar y a compartir la cena. Después era un entrar y salir de vecinos y amigos que venían a felicitar, así entre abrazos, besos y gran alboroto se recibía al Nuevo Año.

Hoy, este 24 se me arruga el corazón viendo, leyendo y viviendo lo que poco a poco se va perdiendo, pareciera que ya no quedamos muchos de los que vivimos tan hermosos tiempos y seguimos con la tradición. Quizás, los momentos difíciles que estamos pasando nos hayan hecho perder el entusiasmo de celebrar el nacimiento del Niño Jesús, la pérdida del poder adquisitivo impide a la gran mayoría de los hogares obtener comida, regalos y vestido para sus hijos. Pero más allá de estos impedimentos, se siente una falta de valores terribles en el comportamiento de los venezolanos. No se siente ese querer lo nuestro, no hay sentido de preservación de nuestro patrimonio, ni familiar y mucho menos regional o nacional. Se siente como se le da paso y abren las puertas a las costumbres de otras latitudes, a la tecnología que sustituye de manera increíble lo hermoso de nuestras tradiciones, con la pérdida de ese calor humano, con emoción, alegría para celebrar estos días navideños, que su objetivo es celebrar el cumpleaños del Niño Dios.

Mi sincera petición a todos los paisanos, amigos y a quienes tengan la oportunidad de leer estas vivencias, que traten de inculcarles valores a sus hijos, nietos y a los que le rodean en relación a nuestras tradiciones, que debemos preservar para las futuras generaciones, es un deber ineludible no dejar perder lo que nos hace ser venezolanos. No importa la situación buena, regular o muy crítica para sobreponernos y desearnos una Feliz Navidad y Venturoso Año 2017.

 

 

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