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Jesús Castillo: Episodios de vida

El escritor vive su mundo entre diversos momentos que lo van llenando. Familia, amigos, academia, actividad política, brindis, reuniones, locuras callejeras, rostros vivaces y amargos. En fin, un conjunto de vivencias que marcan su existencia y que, por más que trata de escapar, queda impregnado en su trajinar diario. En el caso particular, la semana pasada tuve tres episodios que me regocijaron muchísimo. El primero de ellos, fue el pasado jueves 19 de enero cuando asistí al Acto del 46 Aniversario del MAS, el partido de mis tormentos. En Caracas me reencontré con viejos militantes y figuras descollantes de la vida nacional, como Eduardo Fernández, Claudio Fermín y Carlos Raúl Hernández, quienes disertaron sobre la vigencia del pensamiento masista en la Venezuela incierta del siglo XXI.

En el salón principal del Hotel President se congregó la dirigencia del MAS para revitalizar su postura de “Un acuerdo nacional por Venezuela”, en la que se resume la necesidad de plasmar un diálogo que trascienda la polarización MUD-PSUV y reencuentre a otros actores sociales, como los estudiantes, los empresarios, la iglesia, los intelectuales, los profesores y luchadores comunitarios para garantizar un modelo productivo capaz de acabar con el hambre en el país. Se trata de producir riquezas con el talento de todos los que nos quedamos en esta nación dolorosa, generar alimentos, defender el derecho al voto ciudadano y acabar con esta terrible pesadilla que nos ha sometido el régimen de turno. El MAS apuesta a esa Venezuela sin violencia ni rencilla. A un país de todos y para todos.

El segundo episodio fue ese mismo día por la tarde al visitar mi añorada Universidad Central de Venezuela, “La Casa que vence la sombra”. Recorrí palmo a palmo la Ciudad Universitaria, ese recinto diseñado por la magia arquitectónica de Carlos Raúl Villanueva. La vi un poco deteriorada, mientras el incólume reloj, cerca de la Plaza del Rectorado, se mostraba testigo fiel del inexorable tiempo. Mi mente se regresó a los tiempos de estudiante cuando luchábamos por buenos presupuestos. Eran momentos de caminar por la “Tierra de nadie” y beber la suculenta bebida que nos ofrecía el célebre chichero, recostado al mencionado reloj. ¡Qué recuerdos aquellos! De esa universidad no queda mucho. Sus paredes lucen deterioradas y el campus atiborrado de maleza. El Alma Mater es castigada por un presupuesto chucuto que se entrega a cuentas gotas desde Miraflores. Pero, a pesar de las adversidades, llevó en mi mente a esa universidad, cuyo recinto es Patrimonio Histórico de la Humanidad.

El tercer episodio se llevó a cabo el sábado 21 de enero en Marigütar, a propósito de los 200 años de la Batalla de Montecristo, epopeya que le sirvió a Francisco Mejía, prócer e hijo epónimo de esa ciudad, proteger el parque de arma contra el ejército realista y que, a la postre, significó la victoria de Santiago Mariño en Cumaná y el oriente venezolano. Recorrí, junto a Eduardo Fernández “El Tigre”, el exgobernador Eloy Gil Enmanuelli, el Dr. Andrés Salazar, varios cronistas orientales y autoridades municipales, las principales calles de esa pictórica población. Asistí a la Sesión Solemne donde el alcalde Luis Daniel Cabeza reivindicó dicha batalla y decretó la emergencia financiera de su municipio. En la tarde, participé en la biblioteca de la Casa de la Cultura con mi ponencia “La Historia de Vida. Una metódica esencial en el cronista”.  También tuve la oportunidad de presenciar la disertación del Dr. Eduardo Morales Gil de su libro sobre Francisco Mejía, donde destacó sus virtudes heroicas y ciudadanas. Sugirió a los marigüitenses a luchar por llevar los restos mortales de ese prócer al Panteón Nacional. Con la puesta del sol, clausuramos el evento de los cronistas y nos despedimos en un fraternal abrazo. Son las vivencias de un escritor que seguirá usando su pluma para crear conciencia.

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