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Mario Valdez: Inocente Carreño, músico y compositor margariteño

El 28 de diciembre de 1919, estuviera hoy cumpliendo 88 años, en la calle La Marina en una casa sin número, esperando a la comadrona que eran las parteras que atendían los alumbramientos, doña Amadora Carreño trajo al mundo al niño bautizado como Inocente Carreño. El día de su nacimiento hubo unos cañonazos, sus tíos cantaron en la fiesta con su abuela Mauricia, que como casi todos los margariteños también tenía su nombre popular “Guicha”. Toda esa música y algarabía influyó a lo largo de su vida; la alegría, el humor y el júbilo de su madre nunca lo abandonaron; así como su abuela Guicha, fue su inspiración para la música, todo ello formó  su carácter, su manera de ser, su personalidad, como lo manifestó en muchas declaraciones. Inocente fue el segundo de cinco hermanos Francisco, Remedios del Valle, Judith y Juan Bautista. Siempre decía, “yo tenía cinco años, la última vez que vi a mi madre, porque ella se fue de viaje”.

La infancia de Inocente, quien lleva ese nombre por haber nacido el día de los santos inocentes, transcurrió en sus correrías por la playa, que era como ir al patio de su casa, a buscar y jugar con las conchas de chipi chipi, mejillones, ponerse en el oído los caracoles con la idea de escuchar los secretos del mar, jugar con los trompos hechos a mano tallados por ellos mismos con madera de jaque.

Inocente-Carreño

Travesía y sozobra en la Balandra

Inocente sale de la Isla de Margarita a la edad de 8 años,  en una balandra llamada  “La flor”, de Manuel Fermín, era de dos velas sin motor. El puerto de más calado (profundo) para la época en Margarita, era el de Pampatar, llegaban los vapores con grandes chimineas. De Pampatar, salieron en “La Flor”,  el recorrido hasta el puerto de La Guaira era de 8 días. El insigne maestro, narra una anécdota,  “después de varios días de travesía cuando ibamos pasando por el Cabo Codera, ya en aguas del estado Miranda, una fuerte lluvia con vientos huracanados hizo zozobrar el barco y casi encallamos, la veteranía del viejo navegante que iba al timón logro sacar la embarcación a buen puerto”.

A Caracas en el tren de Caño Amarillo

La gran sorpresa se la llevó cuando al amanecer del último día de viaje, estaba en La Guaira, en un mundo distinto, viendo el imponente Ávila al frente, una gran cantidad de balandras y vapores, el bullicio de la gente. Sube a Caracas, en el tren de Caño Amarillo hasta las esquinas de Agua Salud y Tinajitas donde transcurrió parte importante de su vida.

En 1932, a tan corta edad, en Caracas “la ciudad de los techos rojos”, tenía como defenderse, sabia sorfear y tocaba trompeta. Se mudaron a la avenida Sucre, su hermano mayor Francisco era músico, folklorista y zapatero, se convirtió en su asistente, “había que trabajar”. A los catorce años compone y escribe versos, sobre la base de las enseñanzas de su querida “Guicha”. Comenzó a escribirle a Caracas. Disfrutaba la laguna de Catia y la gente bañándose y paseando en botes. Con su hermano Francisco y su tío forman un grupo musical, eran serenateros y cantaban de todo, había que ayudarse, buscar los centavitos para mantenerse y ayudar la familia. Bajaban a La Guaira y Maiquetía en el tren a cantar; para esa época ya iba a la radio y cantaba en la “Braadcasting Caracas”, ahí formaron el Trio Caribe con Pedro Paiva Ravengar y Luis Villasana. En lo adelante el mundo fue de él.

El maestro Vicente Sojo: más que amigo, Compadre

El joven Carreño había estudiado hasta cuarto grado, un día el maestro Vicente Emilio Sojo, le dijo: “Haga su primaria para darle su diploma de compositor, porque eso equivale a un bachillerato”, por ese consejo de oro que lo enrumbó y fue su norte toda la vida, se graduó a la edad de veinte años. El hombre más influyente en su vida fue su maestro Sojo, quien además fue su compadre porque le bautizo a su hijo Inocente Emilio, a quien le puso el segundo nombre en honor a su gran mentor.

 Adelante a luchar milicianos

Corría el año 1946, un día el maestro Sojo que era de Guatire el mismo pueblo del que era Rómulo Betancourt, llama a su alumno Inocente y le dice, “Margariteño, ven acá. Aquí hay un poema de Andrés Eloy, para hacerle un himno al partido. Quiero que usted me haga un himno que yo lo voy a revisar a ver si vale la pena”. Comenta el maestro Carreño, que se esmeró y lo hizo con todo cariño. “Le gusto. Yo creo que fue a él a quien se lo encargaron, y él no se quiso meter en eso”. Al respecto le hoy decir en sus entrevistas “Para mí, fue un honor hacer la música del himno de Acción Democrática (AD). Muchos dijeron que se parecía a La Marsellesa, pero yo conozco ese tema y no tiene nada que ver”.

La Margariteña su obra insigne

Para el escritor Bruzual, su biógrafo, “la mejor biografía de Inocente Carreño está en su propia obra. En la Margariteña, por ejemplo, está atravesada por el recuerdo de su abuela Mauricia a quien le decía Guicha y la influencia de su maestro Vicente Emilio Sojo”. El maestro Carreño, cuando hablaba de La Margariteña decía, “Usted sabe que es mi obra más conocida. Y me alegra mucho, pero me da mucha pena porque la gente piensa que es la única obra que tengo”, se reía a carcajadas, siempre estaba sonriente, fue su costumbre y una manera de llevar su vida con mucho humor.

Doña Olga, el único amor de su vida

En 1950, se casó con la joven Olga Cecilia Aldrey Alvarado, vecina para la época de la avenida Sucre, el Manicomio,  la conoció, durante buen tiempo hizo las visitas como se hacían antes, un día pidió la mano al padre de ella y se casaron, tuvieron cuatro hijos Cayetano Simón, Inocente Emilio, Margarita del Valle y Olga. Recibió cinco Doctorados Honoris Causa otorgados por la Universidad Simón Bolívar, la Universidad del Zulia, la Gran Mariscal de Ayacucho, la Universidad Tecnológica de Guayana y la Universidad de Los Andes.

La Universidad Central de Venezuela (UCV), le rindió un merecido homenaje el 3 de julio de 2011, con motivo de cumplir 91 años de vida activa y productiva en el aula magna, donde se le rindieron todos los honores, ahí lo vi por última vez, a quien mi señor padre Emiliano Valdez, admiró siempre, como margariteño y hombre de arte, eran contemporáneos y vecinos de Porlamar.

El día miércoles 29 de junio de 2016, Venezuela se vistió de luto con la noticia del fallecimiento en su casa del maestro Inocente Carreño, uno de los más grandes músicos de la sinfónica venezolana.

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