Inicio > El pizarrón de Fran > Jesús Castillo: Fraude y hambre en Sucre

Jesús Castillo: Fraude y hambre en Sucre

Theodor  Adorno, uno de los principales exponentes de la Escuela de Frankfurt, sostenía que “la sociedad es contradictoria y, sin embargo, determinable; racional e irracional a un tiempo; es sistema y ruptura, naturaleza ciega y mediación por la conciencia”. No deja de tener razón este gran pensador de la Teoría Crítica cuando observamos el comportamiento repentino de la gente ante tantas adversidades que padece.  Lo que pareciera ser indiferente a los ojos de cualquier mortal, progresivamente, se va convirtiendo en una pequeña chispa que enciende  la pradera. Todo se va cocinando a fuego lento hasta que la olla estalla y agarra a más de uno desprevenido. Así es la vida, es un ir y venir de acontecimientos; superstición y realidad.

Por ello no debe sorprendernos lo que acaba de ocurrir en Sucre con el “despido forzado” del gobernador Luis Acuña y el alcalde David Velásquez por parte del PSUV. Una de esas jugadas maestras de la clase política dominante para intentar perpetuarse en el poder. En la práctica no es más que un burdo fraude, de esos que reinan por doquier para engañar a la gente y adormecerla permanentemente. Sin embargo, todo tiene su límite. El PSUV por más que juegue al zorro y a la gallina tiene sus días contados. No porque tengamos una oposición capaz de liderar los cambios, sino porque con el estómago del pueblo no hay artimaña que valga. Ese gentío que se agolpa en la Plaza Bolívar a buscar su “carnet de la patria” lo hace para asirse de un trozo de alimento, aunque serán los primeros que saldrán a cobrarle factura a los hacedores de hambre.

Otro lúcido pensador como José Ortega y Gasset, en su ilustre obra “La Rebelión de las masas”, explica que cuando el pueblo está hastiado de hambre y penuria no le queda más remedio que rebelarse contra quienes le han dado un mendrugo de pan. Se lleva todo, devasta sin parar lo que ve a su alrededor. Y es que el hambre no tiene discurso ni ideología que valgan. Por un pedazo de comida la gente va más allá de lo que su accionar le permite. Se vuelve irracional y no le para a nada. Claro, es un proceso, donde rabia, impotencia y desesperanza se juntan para convertirse en un torbellino de grandes dimensiones. Luego, vienen las lamentaciones de los políticos de oficio.

El fraude y el hambre se dan la mano en Sucre. Acuña se va con el rabo entre las piernas, aunque con algunos dólares, mientras se adapta a algún cargo diplomático en tierras capitalistas. A Velásquez le espera un destino similar. Su gran indolencia por Cumaná será, paradójicamente, recompensada con un cargo plenipotenciario en el Medio o Lejano Oriente. Así se premia la ineficiencia en el régimen madurista. Mientras el diputado Rojas defrauda a sus electores al renunciar a su curul para tomar las riendas de un gobierno que luce desgastado. Ojalá que algunos parlamentarios de la oposición no se les ocurran emular a su colega chavista porque no solo serán recordados como fraudulentos, sino pasarán al camposanto de tantos politiqueros y caza fortunas. Mientras tanto, el hambre hace desastre en los estómagos de los sucrenses. La procesión va por dentro y nadie puede pararla, aunque algunos escépticos sigan pensando que “aquí en Sucre no pasa nada”. ¡Ya veremos!

Te puede interesar

Compartir