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Arturo Tremont: Contraloría Social

Hubo un tiempo en que se le dio mucha importancia a la contraloría social,  por su  cualidad democrática y por ser  norma constitucional.

A la burocracia nunca le ha gustado que le exijan cuentas claras, ni en Venezuela u otros países.  Los estudiosos del funcionamiento administrativo de los Estados han determinado que la burocracia se alimenta a sí misma, por eso cuando se habla de “modernización”  o nuevos métodos de trabajo, aparecen entonces más trabas en el funcionamiento de los organismos públicos.

Ejemplos sobran, pero en esta nota nos referiremos al Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS).

Este organismo de seguridad social tiene una página electrónica, en la cual las personas pueden enterarse de sus cotizaciones (Cuenta Individual), de la deuda de una empresa o institución del Estado, hay acceso a imprimir formatos y otros documentos. Eso es un avance en la transparencia, pero no se explica que sea estática, que un usuario pueda conectarse con las autoridades, con videos de las actividades institucionales, aspectos que cualquier página electrónica ofrece al público.

Si una persona desea saber cuántos pensionados se incorporan mensualmente, cómo se discriminan las pensiones por vejez, invalidez y sobrevivencia, listados de beneficiarios, categorías de edades, número de personas por Estados, dichas informaciones son  un secreto bien guardado.

En las redes sociales hay páginas que difunden informaciones falsas y la respuesta es tan lenta como la tortuga.

Qué pena pasamos cuando una estudiante de ciencias sociales del exterior, o un profesor universitario, nos han contactado para encontrar información confiable para sus estudios.

La contraloría social ha sido bloqueada por la burocracia.

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