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Teresa Antequera Cerverón: ¡Un nuevo año te saluda!

Las personas solemos hacernos muchos propósitos para el nuevo año, sin embargo el mejor propósito y el más grande es realizar lo que Dios espera de nosotros. Pero no tema, no es al dios de la iglesia a quien se refiere este artículo, rodeado de dogmas, paganismo y ritos. Es al verdadero Dios que vive en usted a quien podemos entregarnos en la confianza de que nos protege con Su luz, con Su amor y con Su fuerza. Esta entrega libre que se realiza en el corazón del hijo humano dirigida al padre eterno, al Espíritu creador, se lleva a cabo mediante el cumplimiento paulatino de los Mandamientos de Dios y del Sermón de la Montaña de Jesús de Nazaret. Entonces se sorprenderá porque sentirá que cada día es un día nuevo y que cada día es su día.

Cada día trae a cada uno nuevos sucesos y a cada persona los suyos propios. Sepa que aquello que le trae su día, tiene que ver directamente con todo lo que en algún momento usted mismo le impuso a su consciente y a su subconsciente, tanto lo positivo como lo negativo. Lo positivo le estimula, lo negativo le quiere abatir. ¡No lo permita! ¡Levántese! Una vida nueva le saluda.

Después de estas breves indicaciones sobre cómo pasar con éxito del viejo año al año nuevo, tal vez se plantee la pregunta de sí merece la pena hacer una especie de examen de conciencia, pero tampoco tema, no se trata de entonar el mea culpa de la iglesia, si no más bien estar dispuestos a recogerse en un lugar tranquilo para reflexionar sobre cómo hemos terminado el año, si hemos estado a favor de la Madre Tierra y de la vida de los animales, a favor o en contra de nuestro prójimo más cercano o si por el contrario nos hemos ocupado tan sólo de nosotros, del mío y para mí.

Este examen de conciencia libre y relajada, en la confianza de que no estamos solos significa aprovechar el día, nuestro día. Significa también reorientar nuestra vida dirigiéndonos a El, al buen Dios que es quien nos apoya y nos conduce en nuestras sombras trayendo luz en la oscuridad y ayudándonos a llegar al arrepentimiento de nuestros errores y posteriormente a pedir perdón y a perdonar.

Los que se creen grandes en este mundo dirán: Esto no es para mí, yo me siento seguro con mis bienes, con mi dinero, me aferro a la bolsa para conseguir aún más. Pero estos que se creen grandes son quienes más se quejan puesto que no encuentran seguridad en este mundo. De ahí la llamada de Jesús, ¡seguidme!, pues seguir a Cristo es seguir el camino de la seguridad, es el camino a Dios, nuestro Padre al que nos podemos aferrar porque nunca nos abandona. No importa si muchos creen que Dios nos ha abandonado, El vive en nosotros, El está más cerca que nuestros brazos y piernas.

De esta forma los ricos y poderosos de este mundo se dirán: ¿de dónde saca aquella persona humilde y sencilla la seguridad y la estabilidad? ¿Por qué no se lamenta, por qué no se queja? Y habrá quien diga: esa persona para mí es un ejemplo a seguir, es mi deseo pensar y actuar del mismo modo. ¡Haga la prueba! En usted surge el Reino de Dios y usted será un ejemplo para algunos que pisotean y ridiculizan el verdadero mensaje de la Navidad, el mensaje del amor que trajo Jesús de Nazaret. Sepa que el Reino de Dios está dentro de cada uno de nosotros y surgirá en la Tierra que se está purificando, tal y como fue anunciado.

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