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Alfredo Coronil Hartmann: Catalina o Pedro El Grande

 

Soy especialmente medido en opinar sobre política internacional, fundamentalmente porque algo -no mucho- sé de ella, de su naturaleza relancina, compleja cambiante y simultáneamente descarnada, brutal, avasallante. En estos tiempos de la politique spectacle, los legos en la materia se empeñan, con una terquedad pueril, en asociarla con un estereotipo decimonónico o mejor dicho, de un siglo XIX visto a través de la deficiente visión de Chamberlain y de unos burócratas de gabinete, que poco o nada conocen de como se resolvían las cosas, entre los verdaderos diplomáticos del siglo de las luces, ni el príncipe de Metternich ni Carlos Mauricio de Tayllerand Perigord creían en esas bolserías ni, décadas más tarde, Benjamín Disraeli, aquel judío insólito que creó el moderno imperialismo británico.

No, la política internacional no es solo “eso”, es un mar proceloso, difícil, complicado, en el cual el cuerpo doctrinal es muchas veces un recurso de utilería para enmarcar, en una apariencia presentable, las más feroces ambiciones y justificar, cuando es preciso, horrendos crímenes.

La real politique tan manoseada hoy, supuestamente de factura germánica, fue precedida, en varios siglos por la raison d´Etat, nombre que le dieron un devoto monje franciscano, un Cardenal taimado y un Rey de Francia que podríamos calificar de avaro del poder absoluto, desdibujado por Dumas y por Holliwood, pero que dejaron en herencia el siglo de Luis XIV y 200 años de preponderancia francesa.

Este introito histórico no es caprichoso, menos aún prolijo, me lo dictó la perplejidad que yo mismo he sentido, tratando de digerir el indigesto comunicado de la Cancillería rusa, hecho al parecer con el propósito de apuntalar a Maduro. Texto a todas luces desproporcionado y absurdo, que algo más tiene que ocultar, pero que además de ello viene acompañado de un despliegue militar rimbombante, además secundado también -aun les pareció poco- por una fuerza naval china. Todo este disparatorio a 24 horas de la toma de posesión de Donald Trump, como 45 presidente de los Estados Unidos.

Necesito un traductor, los libros se me perdieron, cuando se reconciliaron, al extremo de lanzar una expedición “colonial” contra el pueblo de Venezuela China y Rusia, el novel presidente americano ¿les dió permiso para agarrarle las níveas posaderas a su amigo -según los demócratas- Putin y al gigante amarillo?

Las piezas no cuadran, Trump no puede, a escasas horas de asumir el poder, permitir que le tomen el pelo. No lo volverían a respetar jamás, ni fuera ni dentro de su país, ya resulta inédita la resistencia de amplios sectores de la sociedad americana a un resultado electoral definido, elecciones relativamente polarizadas hemos visto antes, pero nunca, después de realizado el escrutinio y juramentado el Jefe del Estado continuaba un estado revoltoso y amotinado en la sociedad.

No hay sino dos posibilidades, o Trump está en el juego -lo que no parece probable- o el señor Putin y su régimen, de nada ortodoxos procederes, autoritario si no abiertamente dictatorial, plagado de mafias troqueladas en la vieja KGB, de la cual el mismo procede, pero de un imperialismo agresivo sin ser Romanov, asi se sienta Pedro El Grande o Catalina, haya resuelto oficiar en un purismo constitucional absolutamente arbitrario.

No es solo que el régimen ruso disfrazado de hiperdemócrata sea el menos llamado a expedir los diplomas de buena conducta democrática y de apego a una juridicidad intangible y declare ilegitima a una Asamblea Nacional que, aún luchando contra el abierto ventajismo y el fraude continuado del chavismo, dueño de todos los poderes del Estado, pudo reflejar una clara mayoría de los 2/3…
Pero y los chinos, nuestros acreedores principales ¿que pintan?

El cuadro es delirante, tanto, que parece hijo de la huera imaginación de un libretista chavista, pero me asombra que se hayan atrevido a ponerlo en escena. En pelea de burros no se meten los pollinos, de algún lado, aun no sé dé cuál, vendrá una coz mayor, estruendosa y certera. No le arriendo la ganancia al audaz libretista. Pluga a Dios que la controversial oposición venezolana le vea las costuras a este paquete chileno y no dé ningún paso en falso.

 

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