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Un País Distinto: ni como estamos, ni como fuimos; por Franco Silvio

Nuestro horizonte por la Nación de Primera

 

Nota introductoria: Un trabajo para el MAS que es el compendio de un conjunto de ideas y propuestas que ciudadanos y organizaciones asociadas en el propósito de un Proyecto País para construir a Venezuela con otra visión, como una Nación de Primera.

Asociados en disidencia para superar lo vivido con la Política Tradicional, las propuestas no buscan derrotar ni descalificar a los que están subsumidos en esa cultura política; por el contrario, la intención es crear el espacio de un cuerpo político para trascender sus valores, parámetros y estereotipos. Las ideas y propuestas de estas líneas constituyen una invitación directa a los interesados en una racionalidad de transformación distinta, para aprenderlas, compartirlas y cultivarlas. Porque al colocar el interés de los venezolanos en el horizonte que nos permite construir la nación de primera, logramos un propósito inclusivo determinante, porque  nos necesitamos todos los venezolanos que queremos una verdadera, sólida y tangible dimensión de progreso y prosperidad.

En primera instancia la invitación es a quien pueda interesar; pero están dirigidas directamente a todos los no polarizados por la circunstancia que vivimos, en la convicción que el primer paso para avanzar está en el dominio de coherencia consciente para sentar las bases de un país distinto a lo que hemos vivido. Trascender a una Nación de Primera.

 

Reconocer el problema de nuestra República

Existe la creencia generalizada según la cual somos un país rico. ¡No somos ricos¡ nunca lo hemos sido, pero podemos construirnos como una nación de primera. En primer lugar es necesario aprender, compartir y cultivar los hechos que fundamentan y son la esencia que ha determinado a algunas  naciones como las más importantes del planeta por su progreso y prosperidad.

Efectivamente, en todas las naciones de primera se ha dado un hecho esencial, y es haber creado, con base en la ciencia y la investigación, una tecnología productiva de alto valor estratégico independiente, otorgando a esas naciones un desarrollo de sus fuerzas productivas para sostener su progreso y prosperidad. Es una decisión trascendental.

Incorporarnos a la perspectiva de la nación de primera implica superar los valores y estereotipos que han caracterizado la política tradicional venezolana; que desde la independencia nos ha mantenido en el estancamiento del país inútil[i] que somos.

Es posible lograrlo, sólo con la condición que los venezolanos puedan percibir, ver lo que somos, lo cual tiene como inconveniente que la sociedad venezolana en general y mayoritariamente está subsumida, directa o indirectamente en la política tradicional (es su cultura política, la considera válida, no actúa de mala fe, cree que las cosas son así). Y cuando nos referimos a la sociedad, hablamos de la conducta socio política de las élites dirigentes (partidos y voluntades afines), el empresariado y emprendedores menores, la generalidad que llamamos pueblo, los influyentes medios de comunicación y la fuerza armada. El gran problema es que aunque funciona, no puede trascender el horizonte de la política tradicional, el proyecto de país de Betancourt, no sirve para avanzar; la política tradicional tiene el síndrome del teléfono analógico, funciona, pero no sirve para hacer las cosas del mundo contemporáneo que vivimos (internet, transferencias bancarias, Facebook, twiter, etc.); la política tradicional es un teléfono analógico, no le permite a Venezuela avanzar al mundo contemporáneo, a la nación de primera.

No tenemos problema ni temor en admitir que una cultura política tan sólida y entrecomillas “lógicamente válida” es una dificultad, pero estamos firmemente convencidos que es superable. Hoy en Venezuela, a pesar de los pesares, existe una oportunidad única y es que, la cultura política tradicional ya no permite construir nación, ya no da más, y solo puede reproducir al país inútil. Esta situación de percepción del país inútil, lento, silenciosamente y sin rigor, va tomando cuerpo progresivamente en segmentos de la sociedad. Estamos obligados a prefigurar otro horizonte, el de la nación de primera.

Si queremos lograr una transformación de verdad, significativa, no podemos seguir haciendo lo mismo que hemos hecho desde la independencia hasta hoy, porque categóricamente no funciona y la República no lo resiste. Los valores, parámetros y estereotipos de la política tradicional solo sirven para mantener per in secula seculorum el estancamiento del país inútil.

Estas líneas constituyen una cordial invitación para aprender, compartir y cultivar un instante de racionalidad distinta sobre un algo, esta cosa que usted no ve, no percibe, porque no está en su lógica.

La invitación es para abrir un [paréntesis] en su lógica, para incursionar en otra racionalidad que permite ver, que existe y por tanto posible, el horizonte de la nación de primera.

Nada, y nadie, impiden la libertad de pensar distinto, aunque sea un instante; poder ver otra posibilidad para Venezuela, construir la nación de primera, y que estamos obligados responsablemente a construirla. Mantenerse en la lógica de la política tradicional es más de lo mismo de siempre, la continuidad en el estancamiento del país inútil. Abrir el [paréntesis] en su racionalidad, tiene la virtud de cruzar el umbral hacia el porvenir.

 

Cuatro parámetros caracterizan la esencia del estancamiento en el país inútil:

  • El Hiperpresidencialismo[ii].
  • El destino de los ingresos petroleros[iii] y diversificación de la economía
  • La Ley Electoral y la Proporcionalidad[iv].
  • La displicencia ante la ciencia y tecnología como posibilidad del desarrollo de las fuerzas productivas.

 

Las élites dirigenciales de la política tradicional, aunque se presentan en la actividad pública con propuestas “distintas”, en estos cuatro parámetros de la esencia del país inútil mantienen una analogía incontrovertible que explicaremos.

En este punto presentamos una observación válida. Cuando hablamos y debatimos toda esta racionalidad distinta de la cultura política tradicional, una pregunta casi automática es: ¿dónde está la política social? Nos enfocamos en estos cuatro parámetros porque lo que llaman política social, si no creamos la racionalidad de un horizonte distinto al de la política tradicional, la política social siempre estará dominada y manipulada por ésta, es decir, la dádiva y el subsidio populista inútil que ha caracterizado el devenir de la política tradicional (un pueblo y un empresariado que pierden toda su potencialidad en la dependencia del Estado, que éste, en sí mismo, desperdició por cien (100) años su capacidad como principal agente económico). Sin embargo sabemos que los subsidios por un largo plazo seguirán siendo una necesidad, tenemos que optar por el subsidio directo, que evita las trampas y entuertos conocidos, que siempre termina en la  ineficacia frente al propósito buscado. Incursionar, con la energía decisiva, hacia la realidad deseable de la unificación cambiaria y, en paralelo, implementar subsidios directos en bolívares que puedan sustituir la perniciosa y vieja práctica de los subsidios indirectos en divisas.

Iniciar el proceso para construir la nación de primera implica cambios significativos en estos los cuatro parámetros del país inútil. Uno de ellos, el hiperpresidencialismo será un proceso donde iremos progresando en la medida en que la independencia de poderes deje de estar subsumida a la política tradicional; pero los otros dos serán decisiones de efecto inmediato, son acciones indispensables dentro de un diálogo-acuerdo nacional fundamentado en el interés de la República.

Utilizar la palanca del ingreso petrolero es indispensable, ineludible. Pero en una visión distinta a la hasta ahora practicada por la lógica de la política tradicional (gobierno y oposición-mud). Será el impulso inicial para construir nación de primera, un sistema productivo estratégico (Estado, empresariado y FANB); Educación para la nación de primera, como valor estratégico de redención social; ciencia, investigación y creación tecnológica para consolidar las bases para la nación de primera en el área productiva y el desarrollo significativo de un sistema de bienes y servicios, propios del progreso y la prosperidad deseada por todos.

Superar la rigidez del sistema electoral venezolano, impide en la constreñida representación parlamentaria la posibilidad que propuestas como La Nación de Primera se exprese como componente de la pluralidad política que somos los venezolanos. Cercena el derecho de venezolanos que votando, pierden su voto, al no obtener representación.

 

Diálogo – Acuerdo Nacional

El acuerdo nacional es un consenso sobre la nación que necesitamos construir, que por supuesto es un acuerdo entre todos, un compromiso nacional que tiene como objetivo sentar las bases para construir una nación de primera, como corresponde proceder a una nación que se asume de la cultura occidental y necesita por sus propios medios y determinación superar su condición de subdesarrollo y dependencia.

El acuerdo nacional en estos términos no debe significar la derrota ni descalificación para factor alguno de la vida nacional. Es una decisión que necesitamos compartir para bien, progreso y prosperidad de Venezuela y los venezolanos. Se trata de trascender lo que por cien años hemos hecho y que nos mantiene en la situación de estancamiento que vivimos hoy, pero que ya vivíamos cuando se instaló el gobierno actual. Podemos concretar que en los últimos cuarenta años hemos vivido a la deriva sin atinar las soluciones que resuelvan los problemas del Venezuela y no podemos seguir insistiendo en las mismas formulas resolutivas que hasta hoy han imperado. En 1976, con la nacionalización de la industria petrolera (proceso de reversión), significó el fin del proyecto país que se construye desde el núcleo dirigente del Plan de Barranquilla. La finitud de ese proyecto país llega sin declaración de muerte ni acta de defunción, sencillamente comenzamos a estar a la deriva, sin norte; con los  consecuentes efectos colaterales. El viernes negro, el caracazo, la ruptura del consenso político conocido como pacto de punto fijo, una crisis económica recurrente, sólo sobrevividas por epilépticas subidas del precio del petróleo, hasta llegar a la circunstancia que hoy vivimos; pero por sobre todas las cosas ha significado la finitud, sin ser percibida a conciencia, de toda la cultura política tradicional, en la incapacidad de sus valores, parámetros y estereotipos para construir la nación que requerimos, sencillamente no funciona y debemos trascenderla todos sin distingos, colocarnos en un horizonte superior al que la política tradicional ha sostenido como su lógica, estamos obligados a superarla todos, los que directa o indirectamente la hemos mantenido, es una exigencia de conciencia nacional para comprometernos en un proyecto país que nos permita avanzar hacia una nación de primera, que es la exigencia y necesidad del nuevo acuerdo nacional. Podemos hacerlo y las fundamentaciones para lograrlo existen y debemos hacerla posible. El nuevo Acuerdo Nacional es vital para avanzar, no negamos la complejidad de involucrarnos todos en un esfuerzo nacional teniendo el porvenir de Venezuela como objetivo fundamental. Requiere la mayor amplitud posible, pero necesita la participación primaria de los factores políticos polarizados, pero también de los no polarizados, los factores productivos y de la economía, los medios de comunicación y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana como componentes esenciales del el nuevo acuerdo nacional.

Los lineamientos para construir nación de primera, forman parte de un documento específico para tal fin y los expresamos en las propuestas de los factores no polarizados.

[i]  En el transcurso de estas líneas podrá aprender la percepción de lo que denominamos el país inútil, pero en esta nota señalamos un hecho incontrovertible que lo desnuda: cada vez que baja el precio del petróleo los venezolanos percibimos al país tal cual y como verdaderamente es, discapacitado para producir, dependiente al máximo de las importaciones (dejando mal parada la soberanía) y guindado al extremo de una moneda no nacional; en fin: el país inútil. En cien (100) años el país inútil no ha podido diversificar  la economía, hecho que cualquier venezolano con dos dedos de frente evidencia con facilidad

La política tradicional ha sido el soporte del país inútil, y hemos comprobado de mil formas que está incapacitada para superar las limitaciones que padece la República, su lógica carece de la potencialidad para avanzar. Nuestro propósito político no es derrotarla, sino trascender su status mediante el diálogo franco, inteligente e integrador del encuentro que proponemos mediante el Acuerdo Nacional por la Nación de Primera.

 

[ii]Hiperpresidencialismo: La Cultura Política Tradicional venezolana arrastra, desde tiempos de la colonia, el autoritarismo, lo adhirió como hábito y conducta en el ejercicio político. Desde que nos asumimos República con la independencia, se cultivó con el caudillismo en la circunstancia de una República con un Estado muy frágil e inconexo.

Así llegamos al inicio del Siglo XX y se produce en el devenir republicano un punto de inflexión, se encuentran la naciente Industria Petrolera, un Ejército Nacional y un Estado Nacional; el autoritarismo se conjuga mediante un caudillo nacional (J.V.Gómez) al Estado con dinero (que comienza a convertirse en el principal agente económico del país.

La dinámica histórica crea un Proyecto País, una consecuencia que emana técnicamente desde el Plan de Barranquilla y conduce al voto universal, directo y secreto, crea la democracia representativa y elige Presidente; pero subsumido en la esencia de la cultura política tradicional del hombre fuerte, caudillo autoritario, superpuesto al Estado Nacional. El autoritarismo secular sigue dominando, manejando a discrecionalidad el Dinero de un Estado que continúa siendo frágil por la misma superposición del Poder Ejecutivo en la persona del Presidente sobre el Estado y los poderes institucionales que lo constituyen, convirtiendo la autonomía de poderes en mera ilusión mágica de una apariencia democrática. Es el Hiperpresidencialismo sin control. La variedad de matices de los hiperpresidentes que hemos elegido, no disimula el carácter despótico como el hiperpresidente se impone a la vida republicana y democrática, desnudando a un Estado con Dinero, pero sumamente débil, desapareciendo en los hechos, “Políticas de Estado” determinantes para el progreso trascendente de la República.

El devenir republicano democrático tendrá un nuevo punto de inflexión. La nacionalización de la Industria Petrolera será el objetivo último del Proyecto País que se incubó desde el Plan de Barranquilla; pero nunca tuvo previsiones para después de…,las cosas concluidas cuya finitud llegó, por lo general suceden sin declaración de muerte, sólo pasan; el problema es que la política tradicional no lo percibe, sigue actuando como si no hubiera concluido. Aunque suene redundante, es lógico que le pase, porque no está en su lógica, en lo que siempre ha hecho como política lógica; por eso, sigue equivocándose. Dentro de los efectos colaterales que causa la ausencia de un nuevo Proyecto País, está la finitud del Hiperpresidencialismo y de la propia condición misma de la política tradicional. Superarlo no es un decreto, es un proceso dinámico que se inicia, en nuestra circunstancia, con la adopción de política distintas que trasciendan sus valores, parámetros y estereotipos, un punto específico de cambio está referido al destino de los ingresos petroleros, por citar un solo punto determinante para construir una nación de primera. La autonomía de los poderes del Estado es determinante en la dificilísima diversificación económica para un país monoproductor que vive de la extracción de petróleo; y trascender al hiperpresidencialismo, que es la transmutación del caudillo autoritario con dinero público en la persona del hiperpresidente , es un cambio básico fundamental para construir nación.

 

[iii]Destino de ingresos petroleros: Cito a Camilo Arcaya, en el contenido presentado en el Proyecto de Programa que elaboró por solicitud del MAS: “Se trata de comprender que Venezuela, como país petrolero, debe asumir plenamente esa circunstancia, y buscar activamentela transformación de la industria petrolera como el medio más importante para proporcionar al pueblo venezolano las condiciones para que segmentos decisivos de la población accedan a los recursos humanizadores contemporáneos: a la ciencia, a las técnicas de la producción o artes de la transustanciación de lo material, y a las técnicas del conducirse y convivir.

Los gobiernos venezolanos desde 1958 hasta el 2015 se han disputado el manejo político y económico del viejo modelo exportador de materias primascon variantes en la distribución social de los recursos de allí provenientes, sin diferir en el propio modelo o en algunas de sus perversas manifestaciones fundamentales.

Podemos afirmar que la base material de cualquier desarrollo mediato concebible en Venezuela, es a través de un manejo no tradicional de la industria petrolera. El espacio de ese segmento en nuestra economía es abrumador. Cualquier propuesta de cambio a lo existente tiene que trocar la industria de los hidrocarburos en un medio para fortalecer a la nación y a nuestra población.

Desde 1958 hasta 2015 la dirección gobernante ha tenido el tiempo y los ingresos suficientes para proporcionara los venezolanos los medios para fortalecerse material y culturalmente. Lo característico de los gobiernos desde 1958 hasta 2015 en el manejo de la industria petrolera ha sido la defensa de los precios de exportación de los crudos, por medio de la OPEP, pero, con todo y ser necesaria, no basta  para producir un cambio en el desarrollo de las fuerzas productivas y en la capacitación de la población.

En una estructura tan simplificada como la venezolana, el control de una sola empresa (PDVSA) crea un poder de arbitraje fabuloso para quien detente el poder del Estado.

El modelo de exportación de PDVSA puede representarse como una pirámide cuya base son los crudos. La persistencia de esa estructura, antes y después de la reversión en 1976, pone de manifiesto que la concepción que ha prevalecido en el manejo de la industria petrolera por las direcciones políticas, económicas y científicas, no ha variado sensiblemente en los últimos cincuenta y siete años.

La intención de un programa que use a la industria petrolera como medio para transformar a Venezuela debe tener como objetivo: Primero: disminuir la exportación de crudo y aumentar la producción de productos refinados en nuestro territorio. Segundo: maximizar la producción de petroquímicos para ser transformados en productos químicos orgánicos en Venezuela. Tercero: hacer de la industria una actora clave en producción de ciencia y tecnología en nuestro país. Cuarto: promover una flota petrolera venezolana, pública y privada”.

 

[iv]Ley electoral y proporcionalidad: Cito a Camilo Arcaya en el contenido presentado en el Proyecto de Programa  que elaboró por solicitud del MAS: “La técnica electoral como utensilio de convivencia y de toma de decisiones colectivas, fue estudiada por Arrow, quien formuló condiciones que la mayoría consideraríamos imprescindibles para cualquier forma de democracia en la cual la voluntad general se construya por decisiones individuales expresadas por medio del voto. Su investigación condujo a a la formulación de la paradoja de Arrow. Esta tesis introduce en las ciencias sociales una restricción a la creencia del valor absoluto del sistema de votaciones.

Sobre esta condición general establecida por el Premio Nobel en economía de 1972, se une una condición particular en nuestro país desde 1947. Este mecanismo vigente desde ese año consiste en favorecer y sobre dimensionar a los que resulten más votados y reducir la participación de los menos votados.

El elemento jurídico-político que ha garantizado, de manera decisiva, la permanencia de la polarización política hasta ahora existente es la ausencia de proporcionalidad electoral, instrumentada en la Ley Orgánica de Procesos Electorales en 2009, en clara violación del artículo63 de la Constitución, entre otros, estableció un sistema de carácter mayoritario. Peor aún, impidiendo estructuralmente la complejidad necesaria en las orientaciones políticas de los cuerpos colegiados, tal como lo requiere el mundo contemporáneo. Solo la diversidad y complejidad del pensamiento y la dirección colectiva podrán liberarnos de mesianismos políticos inconducentes.

La proporcionalidad electoral en la elección de cuerpos deliberantes es primordial, para posibilitar la presencia política a los cargos de elección popular de segmentos de electores ausentes de la actividad parlamentaria. Mediante la polarización y el sistema mayoritario, delas dos mayores minorías han venido monopolizando la actividad de los cuerpos colegiados de gobierno desde 1958 hasta el día de hoy.