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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Fuerzas de calle el 23 de enero (18-01-2017)

Algunos voceros y opinadores de la oposición vienen criticando que se haya desconvocado la “marcha a Miraflores” que se había anunciado para el 3 de noviembre de 2016. Dicha cancelación fue presentada en su momento como una concesión de la derecha tras la primera reunión de la mesa de diálogo con el Gobierno que se llevara a cabo el 30 de octubre del año pasado. La verdad verdadera es que el inicio del diálogo le vino como anillo al dedo y le cayó de perlas a la MUD para salvarse de aquella aventura que apuntaba a terminar en otro rotundo fracaso.

Recordemos que la oposición realizó una marcha relativamente numerosa en Caracas el 26 de octubre, con réplicas en otras ciudades del país, para protestar por la “suspensión del revocatorio”. En esa actividad se hizo patente la frustración de la base  social de la derecha, que llegó a abuchear a los dirigentes de la MUD y se disolvió molesta porque la manifestación termino sin destino y sin resultados. En esa perspectiva, la oposición, de manera irresponsable, trató de recuperar afectos en sus huestes al cometer la bravuconada de convocar la marcha hacia Miraflores, un arrebato que no hubiese sido posible coronar con éxito, ya que se hubiera repetido el escenario del 11 de abril de 2002, con el chavismo ocupando el oeste de la ciudad y defendiendo el palacio de Gobierno, con la diferencia de que esta vez el Gobierno iba a estar preparado para evitar la loca ocurrencia de la MUD, y además en esta oportunidad no contaban con un grupo de militares traidores que respaldaran sus despropósitos. Iba a ser, pues, otro descalabro y, en lugar de recobrar el favor de su base social, los seudo dirigentes de la derecha hubiesen quedado peor que antes ante sus seguidores. Esa fue la razón de la cancelación de esa marcha, un aprovechamiento oportunista de las circunstancias para evitarse un nuevo y triste papelón.

Lo cierto es que después de la marcha del 26 de octubre, el sector “moderado” de la oposición recuperó la iniciativa interna que había perdido ante los radicales. De hecho, estos últimos se negaron a incorporarse a la mesa de diálogo, de la que estuvo ausente el principal partido fascista, Voluntad Popular, con el apoyo de otros grupos radicales menores, como Vente Venezuela, de María Corina Machado. En ese contexto, la derecha urdió otro engaño a los suyos, haciéndoles creer que de la mesa de diálogo saldría rápidamente un cronograma electoral que les permitiría acabar con la presidencia de Maduro, en medio de la intensa guerra económica y mediática.

El nuevo engaño se hizo patente sin mayor demora y los radicales se prepararon para retomar la batuta de la oposición, cosa que parecen haber logrado, cuando vemos que la MUD decidió no asistir a la mesa de diálogo que fuera convocada para el 13 de enero pasado. Tras todos estos acontecimientos y en el contexto derivado de ellos, aparece la convocatoria derechista a la marcha del 23 de enero próximo, que al principio se fijó el objetivo de una convocatoria a elecciones generales y que ahora añade la consiga de la “defensa del voto”. A esta marcha se llega, pues, con una recomposición de fuerzas en la derecha, con los radicales habiendo recuperado buena parte del protagonismo interno que habían perdido, lo cual hace que esa manifestación aparezca harto peligrosa. No porque vayan a llegar esta vez a Miraflores, sino porque podría ser el escenario para la reedición de alguna nueva versión de las guarimbas. Esto fracasaría igualmente, pero sería bastante inconveniente en un momento en el que la Revolución  tiene completamente de su lado la iniciativa política y toma medidas para la recuperación económica que empiezan a mostrar algunos resultados, todavía tímidos, pero prometedores. El objetivo radical no sería tumbar al Gobierno de inmediato sino introducir cambios notables en el cuadro político, para intentar hacer retroceder al Gobierno y a la revolución, recomponer la correlación de fuerzas en la calle e iniciar un camino que revitalice la conspiración y le preste mejores condiciones a futuro, además de promover inestabilidad que desfavorecería el plan de enfrentamiento a la guerra económica.

Las intenciones de los más radicales de la derecha quedan claras en una etiqueta que circuló ayer por redes electrónicas: “#El23Pafuera”, acompañada de una convocatoria a una supuesta “jornada sin retorno”. Curándose en salud y actuando como el que ha sido picado de culebra más de una vez, el Gobierno y la dirigencia revolucionaria no solo han activado el Comando Especial Antigolpe, sino que además han llamado al pueblo chavista a la calle ese mismo 23 de enero.

El vicepresidente de movilización y eventos del PSUV, Darío Vivas, afirmó que “En todo el país estamos haciendo reuniones a fin de planificar las acciones políticas permanentes de calle para garantizar la paz y la tranquilidad… Para que se respete la democracia, la Constitución, las leyes y la convivencia nacional”.

Un hecho altamente significativo es que ese mismo día serán llevados al Panteón Nacional los restos del gran Fabricio Ojeda, periodista revolucionario que presidió la Junta Patriótica, herramienta de lucha contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez que daría a luz la victoria popular del 23 de enero de 1958, posteriormente traicionada por los factores políticos, económicos y militares que se confabularían para traicionar el verdadero espíritu del 23 de enero, encarnado por Fabricio Ojeda, y para fundar la oscura etapa del puntofijismo. Dos picos históricos del movimiento popular venezolano que se funden en un solo sueño y una misma lucha. Una vez más las calles serán escenario masivo de la gran confrontación histórica que está en pleno desarrollo en Venezuela.

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