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Ramón Rosales: La tasa de cambio y el Poder Electoral en la Venezuela Post Maduro (3de3)

En este último artículo de los tres dedicados al inminente advenimiento, constitucional, del periodo post Maduro, abordaremos las dos restantes proposiciones de las siete que formulamos como propuesta del debate del Proyecto País, debate necesario para superar la crisis actual que por avatares del destino, y por poquísimo mérito propio, le toca cerrar a un personaje que nunca se preparó para ser Presidente y el cual carga sobre sus espaldas nada y nada menos que el colapso del modelo rentístico petrolero que ha moldeado a este país por cien años. En los dos primeros artículos proponíamos que era necesario debatir, entre otras propuestas, las siguientes: 1) declarar el colapso del rentismo petrolero como una manera de unir a los venezolanos que pensamos que más allá de las diferencias ideológicas y de la diatriba política, y politiquera, el desafío central del país esa en sacudirse la manguangua en la cual hemos vivido, ignorantes unos e ilustrados otros, esperando que toda dificultad sea resuelta con el precio del petróleo. 2)  modificar el actual sistema de reparto del situado constitucional, concebido para distribuir renta petrolera en función de la población, léase en función de clientelismo electoral. Al respecto se sugiere incorporar en el reparto de ingresos fiscales nacionales el esfuerzo productivo de las regiones, asignando más a quienes más producen y repartiendo el situado en función de los ingresos fiscales del año anterior como era antes de 1953, acabando con la guachafita de los créditos adicionales, fuente de improvisación y corrupción. 3) realizar una  cruzada por la transparencia y la rendición de cuentas públicas para funcionarios y ex funcionarios públicos, de obligante cumplimiento también para cualquier persona natural o jurídica que acuda a solicitar divisas obtenidas mediante la exportación  de recursos naturales o de productos elaborados en empresas públicas 4) concertar un pacto socio productivo por sectores en donde se encuentren empresas, públicas y privadas, incluyendo cooperativas, conjuntamente con sus trabajadores que definan posibilidades de incremento de la producción de bienes, proponiendo las divisas que necesitarían y las cuales serían otorgadas en calidad de préstamo y no de subsidio como ha sido hasta ahora. 5) dejar de subsidiar mediante esquema del bautizo con manguera y adoptar el subsidio directo basado en la territorialización de la pobreza, apelando a instrumentos científicos como el Censo Nacional. Nos resta abordar la sexta propuesta relativa a la tasa de cambio para el Proyecto País Post Maduro y la séptima propuesta referente al Poder Electoral. En relación a la tasa de cambio hay que decir que es la propuesta más difícil de bosquejar y al hacerlo hay que aceptar, ex ante, que nada que se proponga al respecto conseguirá ni siquiera el mínimo consenso relevante para su aceptación. Hoy en día creo que hay más consenso para aumentar la gasolina, lo que será un tiro al piso para el próximo gobierno, que consensuar la “tasa de equilibrio” de la economía venezolana. Sólo cuando estemos en el llegadero  (¿habremos llegado, o nos falta aún?) es que aceptáremos una tasa de cambio más o menos digerible para empezar a superar el rentismo petrolero. Y es que en la decisión de la tasa de cambio se resume las distintas visiones políticas de los diferentes actores, sociales y económicos, todos los cuales, sin excepción,  necesitan acceder a las divisas para satisfacer sus necesidades, sean estas prioritarias o no para el país, por más discursos populistas que se hagan al respecto. Todos necesitamos acceder directa o indirectamente a unas divisas y en el mundo globalizado de hoy, dominado por corporaciones financieras y un puñado de multinacionales, en donde somos consumidores estandarizados y estimulados por una financiarización que estimula el crédito fácil (monetización continua y fuera de control de cualquier Estado) todos queremos acceder a los bienes y servicios que necesitamos o que queremos creer que necesitamos, desde el maíz para las arepas hasta el último modelo del celular, incluyendo nuestro derecho a viajar de vez en cuando para disfrutar las bondades del mundo allende a nuestras fronteras. Bajo la impronta del rentismo petrolero, plasmada en esa fase célebre de que había para todos y para todo, la tasa de cambio estuvo sobrevaluada desde 1934, al menos formalmente,  y hasta 1983, Luis Herrera, Viernes Negro. Desde 1983 hemos adoptado los más variados regímenes de control de cambio sin que ninguno haya logrado la superación de la crisis del rentismo. Todas las clases sociales se retratan en la tasa de cambio y lo hacen con agentes directos, como los ministros de finanzas en la IV República, o  como en la V República, a través de los  pseudosocialistas  que controlan las posiciones captadoras de renta. Para los pobres, en la IV República había programas de asistencia social y sobre todo promesas de que mediante el crecimiento económico se lograría percolar hacia ellos los beneficios que les correspondía como codueños del petróleo, eso sí mediante la privatización de PDVSA. Para los pobres en el último gobierno rentístico petrolero, mediante el dólar “protegido” por guardianes muy solícitos y eficientes en lucrar privilegios se les da una bolsa CLAP y una Tarjeta. La bolsa CLAP también se pretende dársela a la clase media así como la Tarjeta. Como estas medidas son pancadas de ahogado, el problema de la tasa de cambio permitirá hasta que se alcancé un mínimo consenso político alrededor de ellos. Muchos números y efluvios cerebrales habrán de hacer sesudos y honestos profesionales sobre la tasa de cambio de equilibrio de la economía venezolana pero, para bien y para mal, la tasa de cambio, aquí y acullá, es un problema político y mediante la misma se define quiénes están dentro del corral para acceder a las divisas y quienes quedan excluidos. Estos, los excluidos, lucharán por volver a entrar al corral de los elegidos. El problema actual, es que los excluidos son muchos pero los incluidos tienen las armas. Hasta que no colapse el “sistema de custodia” del dólar protegido, no habrá posibilidad de concertar la tasa de cambio post rentística y ello ocurrirá tarde o temprano, por aquello de la imposibilidad del don de la ubicuidad (Dedicar tiempo para  apropiarse de la riqueza nacional y al mismo tiempo dedicarse a usufructuarla o sacarla del país. En algún momento  el ladronzuelo queda prensado en la cerca como los ladrones de gallina). En la primera entrega de estos tres artículos describí brevemente lo que pudiera ser una introducción al debate sobre la tasa de cambio para el próximo gobierno, pero como lo he sugerido, este debate sólo será posible cuando estemos próximos a las anteriores cinco propuestas, en particular sobre la cruzada ante el rentismo. De igual forma en el primer artículo describíamos las medidas propuestas para hacer una reestructuración del Poder Electoral a los fines de rescatarlo de la involución en que está sumido y bajo el principio de superar las crisis de democracia con más democracia, colocando a este Poder bajo un mayor control ciudadano y recortarle las alas a los partidos y los funcionaros electorales. Pero insisto, todo esto se puede hacer, cuando exista una masa crítica de pensamiento en la sociedad venezolana que respalde la política de acabar con la manguangua petrolera. He dicho.

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