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La Constituyente de Chávez: Promesa y engaño

El 23 de mayo de 1.999, el presidente Hugo Chávez participaba en su primer “Aló Presidente” y en el aprovechaba de hacer los anuncios correspondientes, invitando a votar por una Asamblea Nacional Constituyente del 25 de julio, la cual se aprobaría en referendo en abril de ese mismo año.

Por VAD Redacción KA

”Es un proyecto irrenunciable destinado a refundar la República y depurar cada una de sus instituciones contaminadas con el cáncer de la corrupción”. Esa era la idea principal de la gran promesa electoral de Chávez, que lo llevó a la victoria y con la que logró en primer lugar, redactar una nueva Constitución.

 

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Dentro de las promesas generales del nuevo ordenamiento jurídico, el expresidente aseguraba que buscaba hacer más participativa la democracia, revisar el presidencialismo: la creación de la figura del primer ministro, la doble vuelta presidencial, la posibilidad de la reelección y reformar el Congreso.

En medio del reformismo que ofrecía el mandatario, se asomaba un verdadero, cercano y palpable cambio, el cual fue realzado por la población que después de una ardua campaña electoral, eligió el 25 de julio de 1.999 a 123 constituyentistas del Polo Patriótico, lo que significaba el 96% del total del sufragio.

 

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Y así fue como Chávez, en su mejor momento de popularidad, logró dar inicio a su verdadero objetivo detrás de una Asamblea Constituyente:

Reformar la Carta Magna y sacar provecho de ello para fortalecer su gobierno con el pasar de los años.

Como primer proyecto, el entonces Jefe de Estado presentó en la primera sesión de la Constituyente el establecimiento de cinco poderes públicos “independientes”: Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Ciudadano y Electoral, los cuales más tarde dejaron a un lado la autonomía y pasaran a ser brazos represores de su gobierno.

Asimismo, propuso cambiar el nombre del país, de República de Venezuela a República Bolivariana de Venezuela, lo que fue aprobado y ejecutado sin ofrecer un mayor cambio social o económico a los ciudadanos.

Y es que simplemente se trataba de una medida ideológica que advertía sobre las profundidades a las que se adentraba Venezuela, sin imaginar las graves consecuencias que ello acarrearía.

Chávez dio indicios en aquel momento, de lo que estaba a punto de vivirse con un modelo político que estaba destinado al fracaso, siendo comprobado por otros Estados con los mismos antecedentes.

 

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El pueblo venezolano ya deslumbrado con las promesas de ataque a la corrupción y burocracia, que habían dejado los gobiernos de la Cuarta República, quedó atónito cuando Chávez destacando “el carácter originario de la Asamblea Constituyente” sugirió la revisión y evaluación de los poderes constituidos y como mayor ejemplo, puso su cargo a la orden.

Claro que esta maniobra solo formaba parte de una trama lógica, en la que se buscaba el cambio de todos los poderes, por personal de confianza que garantizara la estabilidad de un gobierno, que no solo estaba a las puertas de un modelo socialista, sino también de un mandato que pisotearía gran parte de sus promesas de campaña.

Plan Bolívar 2000, uno de los tantos

El Plan Bolívar 2000 fue uno de estos tantos proyectos populares exitosos de la Constituyente, que se convirtió en un fracaso rotundo, envuelto en una tela de corrupción que se generó a nivel de los articuladores militares y militantes.

Con un fondo inicial de 12.000millones de bolívares (20 millones de dólares), recaudados mediante ahorros de diferentes ministerios y dependencias, la mitad producto de recortes en gastos de la Presidencia de la República, Chávez proclamó el proceso de “ciudadanización de los militares”.

 

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Eran jornadas de reconstrucción que se desarrollaban en varias áreas como: salud, educación, empleo, infraestructura, seguridad y alimentación. Igualmente, en una primera etapa se incluía la participación de funcionarios públicos y voluntarios.

En el año 2000, el Plan Bolívar 2000 se convertía en la solución para el acceso a la alimentación de los menos privilegiados.  16 años después se tuvo la certeza que el plan representó mayor burocracia, esta vez militar.

Una Constituyente perdida en el tiempo

Venezuela sería otra, según expertos como el exembajador Milos Alcalay, de haberse aplicado estas propuestas establecidas por un hombre que contaba en su haber con todos los elementos deseados por un político.

De tomarse estas correcciones en el transcurso de los 18 años que cuenta la llamada “Revolución Bolivariana”, un país medianamente golpeado como el hallado por Hugo Chávez, estaría a una larga distancia de lo que hoy se observa.

 

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Una Fuerza Armada Nacional respetable, sin escándalos de corrupción, en la que la ciudadanía hubiese encontrado refugio a los problemas sociales, así como una verdadera independencia de Poderes que velará por el bien común y la justicia social, ausente en la actual Venezuela, habría evitado que aquellas promesas populistas de un joven militar presidente no se destacaran por haberse convertido en un engaño a su pueblo.

 

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