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Vladimir Villegas: Los CLAP o las nalgas de las Kardashian

El rocío mañanero, la puntualidad de los gallos al cantar antes de que salga el sol, la frontera entre el día y la noche, la lluvia que para algunos es motivo de alegría y para otros de amenaza a sus endebles viviendas. El ruido de los primeros autobuses que circulan, el silbido de los pájaros, la reproducción de las hormigas, el peso de la trompa del elefante, el bramar de las vacas en pleno llano, las cotufas que tanto nos gustan.

Las finales del béisbol, la vida de los artistas, los divorcios de los famosos, las novelas vespertinas, los cuentos de hadas, los chistes de velorios, las propiedades del malojillo, el toronjil y la yerbabuena, las mejores maneras de matar los piojos. El vecino fisgón, el resultado del kino, la cura del insomnio, la culebrilla y sus molestias. Los “asquerositos” de la plaza Venezuela, el taladro del odontólogo, la identidad del Niño Jesús, el sexo de los Ángeles , la menopausia, los usos más frecuentes de la pega loca. Qué será bueno para el “violín”, las canas de Barack Obama, los trajes de Osmel Sousa.

El beso de Marc Anthony y Jennifer López, el Salto Ángel, las lolas postizas, el botox, la lucha libre,el  cocodrilo que apareció nadando en Catia la Mar, el nuevo amor de Ricky Martín, las calorías que tiene una dona de chocolate, las excentricidades de Donald Trump,  los perros callejeros, la mejor receta del arroz con pollo, la misa de domingo, los usos múltiples de la sábila, los antojos de una embarazada, el infortunio de los Leones y  del Magallanes, los mejores amigos, cómo acabar con los zancudos, el estrés y su cura, la caída del cabello, la tembladera que hay en Chile, las reposiciones de El Titanic, los chistes del Conde der Guácharo, las hallacas  que quedaron en el congelador .

Las nuevas normas de la Real Academia Española, las conservas que venden en la Caracas-La Guaira, las canciones de Reinaldo Armas, la eterna juventud de Lila Morillo, los rollos por la herencia de Juan Gabriel, el frío hereje que pega en Caracas, las nevadas en el Páramo La Culata, las desventuras de la Vinotinto, la cercanía del carnaval, el traje aquel que ya no nos sirve, el sobrino que nos hace ver viejos, la gente que ronca, el miedo al odontólogo, las propiedades de la lechosa, la vida en Marte , las recetas del majarete, la chicha andina y el bienmesabe, el peinado de Trino Mora, las huevas de lisa, el zurcido invisible, las lámparas de kerosen, el primer amor, el último suspiro, las pataletas del muchacho mingón, el mal aliento del tipo aquel, la evangélica que nos toca el timbre los domingos.

Cómo quitar las manchas de vino, la entrepitura de la señora que limpia, el acné juvenil, las ventajas de practicar yoga, los golfeados de nuestra infancia, la maestra de primer grado, las misas de aguinaldo, las caminatas en el Parque del Este, las empanadas de cazón, el pato Donald, las várices, la casa de nuestros viejos, el jabón azul, las películas de misterio, la televisión blanco y negro, la vida después de la vida, el sexo en la tercera edad,  el pastel de chucho, la ropa que nos queda apretada, el quesillo de la abuela. La  voz de Memo Morales, las nalgas de las Kardashian, los travestis de la Libertador, el oso Yogui y otras comiquitas del siglo pasado, las catalinas con guarapo,  los rayos ultravioletas. Lo pavosas que son las mariposas negras. Los descubrimientos de la física cuántica.

Si comunicadores y ciudadanos centramos nuestras mentes en estas y otras cosa similares, y si nuestras conversaciones se orientan en esta dirección seguramente nos irá mejor y le evitaremos angustias y malos ratos a quienes ven en cada queja, en cada asomo de la realidad social, económica y política  una amenaza, un acto conspirativo, un peligroso desacato y un incentivo para una intervención extranjera. El poder nos necesita ocupados en  divagancias, en eso que el poeta Aquiles Nazoa llamaba las cosas más sencillas. Que esperemos  tranquilitos nuestra bolsita de Clap, que saquemos nuestro carnet de la patria, escuchemos con paciencia y atención nuestra cadenita y que no dejemos de preguntarnos por donde le entra el agua al coco. Distraídos y calladitos nos vemos más bonitos.

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