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Dayana Verastegui: ¿Qué ha pasado con la banca de Venezuela en medio de la crisis?

La actividad financiera se había caracterizado por presentar un desempeño positivo y destacado dentro del producto interno bruto del país. Desde el 2011 y hasta el 2014, el PIB de Instituciones Financieras y Seguros fue la actividad económica con mayor crecimiento anual, acumulando así 18 trimestres consecutivos de expansión. El freno se presenta a inicios de este año, cuando en el primer trimestre, la producción de este sector se mantiene prácticamente invariable (+0,56%) y a partir de entonces, según revelan las cifras disponibles hasta septiembre, entra en una fase de contracción, pasando a ser el sector con peor desempeño después de Construcción.

Este cambio radical de escenario se deriva de la política económica que ha ejercido el gobierno nacional en temas monetarios y cambiarios. En general, la aceleración de la inflación, los incrementos decretados en materia salarial y las restricciones en el acceso a divisas, han afectado a esta como a cualquier otra industria. En particular, los controles impuestos sobre la actividad bancaria y en menor medida, la limitación del cono monetario, han deteriorado su desempeño y han llevado a repensar la gestión gerencial de las instituciones financieras.

Respecto al problema inflacionario, si bien los estados financieros de la banca reflejan un alto crecimiento en los principales rubros, los cálculos son muy distintos cuando se toma en cuenta el efecto de la inflación. Por el lado de los activos, las Disponibilidades se han acrecentado en 242% en el transcurso enero-noviembre (últimas cifras publicadas este jueves 15 de diciembre), correspondiendo en su totalidad a los fondos depositados en Banco Central de Venezuela, pues las disponibilidades de efectivo han oscilado alrededor de los niveles de cierre de 2015; la Cartera de Créditos se ha expandido en 121% en este período y las Inversiones en Títulos Valores un 53%. Por su parte, y aunque no se conocen cifras oficiales, la inflación acumulada del año a la fecha se calcula alrededor de 660%.

De esta manera, lo que parece un aumento, más bien es una caída en términos reales de los activos de la banca, es decir, perciben más dinero pero el mismo tiene una menor capacidad de compra y por ende, una menor capacidad de respuesta a los gastos, que naturalmente van cuesta arriba por el mismo impacto de la inflación.

Sumado a ello, la política salarial atípica del 2016 ha impactado los gastos de personal de toda la economía. Cuatro aumentos decretados en el ingreso mínimo legal acumulan 134% en el salario mínimo y 844% en el bono de alimentación.

Tanto los Gastos de Administración como los Gastos de Personal se reflejan en los registros  bancarios en los llamados Gastos de Transformación que se han incrementado en 146% en lo que va de año. Para mantener controladas estas partidas, se ha recurrido a recortes en nómina, en los sistemas de computación y al cierre de agencias.

En referencia al acceso a divisas, las limitantes se han acentuado durante este año, pues la inauguración de un nuevo sistema cambiario, con las tasas DIPRO/DICOM en sustitución del SIMADI, no han implicado un cambio significativo en las asignaciones, a pesar del incremento en la tasa de cambio que se esperaba armonizara con el mercado paralelo. La falta de divisas imposibilitan las inversiones necesarias para la adecuación, actualización y mantenimiento de la flota tecnológica que todo banco requiere para llevar a cabo sus transacciones, lo cual ha derivado en una serie de fallas técnicas y restricciones en los servicios bancarios.

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